El artista como voyeur: Jorge Macchi se inspira en la intimidad de personas anónimas
Una instalación que se exhibirá desde el jueves en el Museo Sívori parte de papeles con anotaciones y objetos hallados en la calle cerca de su taller, en Villa Crespo
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“No sé lo que me pasa, me siento fea, sin ganas, estoy con una incertidumbre constante que no me gusta”. Eso escribió alguien con birome azul, en letras mayúsculas, sobre un papel que Jorge Macchi encontró en la calle, hecho un bollo. Con las arrugas que le quedaron cual cicatrices se exhibirá desde el jueves en el Museo Sívori, como parte de la exposición titulada Retour.
Será una “remake” de Buenos Aires Tour (2004), con otra lógica: el artista ya no llega a distintos puntos de la ciudad guiado por el azar -la grieta de un vidrio roto colocada sobre un mapa-, sino que deambula por los alrededores de su taller en Villa Crespo hasta encontrar rastros inspiradores.
“Este es el corazón de la muestra”, dice Macchi a LA NACION mientras señala una vitrina. Allí presenta una colección única: decenas de papeles con anotaciones que, en la mayoría de los casos, apenas aspiraban a servir de ayuda a la memoria. Cuya vida útil estaba condenada al corto plazo y a un destino anónimo y solitario, como listas de compras con sus precios, destinos de viajes o recetas médicas.
“En general son textos que uno escribe para sí mismo, para acordarse de algo –explica-. Y en la medida en que ese papel ya no tiene sentido, se arroja la calle. Lo raro es que antes de tirarlo al espacio público se arruga para que nadie lo lea, para conservar la privacidad. Meterme en esa especie de monólogo tiene algo de voyeur, sin duda”.
Otras son más enigmáticas. “No le temo a la muerte”, se lee por ejemplo en un pequeño papel, con las últimas dos palabras subrayadas. “¿Por qué alguien escribiría esto? ¿Y por qué lo tiraría a la calle?”, se pregunta el artista, sin afán de dar respuestas. Esos hallazgos son apenas el puntapié inicial de las diversas piezas que conforman su instalación, acompañadas por textos que están más cerca de crear un misterio que de resolverlo. “Hay mucha información –agrega Macchi-, pero eso no hace que se resuelva el sentido. Siempre queda en suspenso”.
Ni el análisis grafológico de un manuscrito, realizado a la manera de Sophie Calle, permite descubrir la verdadera identidad de quien comenzó un manuscrito de la siguiente manera: “Hasta fines del año 2013 desarrollé mi labor profesional como integrante del Escalafón de Inteligencia Criminal de la P.F.A. [Policía Federal Argentina]”.
Hay algo de obsesión detectivesca, como la que tan bien retrata Paul Auster en Trilogía de Nueva York, en esos objetos que parecen pistas o pruebas. Como una mariposa con un ala rota, una muñeca sin un brazo o un pájaro muerto. Tras fotografiarlos, Macchi asoció las imágenes en dípticos por similitudes formales o conceptuales, o simplemente por capricho.
Esos diálogos alimentan la imaginación con potenciales historias. Tres cartas de la baraja española, por ejemplo, parecen devenir en tarot para alertar sobre desenlaces opuestos. Junto al Rey y al As de oros, se lee: “La persona que obtenga esta combinación de barajas verá que sus esfuerzos por fin brindarán frutos; en breve recibirá no solo reconocimiento por su labor, sino una buena ganancia económica”. A su lado, solitario, el 5 de espadas advierte que “las situaciones positivas se convertirán en desfavorables y conflictivas. Anuncia derrota, desgracia, fracaso, preocupaciones y remordimientos por los errores del pasado”.
La sensación de estar eligiendo la propia aventura se potencia con el aporte de Edgardo Rudnitzky, creador de un vinilo con dos lados muy distintos: uno blanco y uno negro. Ambos se basaron en registros sonoros realizados en los alrededores del taller, y en textos incluidos en los papeles encontrados. Hay un juego cortazariano, además, en la propuesta de concebir una pequeña novela a partir de páginas sueltas de varios libros, también halladas en la zona.
En este universo donde todo es posible, una lista de películas se transforma en los afiches realizados para promocionarlas; un dibujo con medidas, en un mueble; una guitarra rota, en un nido de aves, y una lista de ingredientes, en un menú gourmet. A modo de activación de la muestra, según se anunciará en la página del museo, la cocinera Belén González ofrecerá platos realizados en base a lo que indicaba uno de los papelitos callejeros: cúrcuma, paltas, ciruela, maní, arroz, lentejas y tofu, por mencionar algunos.
Esa experiencia ya se ofreció a un selecto grupo en 2023, cuando Macchi presentó esta investigación iniciada después de la pandemia como parte del ciclo Central de Procesos, en San Isidro. Entonces, Diego García Tedesco ofreció ensalada con palta grillada, lentejas rojas y aduki con crocante de cajú tostado; tofu a la plancha con cúrcuma y arroz basmati frito y hummus, y ciruelas laosianas con maní.
“Esa muestra sirvió como prueba. Era algo que estaba en proceso y ahora tomó forma”, dice Macchi en referencia a aquella propuesta que incluía una interacción lúdica con público de todas las edades. La forma que tomó ahora no sólo se refleja en una exposición en un museo sino también en un libro editado por KBB y realizado con apoyo de la Beca Fundación Ama Amoedo 2025.
“Fue diseñado por Mario Daniel Gemin, el mismo que diseñó Buenos Aires Tour hace más de veinte años”, apunta el artista en referencia a aquel otro realizado en colaboración con María Negroni y Rudnitzky. Retour viene en una caja que incluye también el vinilo de este último, dieciséis postales y ocho pósters. “Podés armar tu propia muestra en tu casa”, propone Macchi, con el mismo espíritu lúdico que inspira su instalación.
Para agendar:
Retour de Jorge Macchi en el Museo Sívori (Av. Infanta Isabel 555), desde el jueves a las 18 (con entrada gratis) hasta el 9 de agosto. Entrada general: $10.000. Miércoles gratis.
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