Las huellas
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Hay una, la más famosa de todas, que anda suspendida en el espacio, impresa desde julio de 1969 hasta vaya a saberse cuándo sobre la superficie de la Luna. Sin atmósfera, campo magnético, agua ni seres que puedan ir y venir sobre ella, la pisada de Neil Armstrong está destinada a permanecer indeleble por un tiempo que escapa a las ínfimas posibilidades humanas. Distinto ocurre con las huellas que, como las de esta foto, se marcan en la arena a sabiendas de que pronto no estarán. “Para ir más despacio no se ha encontrado nada mejor que andar”, dice el Frédéric Gros en Andar. Una filosofía. No fue buscada la lentitud que, sobre la ríspida superficie de la Luna, gobernó los eternos pasos de Armstrong. No es buscada la fugacidad que signa la marcha que vemos aquí: pescadores en busca de sustento en la India, inmersos en lo inagotable de sus únicas, valiosas y pasajeras vidas.
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