La sombra machista oscurece el festival

En 2015 Gijón se hizo eco de #NiUnaMenos, pero ahora no incluyó autoras entre los finalistas
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16 de julio de 2016  

GIJÓN.- La polémica estalló con virulencia primero en las redes sociales, cuando se hicieron públicas las obras finalistas del premio Dashiel Hammett de novela negra que ganó ayer el argentino Marcelo Luján. Y aún no se ha zanjado, a pesar de la buena voluntad de las partes y de los visibles intentos de moderación durante esta Semana Negra de Gijón, en su XXIX edición que termina mañana.

La piedra del escándalo fue la ausencia de mujeres en las listas de finalistas, no sólo al Hammett, sino al Premio Memorial Silverio Cañada a la mejor ópera prima policíaca, el Rodolfo Walsh de no ficción, el Espartaco a la mejor novela histórica y el Celsius a la mejor novela de fantasía y ciencia ficción. Y las escritoras están en flagrante y hasta desproporcionada minoría en la lista de invitados, entre los que destacan Petros Màrkaris, Leonardo Padura o Lorenzo Silva.

Pero la cosa no acaba allí -o viene de lejos-, porque en sus 29 ediciones el prestigioso Hammett lo ha ganado sólo una mujer: la zaragozana Cristina Fallarás, en 2012, por Las niñas perdidas. "El machismo no ha cambiado en todos estos años; sí la cantidad de escritoras de género en Argentina y México, sobre todo. Este problema viejo y casposo se podría haber evitado sólo contando con ellas. Un problema que los lectores ya han superado porque leen a Dolores Redondo o a Gabriela Cabezón Cámara, pero ellas no están en Gijón. El festival atrasa y ya no me merece confianza", dice Fallarás desde Madrid.

Lo irónico del caso es que la Semana Negra (SN), de explícita ideología progresista desde sus orígenes, ha hecho mérito suficiente en cuestiones de género en su historia. Organizó campañas como "El amor no es la hostia" contra el maltrato y recogió 800 zapatos por las 800 víctimas de la violencia machista en la península ibérica. En2015, incluso, se hizo eco de la movilización social #NiUnaMenos con la participación de escritoras de Argentina y Uruguay como Selva Almada, María Inés Krimer, Gabriela Cabezón Cámara, Tatiana Goransky y Mercedes Rosende. Repasa todas esas iniciativas el director de la SN Ángel de la Calle, un poco dolido por las acusaciones, y con espíritu de enmienda. "El machismo ha existido y existe tanto en el género negro como en la literatura en general y el resto de la sociedad. "Podemos hacer más y estaremos muy atentos". El director cree que polémica está cerrada con la publicación de un comunicado de la SN, entre un mea culpa y un compromiso a futuro, y no es así. No lo cree Rosa Ribas, que participa aquí con Si no, lo matamos. Para ella, que arañó una mención especial del Hammett en 2014, se trata de un "descuido" en la preselección de obras. "La novela negra en el ámbito hispanohablante sigue siendo eminentemente machista. Sólo basta leer el manifiesto de la SN contra la violencia de género que es un texto paternalista."

Otro tanto cree la dama del crimen porteña Claudia Piñeiro, que debuta en la SN y esperaba la invitación al festival desde que publicó Las viudas de los jueves, hace más de diez años. "Los cupos me molestan, pero quizá la igualdad habría que forzarla", dice la autora de Una suerte pequeña (Alfaguara), "porque siguen habiendo muchos prejuicios y lo masculino se impone en todos los ámbitos".

Tampoco está a favor de las cuotas, "pero sí de una mayor conciencia y sensibilidad de género" Berna Gonzáles Harbour, otro peso pesado del género en España, cuya última novela, Los ciervos llegan sin avisar (RBA), quizá merecía estar entre los finalistas al Hammett. "El festival se ha comprometido a incorporar esta sensibilidad en los premios y yo estaré vigilante para que suceda, porque no la han tenido en esta edición y eso los desprestigia", dispara la ex directora del suplemento Babelia de El País, que sabe perfectamente en qué consiste eso de propiciar la igualdad.

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