La compasión
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En el poema “Los justos” Borges incluía al “que acaricia a un animal dormido”. Probablemente –como sugiere el final de este mismo poema– salvar al mundo, en el sentido más profundo del término, no pase ni por abrazar determinada fe ni por convertirse en un adalid de las buenas causas, ni por optar por algún tipo de bienintencionada desmesura; puede que se trate, apenas, de estar despierto ante la belleza; puede que involucre, simplemente, la pequeña decisión de repudiar la crueldad. El clérigo iraní Sayed Mahdi Tabatabaei no citó a Borges, pero sí a la posibilidad de la compasión cuando, a contramano de algunas costumbres locales, comenzó a rescatar animales callejeros lastimados. La conmoción de la belleza a veces radica en los ojos abismales de una mascota; las vueltas de la bondad, en aceptar un lazo más allá de las cómodas fronteras del lenguaje.
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