Anne Brontë: los obstáculos que padeció la "hermana menor" de la familia

Anne, retratada por su hermano
Anne, retratada por su hermano
Laura Ventura
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17 de enero de 2020  

Los corsets de una sociedad decadente incrustada en un reino que se erigía como imperio le resultaban asfixiantes. Como vía de escape, imaginó un mundo de fantasía junto con su hermana Emily, un cosmos sensual donde Alexandrina Zenobia, la protagonista, gozaba con su poder y sus amantes. La represión no existía en las Crónicas de Gondal, una saga de relatos que se ha perdido, pero que sobreviven a través de algunos versos que acompañaban las prosas. Anne Brontë (1820-1849) imaginaba realidades alternativas -utopías-, y casi como otro relato de fantasía cinceló a una heroína misteriosa que huía de una mansión con su hijo para comenzar una nueva vida, lejos de las garras de un hombre inmundo. La inquilina de Wildfell Hall (1848) es considerada la primera novela feminista de la literatura inglesa, un texto sobre la emancipación escrito por la menos reconocida de las famosas hermanas de Yorkshire, junto con Charlotte y Emily. El tiempo parece, a doscientos años de su nacimiento, haber liberado a Anne de aquellas ceñidas prendas construidas con celos, prejuicios y desdén.

The Brontë Parsonage Museum es una meca para los lectores de las hermanas Brontë, la casa donde vivieron estos genios, y un concurrido museo que permanece históricamente cerrado en el gélido mes de enero. Sin embargo, hoy, este edificio de Haworth, en el norte de Inglaterra, abrirá sus puertas para celebrar el cumpleaños de la hija menor del Reverendo Patrick Brontë. Además del adelanto de la exhibición en honor a una artista versátil, Anne Brontë, the brave and strong, en la casa museo habrá una velada con música en vivo, danza y poesía, y durante todo el año, se realizarán en Inglaterra conferencias, congresos y eventos dedicados a la autora.

En Borges profesor (Sudamericana), donde Martín Arias y Martín Hadis y recogen las lecciones de literatura inglesa que brindó el escritor, el autor de El Aleph decía: "La época victoriana se caracterizó por la gran reserva que mostró referente a lo sensual o a lo sexual". En este contexto, Anne publica Agnes Grey (1847), su primera novela, de fuerte tono y escenario autobiográfico, narrada por un personaje que podría haberse quedado en la comodidad de su casa, pero decide partir, conocer el mundo (u otros mundos, cercanos, pero diferentes a los domésticos) y ganar un sueldo con su trabajo. Un año después publica La inquilina de Wildfell Hall, una novela provocadora para los aires hipócritas que corrían en aquellos tiempos borrascosos y de locas que habitaban en los áticos. En el prefacio de la segunda edición de la novela, acosada por la censura, las críticas y la "denuncia" de haber sido escrito por una mujer, grita detrás de un seudónimo andrógino: "Tomo la imputación por su lado como buena, como un cumplido a la descripción justa de mis personajes femeninos; y aunque no tengo más remedio que atribuir buena parte de la severidad de mis censores a esta sospecha, no me molestaré en refutarla, porque, en mi opinión, su un libro es bueno, lo es independientemente del sexo de quien lo ha escrito".

En 1890, cuando se funda la Sociedad Brontë, su memoria comienza a restaurarse. Anne Brontë debió sortear todo tipo de obstáculos en vida e incluso, a través de su legado, de su fantasma y de su fama, tras su joven muerte a causa de tuberculosis. Además de una salud siempre precaria, padecía aquello que llama "melancolía religiosa", estados cercanos a la depresión. En su obra habita lo autobiográfico y también un objetivo claro: narrar historias verdaderas. "A veces creo que puede resultar útil para algunos y entretenida para otros, pero que lo juzgue el mundo", escribe esta dama que se consideraba protegida por su propia oscuridad.

1. Peripecias editoriales

En 1845 las tres hermanas reúnen sus poemas con la intención de encontrar una editorial que los diera a conocer. Ocultan sus nombres femeninos por sugerencia del sello londinense Aylott and Jones, dado que en aquellos tiempos de hegemonía byroniana y de machismo obsceno, las autoras eran consideradas inferiores a los autores. Las hermanas conservan la inicial de sus nombres y titulan su producción Poems by Currer, Ellis and Acton Bell. Acton era Anne y conservará este nombre para dar a conocer sus otras dos novelas. Los vecinos de la nueva habitante de Wildfell Hall acosan a la dama misteriosa que guarda un secreto, tanto como los críticos al artista guarecido en Acton Bell que grita los abusos que se cometían contra las mujeres y los niños de su tiempo. "Deseaba decir la verdad, porque la verdad siempre comunica su propia moral a aquellos que son capaces de aceptarla", dispara audaz Acton contra quienes querían quitarle el velo.

2. Escándalo y censura

Tres décadas antes de que Nora abandonara a Torvaldo, en Casa de muñecas, se publicaba en Inglaterra La inquilina de Wildfell Hall. El éxito fue abrumador en una sociedad que se escandalizaba de aquello que leía, pero no de aquello que ocurría en sus hogares. Una mujer de clase alta abandona a su esposo alcohólico y lleva a su hijo en su huida. Harta de los maltratos y las infidelidades (se retratan en el capítulo "Escenas domésticas") se instala en una casa en ruinas. "La novela ha sido criticada con una aspereza para la que tampoco estaba preparada y que tanto mi juicio como mis sentimientos me aseguran que es más amarga que justa", escribía en el prefacio de la segunda edición amenazada por la censura. Aquello que resultaba intolerable para la sociedad victoriana era que fuese la mujer quien dejara al hombre así como también, dado que ocultaba que estaba aún casada, comenzara una nueva relación, hecho que la convertía en bígama.

3. La trama nupcial

Jeffrey Eugenides escribió La trama nupcial (2011), una relectura de la novela victoriana. El título elegido por el ganador del Pulitzer se refiere a un curso de literatura de la Universidad de Brown que se sumerge en aquel universo literario. Es decir, la ficción victoriana giraba en torno a un problema, un reflejo de la sociedad de su tiempo: casarse era un mero contrato social que permitía el ascenso y la supervivencia del status adquirido. Agnes Grey, una institutriz que tuvo una vida similar a Anne Brontë, se casa con el vicario Weston y tiene tres hijos, un final edulcorado y alternativo a la propia vida de la autora. Anne decide no casarse con un pretendiente, también vicario, por considerar que interrumpiría su profesión como institutriz y escritora. La madre de Agnes Grey le suplica a su esposo en su lecho de muerte que deje de pensar en el casamiento de sus hijas: "No importa que se casen, nos podemos inventar mil maneras de ganarnos el pan".

4. Entorno familiar

A los 18 meses, la madre de Anne fallece y será su tía quien cuide de ella. Los demás hermanos Brontë fueron enviados a un internado (Mary y Elizabeth morirán de tuberculosis contraída en la institución). La infancia de Anne será solitaria, junto a una tía dominante que padece crisis de depresión. Su hermana Emily será muy cercana a ella (se consideraban "gemelas") y tendrá con Branwell, su único hermano (autor del retrato donde aparecen las tres escritoras y él, borroneado), un vínculo complejo pues era adicto al opio y su carácter enamoradizo siempre ocasionaba conflictos. Anne y Branwell viven juntos en una mansión donde se desempeñan como maestros, pero dado que él se obsesiona con la madre de los alumnos, ambos serán despedidos. Fue Charlotte quien impidió, tras la muerte de Anne una nueva edición de La inquilina., celosa del éxito o bien por estar de acuerdo con los detractores de su hermana, así como también quemó inéditos, cartas y documentos de la más pequeña.

5. Vida profesional

Anne Brontë colaboró con la economía familiar con su trabajo como institutriz. Aunque a menudo se la retrata como la más débil, fue quien más tiempo toleró este trabajo, a menudo humillante, dado el maltrato que padecía de las clases pudientes y de aquella educación autoritaria (también quien mejor toleró el año en el cruel y selecto internado de Roe Head). Los niños no son para Agnes Grey/Anne Brontë criaturas angelicales. Sin el elemento fantástico de Otra vuelta de tuerca, los niños de la primera familia a la que asiste son monstruos. Describe escenas que incluyen niños furiosos, que escupen, gritan, maldicen y torturan animales, como si estuviesen poseídos. El único modo que posee la protagonista de sobreponerse a este tormento, con la ilusión de construir un mundo más justo y también de llevar dinero a su casa es a través de la "apasionada explosión de llanto".

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