
Los jóvenes también aprenden a discutir y saber argumentar
Unos 400 alumnos del secundario compitieron en un encuentro intercolegial
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Los abogados del demandante, un joven deportista que perdió las piernas en un accidente y solicitó que el Estado lo proveyera de un par de prótesis especiales para poder competir, sostenían que el Estado tiene la obligación de brindar los estímulos necesarios y de dar la posibilidad de igualar las capacidades diferentes.
Enfrente, los letrados del Estado explicaban que las partidas presupuestarias ya habían sido asignadas y que, si hacían una excepción en favor del querellante, sentaría un precedente que desequilibraría la economía de la Secretaría de Deportes.
Las firmes convicciones de ambas partes contribuían a que la sala pareciera un juzgado. Pero era un aula del campus de la Universidad de San Andrés (Udesa), que organizó una competencia intercolegial de alegatos, convocatoria que reunió a más de 400 alumnos, de 44 colegios secundarios, y a 40 jueces.
Durante cinco días, distintos equipos de hasta cuatro alumnos expusieron sus alegatos en sesiones ante jurados compuestos por jueces reales (de primera instancia y camaristas), que evaluaron la claridad y organización de las exposiciones, la precisión del lenguaje, la oratoria y la solidez de los argumentos, entre otras virtudes.
La instancia final sorprendió positivamente por su diversidad: compitieron alumnas del colegio St. Catherine s Moorlands, de Tortuguitas, y del colegio La Candelaria, un instituto parroquial de Floresta, al que asisten 400 alumnos, cuyas familias pertenecen, en su mayoría, a sectores sociales medios y bajos.
El propósito de la competencia era promover la práctica del diálogo y la discusión racional entre estudiantes del secundario, mediante el uso de herramientas argumentativas eficaces.
Superar barreras
"Cuando vimos que participarían colegios con nombres ingleses y muy buenos, nunca pensamos que llegaríamos a esta etapa", confesó Emanuel Bermieri, de 5° año, uno de los oradores finalistas, junto con las gemelas Lucía y Mirna Campos y Matías Luque. En el colegio al que asiste hay sólo una computadora y está ubicada en el despacho de la rectora, Lucía Gargaglione.
"Nuestra infraestructura es sencilla. Es muy importante que nuestros chicos tengan la oportunidad de conocer un ámbito universitario tan distinto del que imaginan. Acá hay por lo menos una computadora por alumno. Nos emociona estar aquí y haber llegado tan lejos. Cuando hay conocimiento y voluntad, se superan todas las barreras", destacó, sorprendida, la rectora.
Y ese espíritu se mantuvo a lo largo de todo el debate final. Sentados en la última fila, sus compañeros Melisa Bodnar, Malena Rotondo, Jorge Vetere y Sheila Fernández movían los pies y se comían las uñas, claros signos de nerviosismo, mientras la profesora de lengua que los había asesorado en la preparación, Irma Currás, se agarraba la cabeza.
"Vinimos a alentarlos, porque preparamos esto entre todos. Hasta nos hicimos amigos de la bibliotecaria, a quien recurrimos durante horas porque hay millones de libros para consultar. En nuestra escuela hay sólo 2000", contó Sheila. Y era cierto. Poco antes de que la sesión comenzara, la bibliotecaria de la universidad se acercó a saludarlos y a desearles suerte en la exposición.
Los alumnos se prepararon durante el receso invernal. "Las dos planeamos estudiar derecho y nos interesó esta competencia para saber qué vendrá después. Y está bien llegar a la final, porque nos motiva a seguir con nuestras ganas de estudiar esta carrera", dijeron las "abogadas" defensoras del Estado, Lucila González, de 18 años, y Pilar Mele, de 17, del St. Catherine s.
"Es evidente que hay gente joven que toma en serio estas cosas", señaló el coordinador de la competencia, Lucas Grosman. De la iniciativa, organizada por el Area de Derecho de la universidad, que conduce Martín Böhmer, también participaron el colegio Martín y Omar, Nacional de Buenos Aires, San Andrés, San Juan el Precursor, San Marcos, la Escuela Técnica N° 2 Osvaldo Magnasco y la ORT, entre otros.
Y la emoción se mantuvo hasta último momento. Los jueces camaristas Martín Farrell, Leonardo Pitlevnik y Fernando Racimo, que se hicieron de un tiempo para participar como jurados de la final, tardaron en deliberar. Las dos presentaciones les parecían excelentes.
Cuando se pronunciaron en favor de los argumentos de La Candelaria, se oyeron gritos de festejo. Eran los compañeros del fondo, que estaban felices. La rectora, en cambio, no gritó, pero esbozó más de una lágrima.
Una experiencia con futuro
- Es la primera vez que la Universidad de San Andrés organiza una competencia intercolegial de alegatos. Dada la gran convocatoria, sus autoridades analizaban la posibilidad de repetir la iniciativa. "Notamos un déficit en la capacidad de los estudiantes para armar argumentos, defenderlos, explicarlos y expresarse. Por eso organizamos este debate, que superó nuestras expectativas. La sed de los colegios por participar fue increíble", contó a LA NACION el director de la carrera de abogacía de esa universidad, Martin Böhmer.





