Catalejo: Sorpresa por el piso
Decenas de canastos alrededor del mástil de la Plaza Remedios de Escalada, en Florida, suelen alegrarme las mañanas de los sábados. En ellos hay tesoros por descubrir. Centenares de obras de los géneros más variados. Ediciones de todos los tiempos. Autores que pasaron de moda y son difíciles de encontrar. Traducciones de épocas en las que no se usaban soportes tecnológicos o lenguaje neutro y los editores eran tan puntillosos que, si se buscan errores ortográficos o sintácticos, es muy probable terminar frustrado. Miles y miles de historias para recuperar o para asomarse por primera vez. Planazo total, porque las vendedoras integran una asociación sin fines de lucro del barrio que con lo recaudado los sábados, además de otras acciones, ayudan a escuelas del interior. Cada libro tiene un código escrito en lápiz, que remite a una planilla manuscrita en la que se informa el precio siempre tentador. La modernidad se siente al pagar: se aceptan transferencias o QR de billeteras virtuales y dinero en efectivo. También es un punto de encuentro de vecinos y una sorpresa para los más chicos que revisan libros infantiles con ilustraciones y cuentos que ya casi nadie les lee antes de dormir.
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