
La depresión se diagnosticará en iglesias y templos
Enseñarán a religiosos a detectarla entre sus fieles
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Entrenar a religiosos de todos los credos para que sean capaces de identificar entre sus fieles a personas que puedan estar padeciendo un trastorno depresivo es uno de los objetivos de un programa de extensión comunitaria que lleva adelante un equipo de psiquiatras del Centro de Educación Médica e Investigaciones Clínicas (Cemic).
“El programa busca darles herramientas a los religiosos que trabajan en sus comunidades para que puedan identificar a aquellas personas que se acercan a ellos y que pueden estar deprimidas y para que además sean capaces de derivar a esas personas a instituciones adecuadas para su tratamiento”, dijo a LA NACION el doctor Pablo Rozic, jefe del Departamento de Psiquiatría del Cemic.
A mediados de septiembre, alrededor de cuarenta religiosos católicos, judíos, musulmanes y evangelistas participarán del primero de estos programas de educación, desarrollados por la Organización Panamericana de la Salud (OPS), y que aquí serán puestos en funcionamiento por el Cemic, en colaboración con el Centro Argentino de Etnología Americana, del Conicet.
"La depresión es una enfermedad epidémica: se calcula que en 2010 habrá 40 millones de personas en América latina y el Caribe con depresión -comentó el doctor Rozic-. Pero a pesar del gran malestar que ocasiona la depresión, quien la padece no suele reconocer su problema."
Y si lo hace y decide consultar al médico, continuó Rozic, muchas veces no sólo no recibe un tratamiento, sino que incluso a veces ni siquiera llega a ser diagnosticada. "Sólo el 50% de las personas con depresión que consultan recibe un diagnóstico, y a su vez sólo el 50% de éstas recibe un tratamiento adecuado."
"La gente muchas veces consulta antes al religioso que al médico -continúa Rozic-. Una característica peculiar es que ese acercamiento no es estigmatizante, a diferencia de lo que significa para muchas personas ir al psiquiatra; por el contrario, tiene un alto valor social."
Insertos en distintas comunidades, los religiosos ocupan un lugar privilegiado para la detección de trastornos tan estigmatizados como la depresión. La necesidad de contar con aliados fuera del ámbito médico es lo que llevó a la OPS a desarrollar este programa de extensión comunitaria.
Cómo es el entrenamiento
Esquemáticamente, el programa consta de tres fases. "Primero, los religiosos participan de una evaluación anónima en la que se indaga cuáles son los conceptos de salud, de enfermedad y de depresión que manejan", contó el doctor Rozic, que años atrás participó en Panamá de una prueba piloto del programa realizada por la OPS.
"La segunda parte tiene el formato de una clase, pero no en el sentido habitual, en la que se produce la transmisión en forma interactiva de la información sobre depresión." En esa instancia, los participantes discuten casos clínicos aportados por los organizadores o incluso por los mismos religiosos.
Luego, continúa Rozic, "se discute qué es lo que cada uno de los participantes haría ante esos casos. Hay que tomar en cuenta que cada religión tiene una lectura propia de conceptos como la enfermedad, la salud, la depresión y el sufrimiento humano".
"Nosotros no buscamos negarla, sino simplemente permitir la identificación precoz de una persona con trastorno de depresión, de manera tal que pueda ser ayudada lo más pronto posible. Una persona con depresión no tratada está en una situación de riesgo de enfermedad (la depresión es altamente discapacitante y predispone al infarto), e incluso de suicidio."
Como cierre del programa de entrenamiento en depresión, los participantes reciben "a modo de sugerencia" un protocolo que indica qué hacer cuando se identifica a personas con trastornos depresivos: ¿a dónde referirlo para su atención?, ¿cuáles son los indicadores de riesgo de suicidio?
"Se le da al religioso un nuevo instrumento para poder ver algo que quizás estaba delante de sus ojos, pero que no veía", concluyó Rozic.






