La pintura está viva, piedra libre para pintar
Si algo faltaba para confirmar que la pintura está más viva que nunca y que la muerte anunciada no llegó jamás, Roberta Smith, crítica de The New York Times , lanzó el último domingo un alegato en defensa del caballete, los pinceles y el lienzo, con el título "En el siglo XXI, la pintura todavía no está seca". El medio y el soporte que hicieron grandes a Velázquez, Vermeer y Bacon es revisitado hoy por miles de jóvenes de todas partes, por mujeres que a la edad madura hacen cola en los talleres para mejorar la impronta amateur y de artistas decididos a pintar, a pesar de los cantos agoreros y de los mandatos del conceptualismo a ultranza. La tendencia, registrada por adn cultura en junio de 2007, ha dado en tiempos recientes ejemplos virtuosos en las obras de Nahuel Vecino, Juan Tessi, Lorena Ventimiglia, Martín Legón, Julio Lépez, Mateo Arguello Pitt, Juan Becú, Bruno Grisanti... y la lista sigue.
Roberta Smith considera el momento actual tan pictórico como lo fueron las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del XX. Nunca hubo tanta libertad para derivar de la geometría a la figuración, para detenerse en paisajes románticos, escenas intimistas, flores o en recortes realistas de la vida cotidiana.
Hay momentos en la historia del arte, y el futurismo fue uno de ellos, en los que el vigor de los creadores rompe con los moldes y los formatos establecidos en busca de otros caminos. Curiosamente, lo nuevo en estos días de expansión de las fronteras del arte, cuando conviven nuevos y viejos medios, es el regreso al orden, a la disciplina, a la buena factura para pintar cuadros que todos pueden comprender y amar a primera vista, sin que esta virtud se convierte en debilidad; a enamorarse de la figuración, sin que esto implique dogmatismo ni connotación de belleza.
Los viejos hábitos, dice Smith, no mueren de un día para el otro. En todo caso, pueden reinventarse y llamarse, por ejemplo, "figuración freaky ", una práctica contemporánea que combina psicodelia y surrealismo, coartada perfecta para darle nuevo impulso a la vieja pintura.





