El libro póstumo de Andrea Camilleri, con fábulas modernas para lectores "de 0 a 99 años"

Camilleri y su pasión por los animales en un libro de cuentos que se publicó poco después de su muerte
Camilleri y su pasión por los animales en un libro de cuentos que se publicó poco después de su muerte Crédito: Antonello Nusca/Buenavista photo
Natalia Blanc
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24 de septiembre de 2020  • 11:02

"Si un autor escribe un libro significa que tiene sus motivos para hacerlo. Hay quien sostiene que existen autores, y serían la mayoría, que se ponen a escribir libros sin ningún motivo aparente. Pero yo no me lo creo, en el fondo, siempre hay una razón, incluso cuando solo sirve para que el autor vaya por ahí diciendo orgullosamente a todo el que se encuentra: '¿Sabe una cosa? ¡Este es mi libro!'. Yo, en este caso, por lo menos he tenido dos buenos motivos". En la nota que cierra La liebre que se burló de nosotros, Andrea Camilleri cuenta las razones que lo llevaron a escribir los doce cuentos que integran su único libro para lectores "de 0 a 99 años": expresar su amor y respeto por los animales en historias maravillosas (muchas, con gran sentido del humor) que pueden leerse como fábulas modernas.

Publicado por Duomo Ediciones en 2019, el volumen tomó forma en la primera década del 2000. Pero, lamentablemente, salió en Europa poco después de la muerte del escritor italiano (Sicilia, 1925-Roma, 2019). "Terminé de escribir estos relatos hace más de diez años. Si los publico ahora es porque he tenido la suerte de poder abrazar a Matilda y Andrea, mis bisnietas, a quienes dedico el libro", dice Camilleri a modo de despedida a los lectores.

Doce cuentos para lectores de todas las edades
Doce cuentos para lectores de todas las edades

Toda una rareza para los fanáticos de las novelas policiales protagonizadas por el comisario Salvo Montalvano, que hicieron famoso a Camilleri a nivel mundial desde el primer título de la serie, La forma del agua (1994), La liebre que se burló de nosotros tiene prólogo de Fernando Aramburu e ilustraciones del italiano Paolo Canevari, amigo de la familia del escritor desde la infancia. Y es precisamente a esa época a la que se remonta el autor para contar historias que suenan a recuerdos personales y anécdotas familiares. Algunas, muy disparatadas, como la del papagayo Pimpigallo, que aprendió a imitar su voz a la perfección. "Yo no sabía que un papagayo tan pequeño fuera capaz de hablar. Pero ¿cómo podía salir una voz tan gruesa y profunda como la mía de un animalito tan pequeño?", se pregunta en el cuento "Pimpigallo y el jilguero".

"En todos los cuentos, las personas y los animales comparten protagonismo en un ámbito a menudo familiar. Son historias, recuerdos, episodios, que ocurren en el país del autor, Italia, dentro de la casa o en parajes campestres localizables en el mapa: Sicilia, la Toscana", escribió Aramburu, que destaca que por las páginas del libro "no deambulan dragones ni animales fantásticos". Son liebres, jilgueros, gatos, perros, pavos, zorros, gatos, erizos y serpientes que se comportan como animales, no como seres humanos. "No hablan, ni conducen automóviles, ni llevan sombrero", aclara Aramburu. "Son, pues, idénticos a los animales que conocemos fuera de la literatura", agrega el escritor español, que define el libro como "delicioso". "Más allá de los buenos ratos de lectura que nos pueda deparar, apela directamente a nuestra conciencia, invitándonos a conocer más de cerca a los animales y a mirarlos con ojos distintos de los del depredador". Esa es la clave de este Camilleri para todo público, un libro que disfrutarán sus fans y también los que nunca lo leyeron; en especial, los chicos y adolescentes.

En una de sus últimas entrevistas, el best seller italiano (llegó a vender más de 35 millones de ejemplares en todo el mundo) había contado que su abuela Elvira le enseñó a respetar la naturaleza. "Mi abuela tendía a 'humanizar' a todos los animales que encontrábamos y, por tanto, era capaz de entablar conversación, por ejemplo, con un grillo que yo observaba fascinado. Mi abuela hablaba con el grillo, le daba un nombre, escuchaba sus respuestas y, créeme, conseguía entenderlo y hacerse entender".

Las ilustraciones fueron realizadas por el italiano Paolo Canevari, amigo de la familia Camilleri desde la infancia
Las ilustraciones fueron realizadas por el italiano Paolo Canevari, amigo de la familia Camilleri desde la infancia

En algunos cuentos, como en el que da título al libro y en "El hechizo del zorro", Camilleri apunta a resaltar su aversión a la caza. En otros, como "Los pavos no dan las gracias", critica de manera literaria la costumbre de los estadounidenses de cocinar un enorme pavo para celebrar su tradicional Día de gracias y, de paso, dar su opinión sobre la política mundial: "Alabada sea, pues, la dignidad de los pavos que mueren pero no dan las gracias. Mientras tanto hay numerosos jefes de Estado que, sentados a la mesa del poderoso aliado norteamericano como invitados de honor, terminan igual que los pavos. Y ellos, encima, dan las gracias". Y hay también relatos en los que, sin ofrecer una moraleja de manera directa, Camilleri habla sobre la lealtad, una forma de compromiso que, en ciertos casos, respetan más los animales que los seres humanos.

"Los pavos no dan las gracias" es una crítica directa a la política mundial
"Los pavos no dan las gracias" es una crítica directa a la política mundial

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