Quién es Peter Handke, el escritor austríaco que ganó el Premio Nobel

El escritor austríaco nació en 1942, es además guionista, dramaturgo y director de cine; ganó el premio Nobel de Literatura 2019
El escritor austríaco nació en 1942, es además guionista, dramaturgo y director de cine; ganó el premio Nobel de Literatura 2019 Crédito: Barbara Gindl / APA / AFP
Daniel Gigena
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10 de octubre de 2019  • 10:12

Cronista de la locura ordinaria, narrador sonámbulo, artífice de una teoría de la percepción, el escritor, dramaturgo y cineasta Peter Handke (Griffen, 1942) resultó elegido Premio Nobel de Literatura 2019. A diferencia de lo que ocurre con la obra de su colega polaca Olga Tokarczuk, ganadora del galardón por 2018 que también se anunció esta mañana, Handke es un autor muy apreciado en la Argentina. Se puede decir que sus primeros ensayos meditativos publicados en la década de 1990, como Ensayo sobre el cansancio y Ensayo sobre el jukebox, dejaron huella en varios narradores locales.

Su literatura, que requiere una lectura atenta, constituye uno de los proyectos estéticos más singulares iniciados en la segunda mitad del siglo XX. Al principio enrolada en la Nueva Subjetividad, su producción pasó de la experimentación de vanguardia de los años 60, con piezas teatrales como Gaspar e Insultos al público (en la que cuatro actores interpelan a los asistentes) y El pupilo quiere ser tutor, a las primeras novelas donde aún predominaban la trama y los personajes, como en Los avispones, de 1966, y El miedo del portero al penalti, de 1970, protagonizada por un arquero de fútbol que ha cometido un asesinato. Handke reveló que su amor por la literatura comenzó en la adolescencia, cuando era alumno pupilo.

Desde la década de 1970, una vez instalado en Francia, Handke inicia un lento camino de introspección y ensimismamiento narrativo que, sin embargo, evita siempre con cuidado el gesto autobiográfico. Si bien circunstancias personales como un viaje a Estados Unidos luego de la separación de su mujer o, mucho más terrible, el suicidio de su madre están presentes en obras como Carta breve para un largo adiós (1972) y la inquietante Desgracia impeorable, del mismo año, las novelas de Handke esquivan la narración pormenorizada de desencuentros, neurosis y angustias. En ese sentido, los libros de Handke son lo opuesto a las novelas de un Karl Ove Knausgård. En 1973, recibió el prestigioso premio Georg Büchner y, en 1975, el premio Franz Kafka. Ambos autores, así como también J. W. Goethe, Charles Dickens, William Faulkner y Walter Benjamin, se pueden considerar precursores de la obra handkeana.

"La experiencia de la verdad, cuando se intenta hacer su relato, hace nacer, por sí misma, la invención -escribió Handke en Historia del lápiz, de 1991-. Las circunstancias exteriores se disipan entonces necesariamente para volver sensible la verdad y luego retoman su lugar en la invención". Esa premisa domina grandes novelas del Nobel de Literatura 2019, como La repetición, de 1991, y El año que pasé en la bahía de nadie, de 1994. Sus "experimentos con la verdad" también fueron puestos a prueba cuando llevó al cine obras propias, como hizo con La mujer zurda y La ausencia. Gran parte de la obra de Handke ha sido publicada por el sello español Alianza, aunque en la Argentina editoriales como El Cuenco de Plata, Adriana Hidalgo, Eterna Cadencia y Edhasa tienen en sus catálogos títulos destacados del autor.

Se debe mencionar, además, el conjunto de libros motivados por viajes de personajes (como él) errantes: Lento regreso (1979), o el polémico Un viaje de invierno a los ríos Danubio, Save, Morava y Drina, o justicia para Serbia, de 1996. En este último libro, el escritor "ajusta cuentas" con quienes lo acusaron de apoyar la causa serbia durante la Guerra de los Balcanes. En 1990, Handke se opuso a los ataques de la OTAN y a la criminalización del pueblo serbio. Por ese motivo, se lo consideró un aliado de Slobodan Milosevic, responsable de espantosos crímenes de guerra en ese conflicto. En 2006, cuando Handke era candidato a recibir el Premio Heine, una campaña en su contra, que recordaba aquella toma de posición pública, lo obligó a renunciar. El escritor había asistido al funeral del dictador, que había fallecido en prisión. Escritores y cineastas como Elfriede Jelinek, Wim Wenders, Emir Kusturica y Patrick Modiano salieron en su defensa. En La noche del Morava, de 2008, el autor regresa con su particular estilo al territorio de los Balcanes.

"Hoy, la literatura está en peligro de volverse periodística, de resultar indistinguible del periodismo -declaró en una entrevista con el diario El País, en 2015-. Cuando lo precioso de la literatura es la ficción, la transformación, el relato sin receta previa. En el periodismo todo es receta, todo son moldes y pautas que se pueden aprender. La literatura no se puede aprender. Como mucho, se puede aprender lo que no hay que hacer". En ese lento proceso de desaprendizaje, avanza la escritura de Peter Handke, flamante Nobel de Literatura.

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