
Alejandro Werner: “La economía argentina va bien, el proceso de recuperación es complicado y los avances van a llevar al crecimiento”
Plan Caputo-Milei: ¿por qué el balance da positivo? ¿Cuál es la sintonía fina que falta? Ajuste, ¿genuino o pisando cajas? El exfuncionario del FMI hizo su análisis

“Un proceso de desinflación más lento ayuda porque necesita tasas de interés reales más bajas y da margen para tener un tipo de cambio más competitivo”, afirma. “Vale la pena demorarse tres años más en llevar la inflación a un dígito que llevarla a un dígito en un año y que sea insostenible”, aporta. “Los problemas que están surgiendo no son diferentes a los que tuvieron otros ejercicios de estabilización en países emergentes”, dice. “Que la inflación esperada para 2026 esté en alrededor del 30 o del 28 por ciento es un dato bueno”, asegura. “El ancla fiscal está asegurada mientras Milei sea Presidente. Eso da mucha tranquilidad”, cree. “Hay menos convencimiento en cuál es el régimen cambiario y monetario que necesita la Argentina”, analiza. “Es un gobierno que exagera los logros, que son muy grandes, pero los resultados no se dan de manera tan inmediata en las economías. Los procesos de desarrollo son más lentos”, advierte. “¿Dónde se tiene que hacer el fine-tuning en el proceso de estabilización en la Argentina? En la política monetaria, en la acumulación de reservas internacionales, en mayor flexibilidad del tipo de cambio”, plantea. “Estoy de acuerdo con el Gobierno en que la mejor política de desarrollo para la Argentina es lograr la estabilidad y la normalidad macroeconómica”, coincide. “No quiere decir que sea la única política pública. Está el problema de la transición”, aclara. “No hay que proteger a los sectores que están desapareciendo porque se genera este mal equilibrio donde los mantienes con respiración artificial por demasiado tiempo”, explica. “Pero sí habría que tratar de acelerar la aparición y nacimiento de nuevas empresas, de nuevos sectores en las áreas donde la economía argentina va a ser muy dinámica”, agrega.
“Estoy de acuerdo con el Gobierno en que la mejor política de desarrollo para la Argentina es lograr la estabilidad y la normalidad macroeconómica”
“No se han agotado los instrumentos que apoyan la reestructuración de la economía argentina, instrumentos de una política industrial light, sin escoger sectores, pero dando apoyo a la economía argentina donde tiene deficiencias históricas como la falta de crédito”, subraya. “Hoy la estructura del gasto público no representa un equilibrio político”, advierte. “Una segunda etapa de la política fiscal tiene que venir con un diseño más claro de las pensiones, del gasto público en educación e infraestructura para que empiece a tener tracción política”, sugiere. “En un segundo gobierno del presidente Milei, debería institucionalizarse el ajuste para tener una política previsional o una política de salud que hagan sentido y tengan consenso social”, subraya y sigue: “Si no, cuando la Argentina vuelva a la normalidad y la estabilidad no sea el tema número uno, poco a poco se van a ir reconstruyendo las presiones de gasto que dieron origen al problema”, señala. “Hay que reconocer que el quitar protecciones, el ir a una economía más abierta en equilibrio implica salarios más bajos, una red de aseguramiento social menos generosas, con pensiones en términos reales más bajas”, anticipa. “Si en los próximos seis meses, el Banco Central hace ciertas modificaciones en la parte cambiaria monetaria; la Argentina sale al mercado y coloca 2.500 millones de dólares en los próximos ocho meses en los mercados internacionales; si acumulan una parte de esto en reservas; el Fondo Monetario hace las dos revisiones para el año 2026… yo, si estuviera en el Fondo y la Argentina hace eso, realmente empujaría para que el programa se amplifique para el año 2027 en algunos billones de dólares para darle más solidez ante un entorno internacional difícil”, detalla y continúa: “Y lo haría antes del año electoral, para dejar todo limpio y que en el año electoral no haya decisiones fuertes que tomar. La Argentina tiene un muy buen futuro, pero no tengo ni idea si ese futuro se va a manifestar en el segundo trimestre del año 2027”. “La Argentina tuvo la oportunidad de hacer una colocación de deuda a los mercados internacionales y el no hacerla por 50 puntos base es un poco miope. La dinámica de la deuda argentina habría mejorado mucho con esa colocación”, cuestiona. “La crítica que viene de un campo desarrollista, que quiere una política que sostenga artificialmente el consumo para sostener la economía y para sostener el nivel de vida, es lo que llevó a la Argentina a no crecer, a estos episodios cercanos a la hiperinflación, a las crisis de balanza de pagos y a la necesidad de cerrar la cuenta de capitales”, reflexiona, y agrega: “Con una perspectiva de mediano plazo, fue muy malo para la economía argentina. Sería mucho mejor una economía en la que los salarios crecen por productividad, por la inversión, por el desarrollo de nuevas industrias y no de manera artificial, alcanzando o superando a la inflación, pero generando inflaciones cada vez más altas que luego generan estas crisis de balanza de pagos. Ahí coincido plenamente con la visión del Gobierno”. “La posición del Banco Central y la posición del ministro de Economía es muy diferente hoy que con Macri. También el convencimiento del presidente Milei respecto del ancla fiscal. Todo eso ha hecho que el período en el Ministerio de Economía del ministro Caputo haya sido bueno”, sintetiza. “Yo me sentiría mejor con una conducción económica que sea más prudente”, cuestiona. “La prudencia tiene que venir del banquero central y del ministro de Economía y que los políticos sobre vendan lo que hacen”, explica. “Dado mi historia profesional con Argentina, y al haber compartido las frustraciones del Gobierno del presidente Macri, creo que entrando un año electoral hay que ser más prudentes”, insiste. “La mejor reforma estructural para la Argentina es que no regrese un gobierno con las ideas económicas y de desarrollo como las que tenía el gobierno de Fernández y Fernández, o como las que expresa a veces el gobernador de la Provincia de Buenos Aires”, critica. “Lo importante sería decir que la economía argentina va bien, que el proceso de recuperación es complicado, que viene de una historia muy difícil y que los avances que se van a hacer, van a establecer muy buenos fundamentos para que se dé este proceso de crecimiento”, aconseja. “Al inversionista eso le da un poco más de tranquilidad: ver que el ministro de Economía no está forzado a validar sus anuncios con acciones que lo hacen jugar demasiado en la línea”, concluye.
Desde Washington, el destacado economista argentino mexicano Alejandro Werner estuvo en La Repregunta. Werner fue director del Departamento del Hemisferio Occidental en el FMI desde 2013 y durante nueve años. En 2018, tuvo a cargo la supervisión del acuerdo del FMI con el gobierno de Mauricio Macri. En la actualidad, es director del Instituto de las Américas de la Universidad de Georgetown.
Werner es doctor en Economía por el MIT. Es autor, junto al periodista y analista económico Martín Kanenguiser, de La Argentina en el Fondo.
Plan Caputo-Milei: ¿por qué el balance da positivo? ¿Por qué conviene bajar la inflación gradualmente? ¿Cuál es la sintonía fina que falta? Ajuste, ¿genuino o pisando cajas? Política de desarrollo: ¿hay algo más allá de la estabilidad macroeconómica? Crédito público, ¿por qué tiene sentido para la industria en la Argentina? Ministro Luis Caputo, ¿un problema de “prudencia” en la comunicación? Werner hizo su análisis.
Aquí, la entrevista completa.
Plan Milei-Caputo. ¿Conducta fiscal asegurada pero shock anti inflación en problemas?
-Tengo dudas existenciales sobre el plan económico Milei-Caputo, pero primero quiero hacerle la consulta oftalmológica obligada: ¿qué ve en el Plan Milei-Caputo al día de hoy y qué ve hacia el futuro? ¿Cuál es su primer análisis?
-El análisis es bueno. No hay que perder de vista de dónde viene la Argentina y los intentos fallidos de normalizar la situación macroeconómica y, por otro lado, lo que se ha logrado hasta ahora, los ajustes hechos. Los problemas que están surgiendo no son diferentes a los que tuvieron otros ejercicios de estabilización en países emergentes. El hecho de que la inflación para 2026 se espere en alrededor del 30 o del 28 por ciento es un dato bueno. La Argentina venía de una inflación de tres dígitos que se acercaba a niveles de hiperinflación en los últimos meses del gobierno anterior, primer mes del gobierno de Milei. Hoy la Argentina está bien. Segundo, la raíz de los problemas de la Argentina está en el ámbito fiscal. En ese aspecto, hay un convencimiento pleno del gobierno de Milei: ese ancla fiscal está asegurada mientras Milei sea Presidente. Eso da mucha tranquilidad. En la parte monetaria, después de usar inteligentemente el tipo de cambio como ancla cambiaria, después de devaluar el tipo de cambio oficial para acercarlo al paralelo, y tener este crawl de 2 por ciento que luego se fue a 1 por ciento… Muchos de estos programas de estabilización basados en un ancla cambiaria fracasaron. El gobierno de Milei, tal vez tarde, pero empezó a moverse a un régimen de mayor flexibilidad cambiaria. Y luego también vino el episodio de presión en los mercados asociado a las dos elecciones, la de la Provincia de Buenos Aires, y luego la elección del Congreso: generó volatilidad, depreciación del tipo de cambio, etcétera. ¿Dónde se tiene que hacer el fine-tuning en el proceso de estabilización en la Argentina? Es en la política monetaria, en la acumulación de reservas internacionales, en mayor flexibilidad del tipo de cambio. El gobierno de Milei tenía muy claras dos cosas cuando cuando inició el mandato: la corrección fiscal y un ancla cambiaria súper fuerte, que era la dolarización. Milei se dio cuenta de que no podía hacer eso. Entonces fue hacia un ancla cambiaria más débil, el crawl, y luego reconoció que se tenía que salir de ese esquema. Hay menos convencimiento en cuál es el régimen cambiario y monetario que necesita la Argentina. Ahí es donde está el nudo de la negociación con el Fondo Monetario para avanzar en la revisión. El gobierno argentino y el Banco Central tienen que moverse a un proceso de inflación que aunque te disguste… A mí me disgusta estar gordo, pero sé que para tener un proceso de reducción de peso que sea sostenible, tal vez es mejor hacer una dieta en dos o tres meses que tratar de bajar diez kilos en dos semanas.
“La Argentina tiene un muy buen futuro, pero no tengo ni idea si ese futuro se va a manifestar en el segundo trimestre del año 2027″
-Hacer una dieta de inflación en varios meses, que inclusive puede llegar a llevar años, antes que tratar de bajarla todo de un solo saque. ¿Esa es la idea?
-Sí. Es lo que se ha visto en países parecidos a la Argentina, del tamaño de la Argentina, cuando llegan a esta “inflación intermedia”, como la llamaron Dornbusch y Fischer hace mucho tiempo: estos rangos de entre el 15 y el 30 por ciento. Hay procesos inerciales que a veces son difíciles de identificar, pero como vimos en Colombia, México y Chile, tal vez hace más sentido y vale más la pena demorarse tres años más en llevar la inflación a un dígito que tratar de llevarla a un dígito en un año y que esa reducción sea insostenible. Para eso, hay que seguir redefiniendo el marco monetario y cambiario. Y el eslabón de acumulación de reservas también es muy importante.

Caída del salario real y de la actividad y el empleo: ¿Más ajuste es la salida o agrava el problema?
-Surgen muchísimas dudas. La gente ha entendido la conexión entre el equilibrio o superávit fiscal y la baja de la inflación: hay una paciencia social e, inclusive, una comprensión de que puede haber momentos de alza por distintas cuestiones. Pero ahora el problema empieza a ser otro, como efecto del plan económico del Gobierno: por ejemplo, la caída del salario real, el aumento de la desocupación, la caída del consumo masivo o la caída de la actividad en sectores como comercio y construcción. ¿Cuánto de esas correcciones de la política monetaria y del sostenimiento del ajuste fiscal conducen a corregir esas otras distorsiones? ¿O cuánto las agrava? Esa es la discusión hoy en la Argentina.
-Es una pregunta muy amplia y que entra también en la economía política. La respuesta anterior se enfocó en la parte más técnica de los procesos de desinflación. Tú amplías la pregunta: ¿qué es sostenible políticamente? ¿El proceso desinflacionario sigue siendo el tema número uno de la agenda de la sociedad? ¿O empieza a haber otros temas que compiten y que, desde el punto de vista político, se vuelven igual de importantes que la reducción de la inflación?
-Le quiero hacer una pregunta en ese punto: ¿por qué la caída del salario real o del consumo o de la actividad en ciertos sectores de la economía, porque la actividad crece en los sectores que generan dólares, pero la actividad decrece o se pierde empleo en los sectores que generan empleo, no es un tema técnico? ¿Por qué eso es político? En realidad, esos datos también son consecuencias y son indicadores claves de un plan económico.
-Es técnico, tienes razón, pero digo que es político porque la economía argentina también está llevando a cabo una transformación de su sector real. Los sectores que van a tener más dinamismo en la Argentina son los sectores de materias primas, el sector agrícola, el sector de petróleo y gas, el sector minero. Estos servicios van a generar ingresos en la economía argentina que van a dinamizar el sector de bienes raíces, la construcción, los servicios, pero esto viene detrás. En este proceso, en este cambio estructural en la economía argentina, con una economía que se está abriendo, estás viendo que el capital se va a mover hacia estos sectores que son altamente competitivos en la economía mundial. Por otro lado, empiezan a desaparecer los sectores que estaban protegidos y que podían vivir y convivir mejor con un marco macroeconómico inestable y de protección arancelaria y de regulaciones. Y esta transición genera el equilibrio que mencionabas: que los sectores que crecen no son intensivos en mano de obra y los sectores que están frenados o contrayéndose sí generan mucho empleo. A lo que yo iba es que la política pública es mucho más que la reducción de la inflación. La inflación fue muy mala para la Argentina y generó un nivel de distorsiones gigantescas. Pero cuando llegas al nivel de 20 o 25 por ciento… y yo tampoco soy fanático de una política de desarrollo económico, pero claramente Argentina es un país que no tiene un sistema financiero profundo. Para que las empresas compitan a nivel internacional, lo hacen con muletas en la parte financiera; no tienen el apoyo, el nivel de financiamiento que empresas similares tienen en otros países. Sería importante tener una política pública que trabaje con los bancos para lograr la recuperación del crédito en un entorno de tasas de interés altas.
¿Hay una política de desarrollo posible en el Plan Milei-Caputo?
-Surge una pregunta clave. El concepto de heterogeneidad del crecimiento económico también está instalado en la conversación pública: hay sectores que están creciendo, como los sectores dinámicos exportadores, pero hay sectores más vinculados al mercado interno con dificultades que impactan sobre el empleo. Y está la discusión sobre si política de desarrollo industrial sí o no. El Gobierno dice que corregir la macroeconomía y cumplir con los vencimientos de deuda es la mejor política industrial. Ahora, en el medio hay gente que se queda sin trabajo y la tendencia parece ir agravándose. Esta semana, Milei prometió que ante más inflación y ante los problemas que hay, más ajuste. ¿El ajuste es la salida hoy o el Gobierno tiene que empezar a pensar en bajar tasas, créditos para que llegue todo eso a la población, al metro cuadrado de las personas? ¿Qué se puede pensar sin caer en una política de desarrollo centralizada como hemos conocido en la Argentina?
-Estoy de acuerdo con el Gobierno en que la mejor política de desarrollo para la Argentina es lograr la estabilidad y la normalidad macroeconómica. Sin embargo, eso no quiere decir que sea la única política pública. El proceso de desregulación que está siguiendo la economía también es muy necesario. Pero las velocidades son muy diferentes. Cuando reduces aranceles y cuando eliminas regulaciones que sostenían vía respiración artificial a ciertos sectores, esos pacientes se mueren, pero los nuevos sectores todavía no arrancan. Esto genera este problema de transición que tú mencionas. Un proceso de desinflación un poco más lento ayuda porque necesita tasas de interés reales un poco más bajas y da margen para tener un tipo de cambio un poco más competitivo. Políticas de programas específicos del Banco Nación que apoyen el desarrollo de ciertos sectores, los que se van a beneficiar de esta nueva economía argentina, podrían acompañar a la estrategia de normalización macroeconómica. Sería un paquete de políticas públicas un poco más completo, más integral. También hay un tema político, porque el resto de la economía percibe que al Gobierno ni le interesa el desarrollo de estos actores. No hay que proteger a los sectores que están desapareciendo porque se genera este mal equilibrio donde los mantienes con respiración artificial por demasiado tiempo. Pero sí habría que tratar de acelerar la aparición y nacimiento de nuevas empresas, de nuevos sectores en las áreas donde la economía argentina va a ser muy dinámica. Hoy la Argentina está muy bien posicionada en alimentos, en energía, tanto en hidrocarburos como energía renovable, minería. Es una región del mundo que no está en medio del conflicto. Además tiene una población bien educada en el mundo hispano, por eso en el sector de servicios digitales, la Argentina puede ser un un sector muy clave. Si el RIGI, en la parte tributaria es un buen instrumento, ¿por qué no es un buen instrumento una política de financiamiento y crédito público en el Banco Nación? ¿Cuál es la diferencia? Veo que podría haber más instrumentos. No se han agotado los instrumentos que apoyan la reestructuración de la economía argentina, instrumentos de una política industrial light, sin escoger sectores, pero dando apoyo a la economía argentina donde tiene deficiencias históricas.
“La mejor reforma estructural para la Argentina es que no regrese un gobierno con las ideas económicas y de desarrollo como las que tenía el gobierno de Fernández y Fernández, o como las que expresa a veces el gobernador de la Provincia de Buenos Aires”
-Interesante: una amortiguación de los efectos colaterales negativos de la transición, pero hecha desde los incentivos correctos.
-Sí, claro. No escogiendo sectores, pero corrigiendo algunas de las faltas de competitividad de la economía argentina. Si la Argentina tuviese un nivel de crédito del 70 por ciento del PBI, no haría falta pensar en una política crediticia del lado público. Estaríamos pensando más en instrumentos que estimulen el private equity. Pero dado que la falta de crédito es una deficiencia estructural de la economía argentina, podría tener sentido contar con una política que acelere la recuperación del crédito y que en una primera instancia lo haga en aquellos sectores que quieres que crezcan más rápido.

Equilibrio fiscal. ¿Genuino o pisando cajas? Universidad, discapacidad y jubilados
-El ancla fiscal es indiscutible para el Gobierno: es la más efectiva en términos de cómo se concibió y los efectos que trajo. Pero también empieza a generar cuestionamientos. Una lectura muy crítica dice que la eliminación del déficit fiscal, el ajuste, la motosierra se sostiene pisando la caja de los jubilados, de los docentes universitarios, que están en paro hace dos semanas, que tienen una de las caídas más grandes de salario real desde noviembre 2023, en torno al 20 por ciento según los cálculos más moderados, pero por encima de eso según otros. O pisando la caja de los discapacitados: el Gobierno no cumple con la ley que obliga a financiar y aumentar la financiación de los servicios para discapacitados. También incumple la Ley de Financiamiento Universitario. En el ajuste, el Gobierno no cumple leyes aprobadas y sancionadas en el Congreso. ¿Es un problema para el ajuste fiscal? ¿Es un ajuste fiscal poco genuino, insostenible?
-Sí, coincido contigo. Tal vez no había otra manera de lograrlo. El ajuste fiscal y la discusión en torno a la motosierra y la licuadora ya está superada. Pero claramente, en la Argentina, el ajuste fiscal se llevó a cabo utilizando la inflación como instrumento para bajar el gasto real. También se apeló a la reconducción presupuestal, que no necesita aprobación del Congreso, para poder mantener estos niveles casi por decreto. Al final del día, hoy la estructura del gasto público no representa un equilibrio político. Aunque la sociedad argentina, a través de sus representantes, aprobó el último presupuesto…
-Sí, el Congreso aprobó la Ley de Presupuesto, pero con 10 por ciento de inflación.
-Sí. En ese sentido, coincido contigo en que una segunda etapa de la política fiscal tiene que venir con un diseño más claro de las pensiones, del gasto público en términos de educación, de infraestructura, entre otros temas, que empiece a tener tracción política. En un segundo gobierno del presidente Milei, debería institucionalizar el ajuste para tener una política previsional que haga sentido o una política de salud y tengan consenso social. Eso va a ser muy importante porque si no, cuando Argentina vuelva a la normalidad y la estabilidad no sea el tema número uno porque ya lo hayan conseguido, poco a poco se van a ir reconstruyendo las presiones de gasto que dieron origen al problema. Es importante que se lleven a cabo estas reformas de pensiones, etcétera. Pero también hay que reconocer, Luciana, que el quitar todas estas protecciones, el ir a una economía más abierta en equilibrio implica salarios más bajos, una red de aseguramiento social menos generosas, con pensiones en términos reales más bajas. Tal vez con un segundo período de un Presidente con esta visión de achicamiento del Estado, se puede llegar a un equilibrio político que valide esta nueva situación. Para un segundo término, la reforma previsional es una tarea muy importante. Se me hace muy difícil pensar que el Gobierno vaya a abrir estos frentes a un año de la elección presidencial. Pero es necesario.
“Los mejores 18 meses”. ¿Se viene el crecimiento para todos e inflación a la baja que promete Caputo?
-El ministro Luis Caputo dijo: “los próximos dieciocho meses serán los mejores de las últimas décadas”. Coinciden con los meses que faltan para la elección presidencial del año que viene. ¿Usted cree que en dieciocho meses se va a dar esa convergencia, como sostiene el ministro, entre crecimiento y baja de la inflación? ¿Un crecimiento menos heterogéneo que el que se viene dando ahora, con creación de empleo y suba del salario real es posible en los próximos dieciocho meses?
-Yo me sentiría mejor con una conducción económica que sea más prudente. Decir que van a ser los mejores meses o que va a ser la inflación más baja no es una buena señal viniendo del equipo económico. Viniendo del equipo económico, lo importante sería decir que la economía argentina va bien, que el proceso de recuperación es complicado, que viene de una historia muy difícil y que los avances que se van a hacer, van a establecer muy buenos fundamentos para que se dé este proceso de crecimiento. Coincido con el ministro Caputo en que, si esto sigue, la Argentina va a tener un periodo de muchos años buenos de crecimiento. ¿Por qué? Porque tiene elementos que hoy le dan a la economía argentina un nivel de competitividad en la economía mundial muy bueno. La economía argentina no ha crecido por veinte años. Si la economía argentina se normaliza, tiene un catch up de crecimiento. Además tiene condiciones buenas, entonces eso se va a dar. Dado mi historia profesional con Argentina, y al haber compartido las frustraciones del gobierno del presidente Macri, creo que entrando un año electoral hay que ser más prudentes. La mejor reforma estructural para la Argentina es que no regrese un gobierno con las ideas económicas y de desarrollo como las que tenía el gobierno de Fernández y Fernández, o como las que expresa a veces el gobernador de la Provincia de Buenos Aires. Esas ideas han sido muy malas para la Argentina. El marco para los próximos dieciocho meses tiene que lograr que sea robusto este sistema macroeconómico para que no haya volatilidad en los mercados y la elección se juegue en términos de dos visiones de país, y no con frustraciones y reacciones a lo que le está pasando al tipo de cambio. Si la Argentina logra hacer esto y Milei tiene cuatro años más, tiene un futuro muy bueno. Pero los próximos dieciocho meses también van a estar contaminados por el riesgo político electoral.
“La crítica que viene de un campo desarrollista, que quiere una política que sostenga artificialmente el consumo para sostener la economía y para sostener el nivel de vida, es lo que llevó a la Argentina a no crecer, a estos episodios cercanos a la hiperinflación, a las crisis de balanza de pagos y a la necesidad de cerrar la cuenta de capitales”
Toto Caputo, de Macri a Milei. ¿Cómo ve su desempeño como ministro de Economía en el gobierno libertario?
-Y también por la guerra en Irán, el tema del petróleo, el impacto que tiene en los precios en todo el mundo. Usted acaba de hacer una afirmación muy contundente y crítica: “yo preferiría un equipo económico más prudente”. En su libro La Argentina en el Fondo y su visión sobre el rol de Luis Caputo durante la gestión de Mauricio Macri ha sido muy crítica. ¿Ve rasgos parecidos de esa personalidad político-económica en este equipo?
-No, veo que las cosas se han hecho muy bien en un primer orden de magnitud. La posición del Banco Central y la posición del ministro de Economía son muy diferentes. También el convencimiento del presidente Milei respecto del ancla fiscal, todo eso ha hecho que el período en el Ministerio de Economía del ministro Caputo haya sido bueno. Pero sí, en ese sentido, al final del día, sí es un gobierno que exagera los logros, que son muy grandes, pero los resultados no se dan de manera tan inmediata en las economías. Los procesos de desarrollo son más lentos. Pensemos esto: para una empresa danesa, entrar a invertir en la Argentina no es un tema de vida o muerte, pero tal vez están muy interesados y están posponiendo la decisión a la próxima elección. Hay muchas decisiones económicas a nivel global que van a beneficiar a la Argentina, pero que se están posponiendo para ver cuando la inflación llega a 2; se están posponiendo a ver si realmente el presidente Milei va a tener un segundo período. Lo único que digo es que como economista y habiendo estado en este negocio durante treinta años, se me hace difícil hacer un pronóstico de que una economía va a repuntar de manera excepcional los próximos doce meses. Por lo general, la prudencia tiene que venir del banquero central y del ministro y que los políticos sobre vendan lo que hacen. Al inversionista eso le da un poco más de tranquilidad: ver que el ministro de Economía no está forzado a validar sus anuncios con acciones que tal vez lo hacen jugar demasiado en la línea. A mí eso me gustaría un poco más. Pero claramente el Gobierno también siente la necesidad, sobre todo ante noticias que no son las mejores, de sobre vender el futuro. Pero si en los próximos seis meses, el Banco Central hace ciertas modificaciones en la parte cambiaria monetaria; la Argentina sale al mercado y coloca 2.500 millones de dólares en los próximos ocho meses en los mercados internacionales; si acumulan una parte de esto en reservas; el Fondo Monetario hace las dos revisiones para el año 2026… yo, si estuviera en el Fondo y la Argentina hace eso, realmente empujaría para que el programa se amplifique para el año 2027 en algunos billones de dólares para darle más solidez ante un entorno internacional difícil. Y lo haría antes del año electoral, para dejar todo limpio y que en el año electoral no haya decisiones fuertes que tomar. La Argentina tiene un muy buen futuro, pero no tengo ni idea si ese futuro se va a manifestar en el segundo trimestre del año 2027. Y yo apostaría a que no; apostaría a que vamos a tener un buen año. ¿Por qué? Porque está muy cerca de una decisión clave de la sociedad de si mantiene al presidente Milei por cuatro años más. Si se toma esa decisión, se abre un capítulo muy bueno para Argentina.
Plan Milei-Caputo. ¿Está bien diseñado o viene con problemas de diseño?
-En la Argentina, el plan económico Milei-Caputo recibe muchas críticas de economistas con mucha trayectoria. Plantean que el plan está equivocado, que está mal pensado. ¿Es un prejuicio y un sesgo que arrastran modelos y visiones económicas que impiden entender este plan? ¿Este plan implica un cambio de régimen que es difícil de comprender para la tradición intelectual, económica y política económica, de los últimos cuarenta años? ¿O el plan efectivamente tiene algún error de diseño?
-Yo coincido con esos economistas. En la parte de acumulación de reservas, en la parte monetaria y en la parte cambiaria, hay alguna confusión. No hay una comunicación clara de cuáles son los marcos de referencia, sobre todo en la parte monetaria. Hay una crítica importante, y es una conclusión que comparto: el hecho de que la elección de la Provincia de Buenos Aires haya detonado tal nivel de volatilidad que hizo necesario que la Argentina recurriera al Tesoro de Estados Unidos y que, en un acto que ex ante todos creíamos tremendamente poco probable, se haya reencauzado el programa porque el Secretario del Tesoro decidió darle una línea. Nadie planeó eso. Uno tendría que pensar cuál es el tornillo del programa que estuvo mal para que estuviésemos tan cerca del precipicio. A partir de ahí, hay que tratar de arreglar ese tornillo. En parte se hizo cuando se introdujo la banda y se puso el desliz en el techo de la banda. Probablemente esa parte necesite ajustes adicionales. La parte monetaria también tiene espacio para ser más transparente, para hacer un mejor ancla. En ese sentido, todavía hay márgenes de maniobra. La parte de crédito público, también: la Argentina tuvo la oportunidad de hacer una colocación de deuda a los mercados internacionales y el no hacerla por 50 puntos base es un poco miope. La dinámica de la deuda argentina habría mejorado mucho con esa colocación. La acumulación de reservas en la Argentina también podría estar respondiendo a una mejor dinámica de la balanza de capitales.
-La última pregunta: en relación a si hay un cambio de régimen conceptual que genera una mala interpretación sobre lo que está haciendo el Gobierno, buena parte de la ciudadanía que no votó a Milei ni a Macri plantea que antes, con Massa, por ejemplo, había consumo y los salarios en algunos casos, el sector público por ejemplo, acompañaban a la inflación, entonces el consumo se daba igual. El ministro Caputo dice que había consumo porque la gente se quería desprender de pesos que cada vez valían menos y se stockeaba: dice que ese consumo no es genuino. Este plan económico, dice el ministro, quiere ir a un crecimiento genuino que ponga en marcha la economía y entonces el consumo sea resultado de ese crecimiento genuino. ¿La añoranza por un consumo y un salario real mantenido en base a emisión sí es una rémora del pasado?
-Sí, coincido. Hay diferentes grupos de economistas argentinos, todos muy buenos, que tienen diferentes críticas sobre el programa. La crítica que viene de un campo desarrollista, que quiere mantener una política que sostenga artificialmente el consumo para sostener la economía y para sostener el nivel de vida, es lo que llevó a la Argentina a no crecer, a estos episodios cercanos a la hiperinflación, a las crisis de balanza de pagos y a la necesidad de cerrar la cuenta de capitales. Con una perspectiva de mediano plazo, fue muy malo para la economía argentina. Sería mucho mejor una economía en la que los salarios crecen por productividad, por la inversión, por el desarrollo de nuevas industrias y no de manera artificial, alcanzando o superando a la inflación, pero generando inflaciones cada vez más altas que luego generan estas crisis de balanza de pagos. Ahí coincido plenamente con la visión del Gobierno.








