La biblioteca del Nobel: seis indispensables de Peter Handke

Daniel Gigena
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10 de octubre de 2019  • 15:02

En la amplia narrativa del flamante Premio Nobel de Literatura 2019, el austriaco Peter Handke, figuran tempranas obras teatrales, ensayos meditativos y aparentes libros de viajes amalgamados con observaciones sobre la naturaleza, la naturaleza humana y el discreto arte de la espontaneidad, además de novelas de tono desesperanzado y aun así hipnóticas. La infinidad de tramas íntimas, sociales y políticas que conviven en libros como La repetición, La ausencia y La noche del Morava deshace, en cierto sentido, la idea convencional de trama.

Desde el comienzo, Handke estuvo más preocupado por los aspectos formales de su escritura (a los que engloba en el decimonónico concepto de "invención") que por cuestiones temáticas o genéricas. En sus libros, la simple experiencia de una caminata por el bosque o un paseo absorto por la ciudad se puede convertir en una aventura existencial de consecuencias imprevistas. Es autor también de recomendables libros de ensayos sobre arte y literatura como Lento en la sombra y Contra el sueño profundo.

El miedo del portero al penalty (1970), también conocida como El miedo del arquero al penal, transcurre en la Alemania de posguerra. Handke, que aún vivía en Berlín, imagina la historia de un "femicida por accidente", Joseph Bloch, exarquero de fútbol que ha cometido un asesinato inexplicable en la periferia de Viena. A medias oculto en un pueblo de frontera, sigue su vida en el marco de una normalidad que la escritura de Handke termina por revelar como insensata y mecánica. "De vuelta en el pueblo, Bloch se sentó en un café y se quedó mirando un juego de cartas. Empezó a discutir con el jugador que estaba delante de él. Los otros jugadores obligaron a Bloch a que se marchara. Bloch fue a la habitación trasera. Allí estaban dando una conferencia con proyecciones. Bloch se quedó un rato mirando. Era la conferencia sobre los hospitales de órdenes religiosas en el sureste de Asia. Bloch, que había estado todo el rato hablando en voz alta empezó, a discutir otra vez con la gente. Se dio la vuelta y se marchó", se lee en esta novela emparentada con El extranjero, de Albert Camus. Wim Wenders, amigo y socio creativo del escritor, llevó al cine esta novela en 1972.

Desgracia impeorable (1972) es una breve e intensa novela donde el narrador evoca a su madre e intenta explicarse el suicidio de la mujer. La madre de Handke, una inmigrante, se había suicidado en 1971. Sin embargo, el protagonista de la novela es un joven escritor que, siete semanas después del suicidio de su madre, que estaba gravemente enferma, decide volver a escribir para desembarazarse del estupor profundo en que ha quedado. Crónica del duelo y a la vez una descripción detallada de la angustia del escritor a la hora de retomar su absurda tarea, Desgracia impeorable no reconstruye la vida de la madre de Handke sino el trabajo del duelo posterior a una pérdida de semejante magnitud. "Más adelante escribiré algo más preciso sobre todo esto", promete el narrador antes del punto final.

El momento de la sensación verdadera (1977) Gregor Keuschnig, personaje que por su nombre y ciertas características parece un pariente lejano del kafkiano Gregor Samsa, ha soñado que asesinaba a un hombre. A partir de ese hecho, su conciencia del mundo y de sí mismo cambian para siempre y, en camino a su transformación, "en busca de la hora de la verdadera sensación", abandona su puesto de trabajo en la embajada de Austria, en Francia, a su mujer y a su amante. De ahí en más, será atraído por una constelación de objetos que hasta entonces no había visto nunca antes (y menos todavía como signos de salvación): una hoja de árbol otoñal, un pequeño espejo de bolsillo o la hebilla de una niña. Veinte años después, el mismo personaje reaparece en El año que pasé en la bahía de nadie, de 1994.

Lento regreso (1979) es uno de los libros claves de la "literatura errante" de Handke. Narra el recorrido de Valentín Sorger, personaje de origen centroeuropeo, desde Alaska (el "Gran Norte") hasta la Costa Oeste norteamericana, y de allí a Nueva York. Es, también, un retorno imposible al país de la infancia que, en la obra de Handke como en la de muchos otros escritores, se asocia con la alegría y los sentimientos puros. "Sorger había sobrevivido a algunos seres humanos próximos a él y ya no sentía ninguna nostalgia, sin embargo experimentaba a menudo un gusto desinteresado por la existencia y de vez en cuando una necesidad de salvación que se había convertido en algo animal y que pesaba sobre sus párpados", se lee al inicio de Lento regreso, obra que guarda cierto parentesco "espiritual", por su insistencia en la salvación a través de cambios asociados con nuevos puntos de vista, con El momento de la sensación verdadera.

El chino del dolor (1983) está ambientada en las afueras de Salzburgo y la protagoniza Andreas Loser, un profesor de lenguas muertas, separado de su mujer y de sus hijos, que intenta vivir (pese al pesimismo que lo embarga) en la pura contemplación. Un día tropieza con un transeúnte y lo hace caer al suelo. A partir de ese episodio banal, y por medio de un esfuerzo por revivir la experiencia ajena, se construye una historia que no esconde críticas al extremismo ideológico en las grandes ciudades europeas. En los primeras páginas, Handke establece un tono despojado y distante: "Un trolebús gira para entrar en el recodo de la estación final; un largo vehículo articulado. Baja gente diversa, escolares, nativos y algunos extranjeros (éstos viven en unas pocas casas de madera), todos con prisas; sólo los niños remolonean. Todos pasan a la vez por el pequeño puente del canal, seguidos por algunos jóvenes en sus bicicletas, que de día las dejan colocadas al lado de la estación, y junto con ellos llegan a la urbanización que, desierta hace un momento, ahora de repente parece populosa. Unos perros se acercan corriendo a las puertas de los jardines. A la entrada de la urbanización, la cabina de teléfonos, hace un instante tétrica, transparente y vacía, se oscurece ahora debido a los usuarios y a los que esperan fuera".

Ensayo sobre el cansancio (1989) integra una serie de exitosos escritos meditativos de Handke, junto con Ensayo sobre el jukebox, Ensayo sobre el día logrado y Ensayo sobre el lugar silencioso. Mediante esa forma original, que dio origen a imitadores en varias lenguas y latitudes, el austriaco aplica un estilo tan informal como informado en materias difíciles de asir con palabras. En este volumen, donde vuelve su mirada sobre el hombre contemporáneo en principio representado por él mismo, el autor distingue entre "cansancios buenos" y "cansancios malos". Entre los primeros, menciona uno que da origen a un tipo especial de narración, a la que Handke, no tan secretamente, aspira. Así lo define: "El arte de narrar como la forma de hablar más generosa y que originariamente está más libre, casi siempre, de las opiniones del que narra".

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