García Márquez sigue vivo en Texas, junto a Hemingway, Beckett y Mailer

Por qué el Harry Ransom Center es un santuario de la literatura único en el mundo
Pablo Ximénez de Sandoval
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3 de enero de 2015  

Todos los recuerdos de Gabriel García Márquez ocupan 2,6 metros cúbicos. Unas 40 cajas de cartón, atadas con plástico sobre dos palés de madera. Era su colección personal, que guardaba en su casa de México DF. Una vida. Así llegó el 16 de diciembre al Harry Ransom Center, en el campus de Austin de la Universidad de Texas. Dieciocho personas ayudaron a abrir las cajas. Tardarán un año en catalogarlo y dos en poder enseñarlo.

García Márquez murió el 17 de abril en su casa de México, a los 87 años. El 24 de noviembre, el Harry Ransom Center anunció la compra de su archivo. Una pregunta recorrió América latina: ¿Texas? ¿En serio? El objetivo es situarse en el mapa académico de América latina.

La venta había comenzado a negociarse en diciembre de 2013, como iniciativa de la familia, y terminó de concretarse en julio de 2014 por una cifra que no se hizo pública. Al día siguiente de recibir el material, Stephen Enniss, director de la institución, explicó: "Lo adquirimos para hacerlo accesible". La institución, fundada en 1957 con vocación de centro de investigación, lleva 50 años construyendo un gran mausoleo de las humanidades. "Se estableció para hacer una colección de verdadera distinción." Compró una de las cinco biblias completas de Gutenberg que existen en EE.UU.; tres copias del Primer folio, de Shakespeare; el archivo de James Joyce. Hoy posee más de 40 millones de papeles, entre ellos, 38.000 cajas de manuscritos. "Cuando una colección viene aquí, trae consigo esa pregunta: ¿Por qué a Texas?", reconoce Charles H. Hale, director del Instituto Teresa Lozano de Estudios Latinoamericanos (Llilas, por su sigla en inglés) de la Universidad, conocida como la que tiene más especialistas en América latina del país. La compra del archivo de García Márquez transmite un compromiso de la casa de estudios, "asegurarnos de que el estudio va a involucrar a instituciones latinoamericanas", señala Hale.

Una visita a los archivos del Harry Ransom Center tiene algo de mágico. Para Megan Barnard, directora de Adquisiciones, abrir cualquier carpeta de cartón es descubrir un tesoro. De una sale un folio manuscrito con un soneto que Jorge Luis Borges le dedicó a Texas. Los renglones están torcidos y la caligrafía es gorda. Borges estaba ciego cuando escribió este papel. Al lado, otro manuscrito con la caligrafía minúscula y cuadriculada con la que escribía años antes. Después, se abre un cuaderno con el primer borrador de Watt, de Samuel Beckett. Al lado, la primera versión de Muerte en la tarde, de Ernest Hemingway. También hay cuatro versiones distintas del principio de Vida y época de Michael K., de J.M. Coetzee, quien ha legado todos sus papeles en vida a la institución. Comparándolas se aprecia que el Nobel sudafricano empezó la novela con la madre de Michael K. hablando en primera persona. También probó con el niño hablando en primera persona. Luego, como una narración. En este rincón de Austin se puede entrar en una sala de lectura y pedir que te las enseñen, para eso están.

Ésta es la misión de la Universidad de Texas. No se trata de impresionar a mitómanos, sino de poner a disposición del público las tripas del proceso creativo de los autores más aclamados. "Éste es el tipo de material que queremos", dice Barnard. "Un investigador abre esto y puede pasar horas estudiando el proceso creativo de un autor." El centro recibe 10.000 personas al año en su sala de lectura. A partir de ahora, habrá muchos más hispanohablantes.

El nivel Austin

Se podría decir que ya existe un nivel entre los escritores o personajes históricos: el nivel Austin. Que tus objetos personales se conserven y se puedan consultar en esta universidad. Así se explica que desde hace años las adquisiciones se estén negociando con personas vivas. Coetzee es un ejemplo. Norman Mailer comenzó a enviar sus papeles dos años antes de morir. En 2009, el actor Robert De Niro les vendió por cuatro millones de euros 1300 cajas de recuerdos que guardaba en su casa: guiones anotados, fotos con pruebas de maquillaje, trajes de sus películas, la licencia de taxista que se sacó para Taxi Driver. También están aquí los papeles originales con los que Bob Woodward y Carl Bernstein investigaron el escándalo Watergate. Se pueden consultar sus libretas de reporteros, llenas de teléfonos y notas apresuradas.

En este sentido, los papeles del escritor colombiano serán un imán. "El archivo de García Márquez estudiado durante décadas", dice Stephen Enniss, que fue en julio a la casa del autor en México para hablar con la familia y hacer una valoración de lo que allí había. Con él viajó José Montelongo, especialista en literatura mexicana del Llilas. Estuvo un día en aquella casa hurgando entre los papeles y dice que "ver cómo se editaba a sí mismo un autor como García Márquez va a ser un agasajo para los investigadores, críticos y admiradores". Entre los libros hay una primera copia de Cien años de soledad, el borrador del discurso de aceptación del Nobel, varias versiones de Crónica de una muerte anunciada y El amor en los tiempos del cólera. Las diez versiones de su novela inacabada, En agosto nos vemos. La última de ellas sigue teniendo correcciones, por lo que él no consideraba que estuviera lista.

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