Tinkuy: un puente entre el juego y la lectura para reavivar el amor por las historias en niños y adultos
Gloria Claro y Ariel Marcel crearon una colección de naipes para incentivar, siempre desde un costado lúdico, las ganas de encontrarse y el interés por el universo literario
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La revolución en los modos de vincularse hoy en día, con tantas pantallas que funcionan como barreras del contacto visual, sin dudas está en el encuentro. Justamente así lo pensaron Gloria Claro y Ariel Marcel, creadores de la editorial de juegos literarios Tinkuy: “Con ellos buscamos acercar y hacer un puente entre libros y juegos; encontrar a futuros lectores o a personas que quieran tener contacto con lo literario a través del juego”, explica Marcel, diseñador gráfico, que tiene a su cargo la parte de diseño y producción. Es que en quechua la palabra tinkuy significa ni más ni menos que encuentro.
Como todo proyecto creativo, el proceso fue largo y dinámico, “Tinkuy no era en los inicios lo que es ahora. Surgió como un proyecto de mediación de lectura, compartiendo actividades con chicos y chicas en un espacio comunitario en Montecastro. Luego se fue transformando en encuentros en una plaza o en diferentes espacios verdes y públicos, llevando una lona con libros, generando espacios de lectura en la plaza, además de los que ofrecía, como las hamacas, el tobogán, había un lugar de encuentro para leer con las familias, libre y gratuito. Al tercer año llegó la radio y llevamos estas propuestas de compartir lecturas con otros a un espacio radial, con recomendaciones, reseñas, entrevistas”. Si bien el programa estaba dirigido a los adultos, Gloria Claro, licenciada en Trabajo Social y profesora de educación y partícipe fundamental del proyecto Tinkuy tiene la certeza de que son los adultos quienes acercan los libros a los niños y a las niñas.
Surgió como un proyecto de mediación de lectura, compartiendo actividades con chicos y chicas en un espacio comunitario en Montecastro
“De ahí en más, todo lo que fue sucediendo fue mágico, se fue dando cual serendipia, buscando otras cosas fuimos encontrando el modo de compartir esas lecturas y acá estamos con un catálogo de cartas”. Y el catálogo creció y creció, ahora ya cuentan con más de 20 opciones distintas que incluyen nombres como el de Laura Devetach, Pablo Bernasconi, María Teresa Andruetto, Mariana Ruiz Johnson, Cristian Turdera, Gustavo Roldán, Nicolás Schuff, Natalia Méndez, Jimena Tello, Laura Forchetti, Alejandra Correa, Marisa Negri, y en el plano internacional María José Ferrada, Raúl Nieto Guridi y la reciente incorporación de Anthony Browne. En el medio, poetas como Alfonsina Storni, cantautores como León Gieco dicen presente en este catálogo que mezcla lo lúdico con el encuentro y el amor por las historias. Porque no solo incentivan las conversaciones sobre literatura sino que proponen formas muy distintas de creaciones de historias, para los más chicos y los más grandes también.

“El primer juego fue el Ping-pong literario, que todavía hoy lo seguimos editando. Arrancó a fines de 2015, cuando teníamos 100 programas de radio. Para cada programa de radio pensábamos una consigna, y cuando tuvimos 100 programas, teníamos 100 consignas. Habíamos invitado ese día a Laura Devetach a jugar con una especie de bolillero del que sacábamos una bolilla con un número y leíamos la pregunta que habíamos hecho en ese programa, eran todas preguntas que abrían la conversación, no era ni un juego de trivia ni había una respuesta única. Cuando terminó el programa, había estado tan lindo y tan agradable que sentimos que ahí había un juego, que podíamos hacer algo con todo este material. Lo diseñé en unas tarjetitas, esas que venían en cajas de acrílico, y ese fue el primer formato. En febrero de 2016 ya lo habíamos mejorado bastante y empezamos a editarlo más cercano al formato actual”, cuentan los creadores de lo que hoy se convirtió en un producto que es distribuido por la editorial Calibroscopio, con ellos llegaron a todo el país, pero también se expandieron a Uruguay, a Colombia, a México, a España. Además de la red de librerías y jugueterías que han desarrollado en Argentina.

De aquel primer juego absolutamente artesanal que se imprimía en una gráfica digital y armaban todo en su propia casa, desde los libritos, las cajas, pegaban una por una, sacaban el troquel de los naipes y armaban los mazos, la cosa fue creciendo y tomando forma. Es que para que se consolide como colección todavía faltaban muchos y Tinkuy creció. “Los próximos juegos fueron Palabrerío y Contame, y cada vez era más trabajo, porque era todo manual, hasta que en 2019 pasamos a un formato industrial, pero ya para esa época teníamos una colección un poco más grande, un catálogo más de entre 15 y 20 juegos, más o menos.

“En cómo producimos y cómo pensamos aparece el juego también, porque las primeras ideas aparecen jugando, todo el proceso y el desarrollo es una experimentación, una mezcla de ideas y formas, hay que buscarle la vuelta, charlarlo, probar. En este último tiempo probamos mucho con nuestro hijo, que tiene seis años, él nos ayuda, a veces recortamos cartas y nos ponemos sobre la mesa y vamos viendo cuál es la mejor dinámica o mecánica de juego. Siempre va de lo oral a lo escrito, en una ida y vuelta, porque pensamos los juegos para que tengan esta doble funcionalidad, que se pueda conversar y que se puedan hacer textos escritos, propuestas escritas. Es todo un desafío poder explicar en un formato tan pequeño sugerencias de juego para que quienes reciban el mazo puedan desplegarlo como quieran.
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