
Las gaseosas desplazan a los lácteos
Más de un vaso y medio diario aumenta la tendencia a la obesidad y daña la salud bucal y arterial
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A medida que la leche retrocede en la alimentación de los chicos y los adolescentes, las gaseosas ganan cada vez más terreno, son disparadoras de obesidad y, además, interfieren con la absorción de micronutrientes.
Casi imbatibles para padres y médicos, en los Estados Unidos representan el 11% de las calorías diarias -aunque sin aporte nutricional- que los chicos ingieren. Esto equivale a comer quince cucharadas de azúcar por día, con claras consecuencias para los dientes y, más tarde en la vida, para las arterias y el corazón. En la Argentina, según el doctor Alejandro O´Donnell, director del Centro de Estudios sobre Nutrición Infantil (Cesni), esa cifra trepa al 20%.
Mientras un vaso de leche aporta 114 calorías y un vasto arsenal nutricional (vitaminas A, B1, B2, D, calcio, fósforo, hierro, magnesio y zinc), un vaso de gaseosa proporciona 90 calorías "vacías". Esto preocupa aún más si se tiene en cuenta que la venta de gaseosas aumentó un 160% en los últimos diez años, y que los chicos y adolescentes llegan a consumir hasta un litro y medio de gaseosa diario, más de cinco veces el nivel aceptable de un vaso y medio (unos 300 cm3).
Según un relevamiento de la Sociedad Estadounidense de Nutrición, el aporte calórico en los chicos con sobrepeso u obesidad es mayor que en aquéllos con un peso normal.
"Aportan la misma cantidad de calorías independientemente de si se tiene sobrepeso o no -señala la licenciada en nutrición María Andrea Rochaix, del Grupo Educador en Salud y Alimentación (GESA)-. El problema es que esas calorías sobran cuando ingresan en un organismo con sobrepeso, que ya tiene una alta proporción de grasa almacenada como reserva. De ahí que el aporte en chicos y adolescentes con sobrepeso u obesidad sea mayor que en aquéllos cuyo organismo puede metabolizarlas más fácil."
Un estudio publicado en la revista The Lancet en 2001 señala que cada lata o vaso de gaseosa consumido aumenta hasta un 60% la posibilidad de que un chico sea obeso. Según el doctor O´Donnell, por cada litro de gaseosa diario, un chico aumenta 65 gramos; "esto quiere decir que puede engordar dos kilos por mes sólo por las gaseosas".
Y las versiones diet o light , que a la mayoría de los chicos no le gusta por su sabor "metálico", no son una alternativa válida durante el crecimiento. Aunque la cantidad de edulcorante que contienen no llega a ser perjudicial aun cuando su ingesta es excesiva, las gaseosas dietéticas no son una fuente de energía para el organismo.
Huesos, dientes y arterias
En el caso de las bebidas marrones o colas, sean dietéticas o no, contienen ácido fosfórico que interfiere la absorción del calcio óseo. Por ello, la licenciada Rochaix sugiere eliminarla -o, al menos, limitarla- de la alimentación de chicos y adolescentes.
"Los fosfatos presentes en las bebidas colas no permiten la adecuada absorción del calcio, por lo que no se mineralizan los huesos", explica la doctora Norma Piazza, secretaria del comité de nutrición de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP).
En 1996, la doctora Piazza realizó estudios parciales en hospitales públicos para conocer el consumo infantil de bebidas azucaradas (gaseosas y jugos comprados): un 48% de los chicos menores de dos años consumía más de un vaso y medio diario. "El problema de estas bebidas es que perturban la alimentación de los chicos y los adolescentes porque desplazan los alimentos -sostiene-. Hubo casos en los que tuvimos que internar chiquitos por desnutrición, ya que las bebidas azucaradas habían reemplazado la comida."
Junto con el sobrepeso y la obesidad, el alto consumo de gaseosas, que suele darse desde antes del año de vida, afecta la salud bucal y arterial.
"Cuando las bebidas azucaradas se usan desde etapas precoces, en la mamadera, se forman las caries rampantes , que rompen los dientes a la altura de la encía y que impide que los chicos puedan cortar los alimentos", agrega la especialista de la SAP.
Para los especialistas consultados, lo natural es que ante la sed se tome agua, necesaria para los procesos metabólicos. "En la Argentina, agua es un término desprestigiado -reflexiona la doctora Piazza, que también recomienda los jugos exprimidos por su aporte de vitaminas y fibras, útiles para la digestión-. Cuando los chicos se juntan en una casa, los padres no ofrecen agua porque creen que es poca cosa y, en su lugar, ofrecen gaseosa. Hay que resignificar el valor del agua."
Incluso, según el doctor O´Donnell, muchos chicos de clase media nunca probaron el agua. Y cuando desde chiquitos se los induce a tomar sólo bebidas azucaradas, luego será difícil que acepten tanto el agua como la leche.
Ambiente obesogénico
En nuestro país, que no escapa a los males de este tiempo, existe un ambiente obesogénico para los chicos.
"Las familias comen mal y en los comedores de las escuelas también se come mal -agrega la licenciada Rochaix, que con el GESA da charlas gratuitas a la comunidad en la Fundación Cardiológica Argentina-. No es sólo la comida erróneamente llamada chatarra, porque una hamburguesa puede ser mucho más saludable que otros alimentos, sino el equilibrio de la ingesta y la posibilidad económica de los chicos: pueden comer por dos pesos un trozo de carne con pan que en casa habrá que contrarrestar con una buena ensalada y fibras o un plato de pastas."
El sobrepeso/obesidad en la niñez y la adolescencia imprimen una tendencia a la hipertensión, la diabetes, el colesterol y el ácido úrico. "Todas son enfermedades metabólicas que terminan en la ateroesclerosis -agrega el doctor Rodolfo La Greca, director del Programa Educando 2004 (ver recuadro), de la Fundación Cardiológica-. Todas atacan las arterias y dañan los órganos."
Ya sea por factores internos (genéticos o hereditarios) o externos (alimentación inadecuada, o muchas horas frente a la computadora y el televisor), cada vez se ve más sobrepeso, obesidad e hipertensión a más corta edad. Esto se debe, según la licenciada Rochaix y el doctor La Greca, a que "comemos cada vez más y peor".
La enfermedad cardiovascular comienza a gestarse a los dos años de edad. "La Asociación Estadounidense del Corazón recomienda que a los chicos con padres hipertensos hay que tomarles la presión desde los tres años", concluye el especialista.
Educando
- La Fundación Cardiológica Argentina ( www.funcargen.org.ar ) capacita a docentes primarios en forma gratuita y por medio de sus delegaciones en el país, sobre cómo enseñarles a los alumnos a prevenir los males del corazón. Las tres ideas fundamentales del programa "Educando el corazón de los chicos de mi país", en el que participa el GESA, son: no fumar, seguir una dieta saludable y realizar actividad física. "Si las enfermedades cardiovasculares comienzan cuando se es chico, hay que hablarles a ellos", opina el doctor La Greca. Informes: (011) 4961-6520.






