
La estepa rusa en el país de los arbolitos
Con la angustia al tope, la mayoría de los argentinos siente que su termostato interior debería concertar una cita inmediata con la unidad de terapia intensiva más cercana a su domicilio. Por estos días, abrigamos una sensaci”n que crece al ritmo de las noticias: ni el peor de los calentamientos globales sería capaz de atenuar este invierno visceral de estepa rusa.
Tirás una semilla y crece un arbolito, dicen del suelo argentino. ¿Un ombú o una de esas especies que echan raíces en el microcentro al ritmo del Compro, vendo, pago más? Habría que aclararlo. Porque en estos días, el terreno presenta óptimas condiciones de fertilidad para los vendedores de versiones del Carpe diem que espantarían a Horacio.
¿Se acuerda? “Recoge la flor del día”, dijo el poeta en su oda, exhortando a vivir el presente. Sin embargo, las versiones arbolito modelo 2002 son diferentes: persiguen la idea del hagamos cualquier cosa y como sea, hagámosla ya, que al fin de cuentas el país se hunde...
Peligrosa y cobarde, esa galería de arbolitos contemporáneos no sólo incluye a los que cambian moneda nacional por extranjera. Están allí las personas que ofrecen terminar con la depresión en tres días a cambio de algún billete, las que guardan la solidaridad bajo el colchón, las que viven del Nunca te prometí nada o son incapaces de mirar a los ojos para hablar de sentimientos.
¿Y las que todavía apuntan a vivir el día conservando el afecto, la solidaridad y el compromiso? Ahí andan, luchando. Planteando batalla a nuestro general invierno, con intenciones de correr mejor suerte que Napoleón frente a las tropas de Alejandro, el zar, en 1812.
Aquí o en Rusia, el cuerpo humano sabe de Carpe diem. Necesita aprovechar el tiempo: cada día hay que respirar 30.000 veces, o dejar latir al corazón unas 100 mil. Sin embargo, como no todo es biología o instinto, cuando la angustia golpea las vísceras deja síntomas en el termostato interior.
Es duro este invierno. ¿Pero vamos a quedarnos inmóviles frente a las versiones truchas del Carpe diem que proponen los arbolitos al ritmo del cambio? Aún en medio de este frío intenso, vale la pena entonar la canción: Bendita sea la boca que da besos, y no traga monedas.







