El origen del carmín
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Los nopales, uno de los cactus de la vasta familia Opuntia, son un testimonio de la creatividad humana. A simple vista, es otra suculenta adaptada a climas de sequía extrema, con hojas capaces de acumular agua y nutrientes, floración llamativa e incontables espinas muy pequeñas que se clavan en la piel al menor contacto. Así presentados, no sugieren ningún otro uso que el de decorar un rincón soleado del jardín. Y sin embargo su fruto, la tuna, es muy apreciado en México, donde –me cuenta mi querida amiga Paulina– la variedad más dulce y popular es la de color verde; sus hojas también se comen. Pero en la foto se ve una vuelta de tuerca. El hombre carga en la carretilla hojas de este cactus para alimentar cochinillas (Dactylopius coccus), insectos que parasitan los nopales (se los puede ver en las hojas colgadas) y producen un pigmento muy valorado, el ácido carmínico. De allí la palabra carmín.
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