Canciones sobre el misterio
El compositor argentino explica la escritura de la obra para orquesta que estrenará en mayo la Sinfónica Nacional
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Las razones por las que un compositor cede su música a las palabras de un poeta suelen ser enigmáticas no sólo para el oyente sino también para el propio artista. Nacido en Rosario en 1956, Luis Mucillo mantuvo desde muy joven una singular intimidad con la literatura y tramó un incesante sistema de préstamos estéticos que, productivamente, nunca terminan de saldarse. "Pienso que habría querido hacer las dos cosas", cuenta el compositor. "El vínculo con la poesía vino desde muy temprano, y las primeras cosas que escribí fueron justamente canciones. Rápidamente, me di cuenta de que se podía combinar la afición por las letras con la música. Supongo que la literatura proporciona un correlato de la música que uno escribe."
Hacia 2006, Mucillo escribió un ciclo de canciones para piano y voz con poemas de Heinrich Heine, Rainer Maria Rilke, Hugo von Hofmannsthal y Novalis. Concebida para la voz del barítono Víctor Torres, la obra, ...denn wo die Lieb´ erwachet [allí donde el amor despierta] fue grabada el año pasado y formará parte del disco Sortilegio de otoño , que cubre un arco de treinta años de trabajo, "cosa que me hace sentir en el extremo de la decrepitud", bromea el compositor. De ese ciclo primero, deriva Liebeslieder [canciones de amor], la obra que lo ocupa en este momento, un encargo de la Orquesta Sinfónica Nacional que será estrenada con dirección de Andrés Spiller y con Torres como solista, el 22 de mayo en la Bolsa de Comercio como parte de un programa que incluye también la suite Printemps , de Debussy, y el Concierto para orquesta , de Bartók. Liebeslieder consiste en la orquestación de las cuatro canciones ya existentes y la composición de una nueva, directamente para orquesta, sobre el simbólico poema "Liebesanfang", de Rilke, brevísima historia sobre la alegría que está en el origen del amor y sobre la prefiguración de la tristeza que ineluctablemente lo corona. "El texto de Rilke, un preámbulo, resulta más trabajoso que el resto. Se trata de un texto de facilidad aparente: uno lo lee, cree que entendió todo, pero después se da cuenta de que no es así."
-¿Qué continuidad estética existe entre las cuatro canciones alemanas y Liebeslieder?
-La idea del ciclo orquestal estuvo en cierto modo desde el principio, un poco también porque Torres lo había sugerido. Los primeros apuntes son de 2001; en ese momento, la obra estaba pensada, si no para orquesta, para un conjunto de cámara grande, el Ensamble Dédalus.
-¿Qué tiene que tener un texto para que decida ponerle música?
-Supongo que tiene que haber una sincronía con alguna circunstancia de vida. Tengo la impresión, como se dijo muchas veces, de que los textos lo eligen a uno. Y en el plano estético, el texto ayuda a clarificar algo que uno desea componer.
-¿El texto sugirió la música o hubo una idea de la música que precedió a la elección del poema?
-Las dos cosas. Sé que un texto me gusta cuando me sugiere algún tipo de música, incluso algo mínimo, algún detalle de sonoridad. De hecho, en el caso de "Liebesanfang", el principio es una sensación auditiva en el medio de un sueño: escuchar el texto puesto en música como si fuese de otro compositor, y lo que yo recuerdo es poco, e ignoro si eso que recuerdo puede utilizarse, aunque hay una cuestión interválica que encaja con las demás canciones que ya estaban escritas.
-¿Habrá un interludio que lleve de "Liebesanfang" a los cuatro poemas?
-Creo que sí. Eso le va a conferir a la pieza un aspecto un poco extraño.
Pocas semanas después, en un nuevo encuentro, Mucillo decidió suprimir el interludio, que quedó subsumido en la primera canción, interiorizado de algún modo en la instrumentación. "Es una orquesta de cámara grande que se parece a la de los Kindertotenlieder de Mahler. Hay maderas por dos, pero hay tres clarinetes, clarinete bajo, corno inglés; hay contrafagot; hay flauta en Sol, sobre todo en la primera canción. Además arpa, celesta, piano, glockenspiel , campanas en la última canción, y quizá marimba en la penúltima. Y cuatro cornos en algunas de las canciones. El contrafagot es muy importante en la última canción para dar peso en las regiones graves. Me gustaría que tuviera el color de los instrumentos de madera graves. Que tenga el color de un terciopelo avejentado." La canción con el poema de Rilke funciona ahora como una especie de preludio rapsódico, en un lenguaje que el compositor define como "diatonismo atonal". "Diría que me gustan las contradicciones", observa.
A pesar de todas las asociaciones literarias que sus obras, lícitamente, proponen, Mucillo prefiere tomar alguna distancia de la idea de programa. "Yo no diría que escribo música programática, pero comparto la opinión de algunos compositores del final del Romanticismo que tenían la sensación de que todo lo que escribían estaba ligado a un programa interior. Pero hay ciertas cosas que nunca se mencionan." Verdaderamente, hay en esta música un fondo de indecibilidad que parece hacerles justicia a esos versos escasos de Novalis que se van apagando en el final de la pieza: "Dulces cielos eternos/ inefables me habitan".






