Cuidar, contracultural
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Hay verbos que el clima de época pone de moda: soltar, cancelar, incluir... A Inma Puig, psicóloga española, le encantaría que lo mismo pasara con “cuidar”; no se refiere al medio ambiente, sino a las personas. Teme que esa preocupación por los demás sea un valor en franco declive. Profesora universitaria, psicóloga del club Barcelona en su época más exitosa y del célebre restaurante El Celler de Can Roca, sostiene que cuidar a alguien supone estar pendiente, atender, escuchar. “Como las plantas, no todos necesitamos lo mismo. A algunos habrá que escucharlos mucho, y a otros, con un poco es suficiente”. Destaca la eficacia del elogio en las relaciones interpersonales, porque lo habitual es ser más rápidos con la crítica. Hasta por autoprotección conviene estar atentos a los que nos rodean: “Al que no cuida, no lo cuidan; si no escuchas, no te escuchan; si no quieres, no te quieren”. Pone como ejemplo de ese celo por los otros –en este caso, pacientes– al famoso pediatra argentino Florencio Escardó (1904-1992). “En el Hospital de Niños de Buenos Aires dispuso un cambio de reglas para que junto a los chicos siempre pudieran estar su mamá o su papá; que les dejaran llevar juguetes de sus casas y que las camas no tuvieran un número, sino un nombre”.
“Eso es saber cuidar”, dice.
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