Emboscado
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Entre ese follaje, agazapado entre las matas o –por qué no– encaramado en lo alto de alguna rama, aguarda, silencioso y presumiblemente letal, un tigre. El lugar es Walkerville, al sur de Johannesburgo. Las noticias indican que un tigre se escapó de un recinto quizás no tan bien custodiado, en una granja de la zona. Un perro muerto y un hombre herido: tales los resultados de las correrías del felino, que vaya a saberse si tiene conciencia de hasta qué punto se convirtió, él mismo, en presa ansiosamente buscada. En la imagen que aquí vemos, personal de la policía comunitaria discute sobre el posible paradero del fugitivo. Armas, incertidumbre y la angustia de quienes habitan por allí: la naturaleza no suele mostrar los dientes salvo cuando es el clima el que se encabrita; los tigres desatados no están en el libreto de esta época. Pese a que, como las brujas, que los hay, los hay.
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