La Roma de Piranesi
Hasta fin de mes, el Museo Juan B. Castagnino, de Rosario, exhibe un vasto conjunto de aguafuertes del maestro italiano pertenecientes a la Fundación Antonio Mazotta, de Milán
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ROSARIO.- Hacia la primera mitad del siglo XVIII Venecia era uno de los centros más productivos del grabado en Europa. En ella surgieron nuevos géneros como la Veduta o vista topográfica y el Capriccio, o arquitectura fantástica, ambos cultivados tempranamente por Piranesi. En sus aguafuertes, el artista operaba con puntas de distinto grosor. A diferencia de Rembrandt y como su coterráneo Canaletto, éste no cruzaba las líneas, sino que se valía de trazos de diferente anchura. Con ello sugería una amplia gama de gradaciones de luz, creando efectos de retroceso de las formas y las superficies que le permitían una mayor ilusión de profundidad. La densidad lineal de tales incisiones generaba una atmósfera más tangible y un delicado tratamiento lumínico.
El impacto visual ante la contemplación de la Ciudad Eterna dejó una huella indeleble en el ánimo piranesiano. En 1748 comenzó su monumental serie de las Vedute di Roma , compuesta por 137 planchas de gran formato, comprendidas las dos portadas. Estas vistas panorámicas, basadas en estructuras a gran escala, constituyen un testimonio de excepción para cotejar los diversos cambios técnicos y las preocupaciones teóricas presentes en la obra del aguafuertista veneciano.
Se trata del más completo relevamiento iconográfico de los diferentes sitios históricos y monumentos arqueológicos existentes a la época. Así, aparecen, entre otros, las columnas Trajana y Antonina, el Panteón de Agripa, el Coliseo, la Pirámide Cestia, el Mausoleo de Adriano, la Fontana di Trevi, Piazza del Popolo, Navona, Rotonda, Campidoglio, Spagna, y varios interiores de edificios, como las basílicas de San Pedro, Santa María Mayor y San Juan de Letrán.
En relación con el método de trabajo empleado por Piranesi, uno de los aspectos más asombrosos era la rapidez con que captaba una vista. Igualmente notoria era su destreza para esquematizar los detalles, por medio de bocetos muy escuetos, que luego trasladaba a las matrices de cobre. Dichos esbozos, realizados a la sanguina y con pluma, constituían sus únicas referencias documentales. En este sentido, el artista veneciano llegó a transformar la temática convencional de la Veduta , de mero recuerdo topográfico en imágenes de fuerte expresividad.
El corpus de las Vedute di Roma presenta contrastes estilísticos entre las composiciones juveniles y las maduras. Las primeras resultan más anecdóticas y atmosféricas, siguiendo la tradición veneciana de los espacios alargados, inmersos en una difusa luminosidad. Las segundas, de carácter más celebrativo, se concentran en el énfasis visual del monumento o el vestigio arquitectónico. Para ello, Piranesi amplificaba escenográficamente el motivo, a través de dramáticos tonos de claroscuro.
La presencia humana constituye otro elemento de relevancia en las Vedute . Los personajes empequeñecidos contribuyen a destacar, aún más, la escala monumental de la arquitectura.
Dentro de un tono más onírico y sublime, las láminas de la Gran Cascada de Tívoli y las ruinas de la Villa Adriana exhiben la aproximación directa a la naturaleza y al género del paisaje. Esto se percibe en el tratamiento vigoroso del agua y de la vegetación.
En 1756 la presentación pública de los cuatro volúmenes de las Antigüedades Romanas indicó un giro decisivo en el desarrollo de la investigación arqueológica. En ellos, Piranesi condensaba el estudio de las estructuras de los monumentos y el inventario del estado de las tumbas de la Via Appia. Novedosos resultan los grupos coordinados de imágenes que, de acuerdo con secuencias yuxtapuestas, presentan al observador un cuadro completo de determinados monumentos. Un ejemplo paradigmático del afán enciclopédico de Piranesi lo constituyen las seis láminas descriptivas del Sepulcro de Cecilia Metella, en las que se consigna el entero proceso de su construcción.





