
Un museo exhibe restos de Galileo
Son dos dedos y un diente que estaban perdidos
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ROMA.- Después de más de un siglo de misterio, el enigma de los restos desaparecidos de Galileo Galilei (1564-1642) -dos dedos y un diente-, una historia tan macabra como fascinante, quedó resuelto.
En el 400 aniversario del Sidereus n uncius, la obra publicada en 1610, en la que el astrónomo difundió las revolucionarias novedades que le había mostrado el telescopio, se reabrió ayer en Florencia un modernísimo museo que por primera vez los exhibe.
Su hallazgo, hace unos pocos meses, por parte de coleccionistas florentinos, puso fin a una historia truculenta, según reveló el profesor Paolo Galluzzi, director del nuevo Museo Galileo, que explicó que todo comenzó la noche del 12 de marzo de 1737. Fue en entonces cuando finalmente fue posible exhumar y trasladar el cadáver de Galileo del depósito clandestino en el que había sido colocado por "hereje" al sepulcro monumental de la iglesia de Santa Croce, en Florencia. Allí es donde se encuentra actualmente, frente al de Miguel Angel y Maquiavelo.
Entonces, ya habían pasado 95 años de la muerte de Galileo, ocurrida el 8 de enero de 1642. ¿Por qué? Las autoridades eclesiásticas se habían opuesto al entierro en un sitio consagrado de un hombre condenado por el Santo Oficio "por una opinión tan falsa y tan errónea", la teoría copernicana de que la Tierra se mueve alrededor del Sol.
La traslación de los restos del gran matemático a una sepultura honorable representaba la firme voluntad del último de los Medici, el gran duque Gian Gastone, de reivindicar la autonomía del Estado frente a las injerencias eclesiásticas. Y de celebrar al gran científico como mártir de la libertad de pensamiento.
En la solemne ceremonia participaron hombres de la cultura y representantes de las más ilustres familias florentinas. Saltaba a la vista la ausencia de representantes oficiales de la Iglesia. Un escribano lo registró todo y justamente gracias a sus meticulosas anotaciones se supo que, cuando se abrió el ataúd, hubo comportamientos extraños.
Era tal la admiración por el astrónomo que cuando Giovanni Tozzetti, célebre naturalista, sacó de su bolsillo un cuchillo para cortar algunos miembros del cadáver de Galileo para conservarlos a modo de "reliquia", muchos lo secundaron.
A los ya castigados restos de Galileo le fueron entonces amputados tres dedos de la mano derecha -pulgar, índice y medio-, una vértebra -la quinta- y un diente. Tozzetti confesó que se había resistido a la tentación de decapitarlo para quedarse con el cerebro de un genio de la ciencia.
En 1905, dos dedos y un diente de Galileo desaparecieron sin dejar rastros. Pero el año pasado, dos coleccionistas florentinos, Alberto Bruschi y su hija, Cándida, los reencontraron tras adquirir un relicario de 74 centímetros. El diente fue identificado por Cesare Paoleschi. "Nos dice mucho sobre la salud de Galileo -explicó-: su erosión se debe probablemente al reflujo gástrico y las superficies gastadas denuncian una tendencia al bruxismo. Durante el sueño, Galileo rechinaba los dientes."






