El artista cartonero: mostrar Buenos Aires con desechos

Con materiales recogidos en las calles de la ciudad, el ilustrador Diego Bianchi realizó un libro y una serie de collages, que se exhiben desde hoy en Palermo
Natalia Blanc
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11 de junio de 2016  

Fiel a su espíritu, el libro se ''sirve'' en una caja de pizza
Fiel a su espíritu, el libro se ''sirve'' en una caja de pizza Crédito: Santiago Filipuzzi

Con la paciencia y la pericia de un cartonero experimentado, Diego Bianchi pasó tres años y medio recolectando papeles de las calles porteñas con un objetivo claro: convertirlos en materia prima de collages e ilustraciones para su libro Buenos Aires. Más de 50 piezas originales que integran ese trabajo se exhiben al público a partir de hoy en la galería Granada, de Palermo, donde el sábado 25 el artista presentará el libro editado por el sello español Media Vaca y distribuido en el país por Calibroscopio.

Para diseñar los collages que firma como Bianki se inspiró en textos de poetas que escribieron sobre Buenos Aires: César Fernández Moreno, Raúl González Tuñón, Ezequiel Martínez Estrada, Macedonio Fernández y Oliverio Girondo, entre otros. También, Enrique Santos Discépolo, Luca Prodan, Cucurto, Luisa Valenzuela, Juan José Saer y Xul Solar.

El libro, de pequeño formato, tiene 100 páginas y llega al lector adentro de una caja de pizza. Al abrirla hay sorpresas: papel picado de colores, un sobre con un puñado de yerba seca, otro con restos de envoltorios y golosinas. Todo remite a los materiales utilizados para sus ilustraciones.

"La historia de las obras exhibidas en esta muestra comienza en 2001, en plena crisis económica, cuando Vicente Ferrer, editor de Media Vaca, me propuso ilustrar un libro sobre Buenos Aires para la serie Mi hermosa ciudad. Me pidió que trabajara una gráfica vinculada a la de mis pequeñas libretas de bitácora, en las que voy dibujando y pegando azarosamente imágenes que recojo del suelo de las ciudades por las que me muevo y luego intervengo para darles otro significado. Estas libretas, que completo desde 1998, son el resultado de reciclar viejos libros de debe y haber utilizados para movimientos contables o de registros de depósito", cuenta Bianchi, cofundador del sello infantil Pequeño Editor y candidato argentino para la edición 2016 del premio Hans Christian Andersen en el rubro ilustración.

En pequeña escala

Bianchi se tomó "10 largos inviernos" para terminar el libro, que está dedicado a "la paciencia" de su editor. Más de un tercio de esos 10 años le llevó reunir y clasificar el material encontrado en las calles de Buenos Aires. "Pasé tres años y medio recogiendo azarosamente aquellos pedazos de papel impreso que la brisa del viento pampero arremolinaba en cada ochava. Ese mismo papel, que antes pegaba en mis libretas, poco a poco empezó a transformarse en algo ingobernable, que crecía día a día y que ocupaba cada vez más espacio dentro de mi pequeño estudio. Pronto me vi obligado a empezar a clasificar esa basura como lo hacen los cartoneros, pero ordenándola por temas. Así fue como comencé a armar sobres temáticos: «arquitectura», «medios de transporte», «animales», «insectos», «plantas», «vegetales», «personajes», «logos» «marcas», «tipografías», entre otros". Primero dedicó un sobre por tema, pero enseguida el volumen creció hasta ocupar varias cajas, que se apilaban en el estudio.

"A pequeña escala, esas cajas emulaban el sistema caótico que la gran ciudad nos ofrece a diario. Esos recortes de papel me acercaron a una vista parcial de Buenos Aires, que se completa con la voz de aquellos poetas que a través de sus textos se han hecho eco de sus calles, su gente, sus estatuas, sus anécdotas, su música, sus colonias de inmigrantes. Todos ellos han sido mis cómplices mientras deambulaba por la ciudad intentando atrapar sus marcas y señales más distintivas", agrega el coautor de preciosos libros álbum, como Con la cabeza en las nubes, junto con Ruth Kaufman y Raquel Franco, sus socias en Pequeño Editor.

La pieza en homenaje a Benito Quinquela Martín, una reproducción del puente viejo de La Boca sobre un cielo celeste de fondo y con barcos sobre un charco oscuro de agua, fue realizada con cajas de fósforos, envases de pasta dental y de medicamentos. El artista aprovechó el logo de la marca Fragata para hacer algunos de los barquitos que navegan por el Riachuelo. "Creo que los logos y las tipografías más populares forman parte del inconsciente colectivo y generan una marca de identidad."

Los años 2001 y 2002 fueron los más complejos de su búsqueda porque se convirtió, sin querer, en una "competencia desleal" para los cartoneros. Recuerda que una noche, obsesionado por encontrar un envoltorio donde se viera el logo de Terrabusi, se tiró casi de cabeza en una pila de cartones que vio en una esquina de la avenida Corrientes. Cuando estaba a punto de obtener el preciado material, una mano lo detuvo: "Esto no es tuyo", le dijo un cartonero. Bianchi soltó el papel y se retiró silbando bajito. Pero, aun después de haber finalizado el libro, el ilustrador continúa con su tarea de recolector callejero. "Es un acto compulsivo", bromea.

La inauguración de la muestra coincide con el aniversario de la segunda fundación de Buenos Aires: 11 de junio de 1580. Las obras estarán expuestas hasta el sábado 25; después pasarán a la trastienda de la galería, donde estarán durante un mes disponibles para la venta, junto con el libro Buenos Aires y los títulos ilustrados para chicos.

Una cita porteña

  • La muestra "Buenos Aires" puede visitarse desde hoy, a las 17, hasta el 25 de junio, de martes a sábados, de 15 a 20, en galería Granada (Godoy Cruz 1644)
  • El sábado 25, a las 18, Bianchi presentará el libro junto con Washington Cucurto, Daniel Wolkowicz y Gustavo Darío López

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