Animales imaginarios
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Estamos a pocas horas de la llegada de los Reyes Magos. La noche mágica que le compite cabeza a cabeza a Papá Noel, pero con detalles que la convierten en única: muchos niños dedicarán hoy un rato a cortar pasto y a buscar un recipiente adecuado para que los camellos puedan saciar su sed de desierto en la larga recorrida para dejar regalos y sorpresas sobre sus zapatos. Hay que estar bien dormido, además, para no escuchar los ruidos de ingreso y salida de nuestras casas de esos majestuosos animales que en una madrugada cumplen los deseos infantiles. Sí, hay una coincidencia entre ambas noches, para recibir un obsequio se requiere una carta previa. Ni Papá Noel ni Melchor, Gaspar y Baltasar pueden saber qué quieren los chicos del mundo. Por eso, en más de una ocasión no llega el regalo pedido, sino lo que ellos creen que les puede gustar. Quizá también haya un problema de comprensión de la letra, aunque ahora la computadora ayuda a que todo sea bastante claro. Siempre me pregunté, y aún no hallé una respuesta: por qué nunca le dejamos nada a los renos que desde el Polo Norte trasuntan en pocas horas el globo transportando al gran Santa Claus. ¿Esos sí son animales imaginarios?





