
El efecto Guggenheim
Ha sido Thomas Krenz, hasta 2008 número uno del Museo Guggenheim de Nueva York, el caballero de la mirada larga que imaginó expandir la marca de la sede de la Quinta Avenida a todo el planeta. En esa misión conquistó con éxito la base de Bilbao. Después fue Berlin y ahora es Abu Dabi, con aliados de hierro y enemigos de la misma dureza.
Hay quienes piensan que los museos no pueden ser administrados con el concepto de cadena, a la manera de McDonalds, abriendo sucursales aquí y allá. Son los ortodoxos del arte y dirigen su artillería contra el mandamás del Guggi.
Krenz planteó siempre lo contrario: un museo con varias sedes permite compartir los gastos de las muestras con una itinerancia programada y asegurada; se pueden fortalecer la campaña y el marketing pensando en públicos más amplios. Como botón de muestra alcanza con el Louvre. Ese gigantesco mausoleo del arte es un elefante blanco imposible de mantener. Abu Dabi promete aligerar la carga de manera considerable.
Bilbao fue la prueba de fuego y funcionó bien gracias a los euros de los vascos y al diseño de Frank Gehry, impactante en su momento inicial, aunque ahora deba enfrentar serios problemas de refacciones a un costo millonario. La humedad de la ría del Nervión ha hecho estragos en la piel de titanio. Ponerla a punto será una tarea muy ardua.
El desarrollo museístico del Golfo Pérsico le viene como anillo al dedo a personajes como Krenz, pero también a los arquitectos estrella: los Foster, Herzog, De Meuron y Nouvel, que ensayan sus piruetas más audaces por pedido de los jeques, con el riesgo futuro que implican estos delirantes diseños. Puede suceder... que no haya una pared recta para colgar un cuadro.
En su momento, durante la gestión radical, el Museo Guggenheim pudo haber tenido una sede en Buenos Aires. Hasta se hablaba de su emplazamiento en la zona de Puerto Madero y crecía la frecuencia de viajes a Nueva York de Darío Lopérfido, primero, y de Jorge Telerman, después. Pero la capital de los argentinos no es Abu Dabi. En nuestra lejana ciudad hay más historia que dinero y se exhibe una de las más importantes colecciones de arte del Cono Sur en nuestro museo mayor. De todos modos, la lección de los árabes marca un rumbo: construir identidad a través del arte. De las arenas del desierto llegan vientos de cambio.






