
Un sentido vital para la supervivencia
Hasta hace 13 años, era un misterio
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El olfato intriga a los investigadores desde hace siglos. Al parecer, ya Lucrecio, en "Acerca de la naturaleza de las cosas", propuso en 60 a.C. la metáfora de la llave y la cerradura para explicar cómo funcionaba el sistema olfativo.
Un rasgo fascinante es su cualidad de estímulo emocional. Algunos olores son afrodisíacos, otros dolorosos, otros francamente repulsivos, y su reconocimiento es una condición vital para la supervivencia. Es por el olfato que un bebe recién nacido se orienta hacia su madre. Las personas que sufren de "anosmia" se encuentran en riesgo porque no pueden distinguir las sustancias inofensivas de las peligrosas.
Como escribe Diane Ackerman en A Natural History of the senses (Vintage Books, 1993), "(...) el aroma no necesita intérpretes. Su efecto es inmediato y no lo diluye el lenguaje o el pensamiento, ni necesita traducción. Un olor puede ser increíblemente nostálgico porque desencadena imágenes y emociones poderosas antes de que tengamos tiempo de editarlas".
No toda sustancia tiene olor: debe ser suficientemente volátil como para liberar partículas microscópicas en el aire. Según Ackerman, se necesitan sólo ocho moléculas de una sustancia para desatar el impulso de una terminación nerviosa, pero cuarenta terminaciones nerviosas deben ser excitadas para que podamos oler algo.
Desde 1991, Richard Axel y Linda Buck desarrollaron hipótesis elegantes y trabajaron en paralelo para entender el sistema olfativo, desde la organización molecular hasta la celular. Según la academia sueca, los principios generales que aplicaron al olfato podrían utilizarse también para otros sentidos. Por ejemplo, las feromonas, que juegan un papel importante en el comportamiento social y sexual de los animales, son moléculas detectadas por receptores localizados también en el epitelio nasal.






