Frankenstein es cordobés, vive en Parque Patricios y esta tarde bailará con Britney

El Frankenstein de Jair Jesús Toledo comparte una jaula con dos ratas y es feliz; la vida le da revancha
El Frankenstein de Jair Jesús Toledo comparte una jaula con dos ratas y es feliz; la vida le da revancha Crédito: Ignacio Iasparra/Movil
María Paula Zacharías
(0)
21 de septiembre de 2019  • 17:51

Se mueve lento y pesado, con sus grandes zapatos, su traje marrón con hombreras, la cara verde y roja, y cuatro tornillos, uno a cada lado del cuello y la frente. Frankestein habita una sala de arte en Parque Patricios, Móvil, a la que convirtió en una especie de ratonera, donde no está preso sino feliz. Reconciliado con su monstruosidad, baila, canta colgado de las paredes o gira en una rueda de hámster como si fuera las agujas de un reloj. Es un viajero en el tiempo al que la vida le da revancha.

Todos los sábados es posible contemplar cómo Jair Jesús Toledo, formado con Mariana de Caro y en la Universidad Di Tella, desarrolla esta performance titulada El Frankenstein. Una exhibición ritual en capítulos. Aquí el personaje encarnado por el artista nacido en Villa María, Córdoba, no sufre ni tiene problemas para conectar con los otros, y además, tiene segundas oportunidades en todas las deudas pendientes en la vida de quien lo encarna. Entonces, recibe clases de inglés o es moldeado con arcilla por su madre. Así, en cada jornada alguien lo visita para seguir cumpliendo deseos postergados.

Hoy, en el Día de la Primavera, será el turno de la Britney Cordobesa, un anhelo de juventud que nunca se concretó. Esta vez se dará el gusto de bailar con la chica de sus sueños, tan parecida a la estrella pop. "En la secundaria estábamos todos enamorados de ella. Nos reencontramos hace tres años en la feria de arte de Córdoba y empezamos a hacer performances juntos", cuenta.

Cada sábado pasa algo diferente en la vida de este Frankenstein que, a diferencia del original, es feliz y tiene amigos
Cada sábado pasa algo diferente en la vida de este Frankenstein que, a diferencia del original, es feliz y tiene amigos Crédito: Ignacio Iasparra/Movil

En el origen de todo, hay una proto-performance infantil. "Siempre en mis obras hay un componente autorreferencial. A los 8 años, gané un concurso de disfraces con un traje de Frankenstein. Y de ahí me quedó una cosa con Frankie. Me dicen que me parezco, que tengo una cara parecida. Y entonces se dio esta oportunidad. La performance es una estrategia para hacer de verdad algo que en la vida cotidiana no harías. El personaje me sirve para hacer en una misma obra cosas muy distintas: yo hago dibujos, saco fotos, estudié cine y actuación. Acá hice un frankenstein de todos mis intereses y personajes", explica el artista.

La música suele ser lúgubre, composición original de Fernando Tur, pero el sábado pasado hubo una excepción y sonaron temas populares, que el performer entonó colgado de los ganchos que hay en una pared, luego de traducir al inglés y bailar con su profesora el tema "Quisiera ser un pez", de Juan Luis Guerra. También tejió redes para aros de básquet , hizo instalaciones con frutas, corrió por las rampas y se colgó de una liana. A veces, se sube a una especie de chimenea para mostrar sus dibujos. Con la arcilla con la que lo cubrió su madre, creó después figuras con el público copiando un modelo vivo. Ahora están en exposición.

Esta encarnación es la opuesta a la del libro. "Hay que tener cuidado con las ficciones que uno encarna porque se te pegan. Este Frankie tiene amigos, aprende cosas y tiene una madre que lo quiere", explica. La vida de Toledo por ahora marcha sobre carriles y su obra es valorada. Integró la galería UV y sigue viviendo en la casa donde funciona ese espacio, donde organiza un festival de performance disidente.

"La muestra dura seis sábados. Hay una rutina que se repite, pero se agrega un elemento ritual distinto cada vez. Es un espacio donde ir descubriéndose en la otredad", señala Alejandra Aguado, directora del espacio junto con Solana Molina. "Nos reconcilia a todos con nuestra propia monstruosidad", agrega.

Hay dos mascotas, que son también productos de laboratorio (más bien sobrevivientes). Toledo las adoptó una vez que se cruzó con un hombre en el subte que las cargaba en su mochila. "Me contó que son de la especie que usan los laboratorios y que él las cría y las da en adopción a quien las quiera cuidar", explica. Las ratas observan desde su jaula como el artista pasea y se divierte en la propia. Una mamushka de jaulas. "Se llaman Mery-baby y Shelley-junior", cuenta. Un claro homenaje a la autora.

El cierre será a toda orquesta, el viernes 27, de 16 a 19, cuando empezará una maratón de baile de 24 horas, hasta las 19 del sábado 28. "Vamos a ver en qué se transforma eso. Es un delirio. Voy a tratar de resistir las 24 horas bailando". Será una gran prueba de amistad, hasta que el cuerpo aguante.

Para agendar

El Frankenstein. Una exhibición ritual en capítulos. Todos los sábados de 16 a 19, hasta el 28 de septiembre, en Móvil, Iguazú 451, Parque Patricios.

ADEMÁS

MÁS leídas ahora

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.