
Una de cada cuatro adolescentes come mal
Las dietas hipocalóricas no son aconsejables durante esta etapa de la vida; pueden provocar trastornos del ciclo menstrual
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Vivir a dieta es un mandato de la vida moderna que se aprende desde la más tierna edad. Según una encuesta de la Asociación de Lucha Contra la Bulimia y la Anorexia (Aluba), realizada entre estudiantes secundarios de todo el país, el 26% de las 90.000 adolescentes encuestadas presentó algún tipo de desorden alimentario, como comer a deshora, vincularse de modo anormal con la comida o, justamente, hacer dieta.
Qué tiene de malo que las niñas aprendan a cuidar su figura desde temprano, se podría argumentar; después de todo, la obesidad infantil es un problema cada vez más frecuente y contra el que hay que estar en guardia. La respuesta no es obvia: sucede que durante la pubertad es normal y necesario que el cuerpo femenino experimente un aumento del tejido graso. Cuando una dieta impide este incremento sobrevienen los problemas.
"Una dieta hipocalórica que empieza antes de la primera menstruación puede retrasar el comienzo de la pubertad, mientras que si empieza después de la menarca puede interrumpir el ciclo menstrual", afirma el doctor José María Méndez Ribas, jefe del Servicio de Adolescencia del Hospital de Clínicas y presidente del XIII Congreso Mundial de Ginecología Infanto-Juvenil (ver recuadro).
"Algo similar sucede cuando una chica que lleva una dieta más o menos adecuada para su edad realiza un exceso de actividad física -agrega este especialista-. Como gasta más de lo que consume, también se produce un déficit de grasa corporal que hace que la menstruación se interrumpa."
Momento de cambios
Los cambios hormonales que experimenta toda niña que entra en la pubertad modelan su cuerpo sin prestar atención a los cánones de belleza que exigen una figura extremadamente delgada, cuando no demacrada. "Uno de estos cambios es un aumento de la grasa corporal, que es muy importante para la metabolización de las hormonas femeninas -explica el doctor Méndez Ribas-. Este aumento ocurre antes de la primera menstruación, y es entonces cuando el cuerpo infantil de las mujeres se empieza a diferenciar del de los hombres."
Según la doctora Inés de la Parra, presidenta de la Sociedad Argentina de Endocrinología Ginecológica Reproductiva (Saegre) y jefa del Servicio de Adolescencia del Hospital Italiano, la incorporación de tejido graso oscila entre un 26 y un 28%. Sin embargo, en muchas ocasiones algo tan natural no es visto con buenos ojos.
"La cultura actual, que exige mujeres extremadamente delgadas, sumada a la incidencia de madres muy esteticistas, hace que el aumento fisiológico de grasa corporal de la pubertad muchas veces sea interpretado como un principio de obesidad -sostiene Méndez Ribas-, provocando dietas, incluso desde antes de la primera menstruación, que son completamente inadecuadas."
La Organización Mundial de la Salud (OMS)aconseja que los adolescentes incorporen a través de los alimentos entre 2200 y 2400 calorías diarias. "En las chicas que hacen dietas restrictivas la ingesta está muy por debajo de esos niveles; ésta en muchos casos oscila entre las 800 y las 1000 calorías diarias, lo que ocasiona un pérdida de tejido graso."
El hábito de hacer una dieta restrictiva no tiene el mismo impacto en una mujer adulta que en una adolescente: "Mientras que una mujer adulta soporta el hábito de restringir su alimentación porque su metabolismo ya está estabilizado, esta actitud no se ajusta al metabolismo de las chicas que están en pleno crecimiento".
Cuando el cerebro recibe la señal de que el organismo está mal nutrido, las calorías muy restringidas y los niveles de tejido graso por debajo de lo aceptable (menos del 22% de grasa corporal), le indica a la hipófisis que inhiba la ovulación, dejando el sistema reproductor en reposo.
"Este es un mecanismo protector que se dispara porque el cerebro considera que el cuerpo no está preparado para recibir un embarazo, y la ovulación se produce con este objetivo -explica Méndez Ribas-. Este mecanismo adaptativo es también un llamado de atención sobre las dietas."
Escuchar al cuerpo
"Para cumplir con una ingesta de entre 2200 y 2400 calorías diarias, los adolescentes deben tener una alimentación con calidad y armonía en la proporción de proteínas, hidratos de carbono y grasas", afirma la doctora De la Parra. Evitar los ayunos y respetar las cuatro comidas diarias son otros dos buenos consejos que no suelen seguir los adolescentes.
Para el doctor Méndez Ribas, "el principio básico es escuchar lo que nos pide nuestro cuerpo: cuando hay hambre hay que comer y cuando uno se sacia hay que parar. La alimentación (siempre que no se trate de patologías) debe quedar librada al equilibrio biológico, pues si la persona está pendiente y controla obsesivamente su alimentación, el sistema de hambre y saciedad de nuestro cerebro se descontrola".
Ejercicio excesivo
En el inicio de la pubertad, el ejercicio físico, uno de los más reconocidos pilares de la vida sana, es una actividad que si se realiza en forma excesiva o inadecuada puede transformarse en un arma de doble filo.
"La actividad física iniciada antes de la adolescencia, combinada con una mala alimentación, también puede ser un factor que provoque el retraso de la menarca", afirma la doctora Inés de la Parra.
"Algunas chicas presentan un perfil hiperquinético: hacen 4 o 5 horas por día de entrenamiento físico, ya sea porque son deportistas profesionales o porque estudian danzas -continúa el doctor Méndez Ribas-. Y si bien estas chicas aparentemente no bajan de peso, están transformando el tejido graso en músculo". Y eso, a partir de cierto punto, tiene consecuencias similares a las de una dieta restringida en calorías.
"Mientras que las hormonas masculinas se metabolizan en los músculos, las femeninas lo hacen en el tejido graso, y al no haber suficiente grasa corporal la chica deja de menstruar -continúa-. En estos casos, uno les explica cuál es costo de la excesiva actividad que realizan; algunas prefieren seguir con su deporte y no menstruar; otras modifican su ritmo de gimnasia y, lentamente, todo vuelve a la normalidad."
Salud infantil
- Entre el 29 del actual y el 2 de mayo, 1500 profesionales se darán cita en el hotel Sheraton de Buenos Aires para participar del XIII Congreso Mundial de Ginecología Infanto-Juvenil. El evento, presidido por los doctores José María Méndez Ribas y Eugenia Trumper, abordará temas tales como maternidad adolescente, avances en infectología, abordaje clínico del abuso sexual y dificultades en concepción, entre otros.






