La grieta atraviesa a Borges: Alberto Fernández anunció que abrirá un museo en nombre del escritor y Kodama dice que los manuscritos son robados

Fuente: Archivo - Crédito: EFE
Daniel Gigena
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5 de diciembre de 2019  • 15:44

En lo que algunos interpretaron como un gesto para dejar atrás la grieta que divide a los argentinos, el presidente electo Alberto Fernández anunció anoche en su cuenta de Twitter que el escritor y empresario Alejandro Roemmers había ofrecido donar al Estado argentino "más de 6.000 libros y manuscritos de Jorge Luis Borges de su colección". Con ese aporte, prometió Fernández, "vamos a crear el Museo Borges, en homenaje al hombre más grande en las letras que ha tenido nuestro país". En la foto que acompaña el tuit, se ve al presidente electo hojeando no un libro de Borges sino El regreso del joven príncipe, continuación de El principito, de Antoine de Saint-Exupéry, que llevó a cabo el empresario.

Además de los miles de ejemplares, entre los que figuran primeras ediciones de obras de Borges, en la colección de Roemmers aparecen manuscritos de cuentos del escritor argentino, entre ellos "La muerte y la brújula", "Emma Zunz" y "Tres versiones de Judas"; cartas del padre y de la madre de Borges, correspondencia con su hermana, Norah Borges, y con amigos como Guillermo de Torre y Luisa Mercedes Levinson. "Es una colección muy fuerte, de 30.000 piezas", asegura a LA NACION Alejandro Vaccaro, presidente de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) y amigo de Fernández y del empresario farmacéutico. De este último, no se sabe si en broma o en serio, llegó a decir que podía ser candidato para el Nobel de Literatura, galardón que Borges, pese a su talento impar, no obtuvo.

En poco más de una semana, el presidente electo, que mañana anunciará su gabinete de ministros y secretarios, se refirió a Borges en dos ocasiones. Antes había admitido que le gustaría ver la efigie del autor de Ficciones en un billete de cien pesos. "Sí, por qué no. Lo que no pondría es una ballena. Quién puede negar lo que es Borges, Cortázar, Sábato", destacó.

Borges y Perón, ¿un solo corazón?

En la historia del antiperonismo, Borges es uno de los grandes protagonistas. Firmó solicitadas en contra del gobierno de Juan Domingo Perón e incluso escribió parábolas literarias que dejan entrever su aversión por el líder de las masas populares. Junto con Adolfo Bioy Casares, publicó el relato "La fiesta del monstruo", donde el monstruo parece ser el mismo Perón, por referencia a su sonrisa, a lo "gran laburante argentino que es" y a la "marchita que es nuestra bandera". El cuento apareció con la firma del autor ficticio Honorio Bustos Domecq, en 1947, y representa en clave satírica la jornada del 17 de octubre de 1945. En su vejez, Borges calificó a los peronistas de incorregibles.

Para Vaccaro no es una paradoja que sea un presidente peronista el que inaugure en su mandato un museo dedicado a la figura del escritor que, en 1946, fue removido de su cargo como auxiliar bibliotecario para ser designado inspector de aves de corral. "Hay que terminar con la grieta", dice Vaccaro.

Consultado acerca del papel que desempeñaría en el proyecto la viuda de Borges y presidenta de la Fundación Internacional Jorge Luis Borges, Vaccaro señaló que Kodama es la heredera testamentaria de los derechos de la obra del escritor y que el museo, por su parte, intentará acrecentar el patrimonio cultural de los argentinos. Hace pocas horas, Kodama denunció en un programa de Radio Mitre que lo que Roemmers ofrece donar es "material robado" de colecciones particulares.

Como la mayor parte de la colección del empresario proviene de Vaccaro, se entiende que estas palabras prosiguen una disputa entre la heredera de Borges y el coleccionista, que adelantó que iniciará acciones legales contra Kodama por sus dichos. "Es una calumnia -declaró Vaccaro-. Tenemos los comprobantes de la compra de manuscritos, cartas y libros en las más prestigiosas librerías anticuarias de la ciudad de Buenos Aires".

Por su parte, el abogado Fernando Soto, quien representa a María Kodama como viuda y albacea de Jorge Luis Borges, advirtió ayer que "Borges no dispuso en vida de sus manuscritos". "No sabemos qué hay en la colección [de Roemmers] ni tengo constancia de las piezas -dijo-, pero lo que sí sabemos es que Borges no dispuso en vida de ningún manuscrito, puedo dar fe de que nunca regaló ni donó alguno."

Desde la Fundación Internacional Jorge Luis Borges señalaron que ya existe un Museo Borges, situado en Anchorena 1660, sede de la Fundación. Allí se conservan manuscritos, ejemplares de primeras ediciones y objetos del autor de Los conjurados como bastones, cuadros y condecoraciones internacionales. En la última edición de La Noche de los Museos, Kodama, Marita Ballesteros, Verónica Cangemi, Gustavo Grobocopatel y Martin Wullich leyeron fragmentos de la obra de Borges. Según trascendió, la viuda de Borges y Roemmers cenaron el sábado pasado. El destino de sus respectivas colecciones borgeanas fue uno de los temas de conversación.

En la calle México

Se puede decir que la idea del Museo Borges pertenece a Vaccaro, como lo anticipó este diario en 2018, cuando la SADE celebró su 90° aniversario. El presidente electo Fernández, "alguien con sensibilidad para los temas culturales" según Vaccaro, la adoptó de inmediato y, desde ayer, forma parte de su programa de gobierno.

Por ahora, la calle México al 500 parece ser el ecosistema ideal del museo. Esa nueva institución cultural podría ocupar las instalaciones del Centro de Estudios y Documentación Jorge Luis Borges de la Biblioteca Nacional, ubicado en México 564, o las instalaciones del edificio de México 524, propiedad de la SADE. En el caso de llevar el museo a la sede de lo que fue la antigua Biblioteca Nacional, y donde Borges trabajó y soñó con sus artificios verbales, primero se deben concluir las obras que quedaron postergadas. "Eso llevaría dos años y una inversión millonaria, que tal vez en este momento deba destinarse a otro objetivo", aventura Vaccaro. Por eso, el edificio de México 524 resultaría el más indicado. A diferencia de lo que ocurre con el narrador de "El libro de arena", que evita volver a pasar por esa calle, los lectores de Borges sin duda la incluirán en sus recorridos.

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