A los 54 años, murió el escritor chileno Germán Carrasco
Fue una de las voces poéticas más destacadas de su generación; entre otros reconocimientos, obtuvo el Premio Municipal de Literatura, el Premio Pablo Neruda y el Premio Jorge Teillier
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Causó consternación en Chile y en la Argentina la muerte, este lunes, del escritor Germán Carrasco Vielma (Santiago de Chile, 1971), a los 54 años, a causa de una meningitis. Había nacido el 28 de mayo de 1971 en Santiago de Chile. Estudió Lengua y Literatura Inglesa en la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile; tradujo obras de William Shakespeare, John Landry y Robert Creeley, entre otros autores, y se destacó como una de las voces más singulares de la poesía chilena contemporánea.
El actual presidente chileno Gabriel Boric, en 2016, lo definió como uno de los mejores poetas de su generación. Fue pareja de la escritora argentina Cecilia Pavón y padre de Félix Carrasco Pavón, el joven músico conocido como Turro Baby.
“Lamentamos el fallecimiento de Germán Carrasco, destacado poeta, traductor y tallerista chileno –se lee en el comunicado del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio del país vecino–. A lo largo de su trayectoria desarrolló un trabajo literario profundo, involucrado en la vida urbana, los márgenes sociales y la cultura popular de los años 90 en Chile. Obras como La insidia del sol sobre las cosas (1998), Calas (2001) y Clavados (2003), entre otras, forman parte fundamental de su legado literario, que fue traducido al alemán, inglés e italiano. En 2005 fue reconocido con el Premio Pablo Neruda, así como el Premio Jorge Teillier, en 1997; el Premio Sor Juana Inés de la Cruz [de Costa Rica], en 2001 y el galardón a las Mejores Obras Literarias, en 2011. Desde el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio expresamos nuestras más sentidas condolencias a su familia, colegas, colaboradores y gestores que trabajaron y compartieron con él”.
Escritores de Chile y de la Argentina como Rafael Gumucio, Óscar Contardo, Cynthia Rimsky, Javier García Bustos, Mario Nosotti, Marina Mariasch y Cecilia Romana despidieron en redes sociales a Carrasco, que había creado el heterónimo de Antonio Vielma. Residió en Buenos Aires y en Ciudad de México.
“La poesía de Carrasco es una de las experiencias más intensas de las últimas décadas, y no solo en Chile -dice el escritor y profesor Diego Bentivegna a LA NACION-. Es una poesía atenta a las derivas de la lengua, sobre todo las derivas chilenas, por supuesto, pero también las porteñas, que había ‘escuchado’ muy bien. Cuando hablo de escuchas, me refiero a las inflexiones subalternas de la lengua. Una poesía que además había leído muy bien el impacto de lo cinematográfico, sin ser por eso una poesía visual sino una poesía muy marcadamente de la palabra y del murmullo. Su obra, además, se nutrió del diálogo con la gran tradición del siglo XX en lengua inglesa, que Germán había estudiado en profundidad”. Carrasco vivió un tiempo en Estados Unidos.
Publicó su primera obra, la plaqueta Brindis, en 1994, seguida por poemarios de gran calidad como La insidia del sol sobre las cosas, Calas (Premio Municipal de Literatura), Clavados y el consagratorio Ruda, de 2010.
“Me parece que hay o debe haber ciertos virtuosismo y buena factura en un primer libro, y luego en las siguientes tentativas el virtuosismo deviene otra cosa, te parece insuficiente, quieres declarar -dijo en una entrevista con Roberto Careaga C. en El Mercurio-. Diría que es una necesidad esa libertad, ese abandono de la demostración de músculos ya formal o teórica, que no sirve. Hay un sentido de la medida, del otro. Y creo tiene que ver con la consciencia de la muerte. Hay que hacer las cosas a tiempo, las tareas, comunicarse”.
Otros títulos suyos son Multicancha, Mantra de remos, la antología Imagen y semejanza y Metraje encontrado. “Yo escribo poemas donde suceden cosas y para un lector”, sostuvo.
En Prestar ropa, Retrato de la artista niña y otros apuntes y A mano alzada reunió crónicas, ensayos, perfiles y artículos en prosa publicados, algunos de ellos, en la revista The Clinic. “Si uno se hace invisible, la ciudad se hace visible –se lee en uno de ellos–. Y uno comienza a ver cosas que no había visto, a leer la ciudad. [...] Pero uno también se da cuenta de lo residual y osbsolecente que es esa especie de huella de oruga que dejan sobre la ciudad las marcas de la compra y la venta, de la oferta, de la transacción. Huella que es interesante rastrear”. Carrasco leyó los signos de la época y los reinterpretó con un lenguaje coloquial, crudo y sensible.










