Smartphones, redes sociales y el sexo
4 minutos de lectura'


Ya es el colmo. Aunque intuí desde que empezó a irrumpir en nuestras vidas que este aparato traía algo muy parecido a la adicción, hoy se ha transformado en un artefacto imprescindible. Pero lo que no puedo admitir es lo que reveló un estudio científico publicado en el Financial Times. “¿Por qué las tasas de natalidad están cayendo en todas partes al mismo tiempo?”, es el título de la nota del diario británico. “El número de nacimientos cayó primero y más rápidamente en las zonas que más temprano recibieron conectividad móvil de alta velocidad”, agrega en su introducción. La conclusión del análisis de John Burn-Murdoch, autor de la nota, no podía ser más desalentadora: uno de los principales factores es el uso intensivo del smartphone.
Burn-Murdoch cita una investigación de Nathan Hudson y Hernan Moscoso-Boedo, de la Universidad de Cincinnati, que concluye que la natalidad cae más rápido en los países donde la internet móvil de alta velocidad llegó antes. No es solo el celular inteligente, sino, sobre todo, el uso intensivo de las redes sociales. “Los smartphones y las redes sociales son en gran parte aceleradores, amplificadores e ‘internacionalizadores’ de los cambios sociales/culturales que han estado desplegándose lentamente durante décadas, si no más”, agregó el colega en su cuenta de X.
Coincidió así con Jesús Fernández-Villaverde, un economista experto en demografía de la Universidad de Pensilvania. “Donde las redes sociales en general, y los teléfonos inteligentes en particular, importan es en la difusión de normas sociales. Lo que habría tomado 25 años ahora sucede en 10. Las redes sociales no son la causa del declive en la fertilidad; la modernidad lo es. Pero son un acelerador muy rápido”, tuiteó en respuesta a la publicación de Burn-Murdoch.
“Donde las redes sociales en general, y los teléfonos inteligentes en particular, importan es en la difusión de normas sociales. Lo que habría tomado 25 años ahora sucede en 10″
Entonces, podríamos concluir que el problema no es la tecnología, sino “lo que el hombre hace con ella”, parafraseando a Drexler. Smartphones, redes sociales, inteligencia artificial... Hasta dónde nos están privando de las cosas más placenteras y fructíferas como el contacto humano en sus diversas formas, me parece, en todo caso, la pregunta.
“Lo que no puede hacer la IA –por ahora– es eso que nos hace humanos: la empatía, emoción, psicología, pensamiento crítico. ‘¡Qué obra maestra es el hombre!’, dice Hamlet al describir a esa intrincada e infinita criatura”, escribió Maureen Dowd, columnista de The New York Times, en una nota reproducida por LA NACION. Cómo no citar al Bardo de Avon para tratar de desentrañar una cuestión humana, algo que él describió en unas pocas obras hace, apenas, unos cinco siglos (para no retroceder hasta las tragedias griegas).
Entonces, ¿hay una contradicción insalvable entre tecnología y emociones? Hay infinidad de usos en los que la inteligencia artificial trae un salto enorme de conocimiento. Entre otros campos, en el diagnóstico médico. Pero también en las relaciones humanas.
Tenemos un grupo de WhatsApp al que llamamos “Entre orillas”. Allí nos encontramos casi a diario, lo que acorta las distancias a una mera cuestión física
El fin de semana pasado viajamos con mi familia a Uruguay para el cumpleaños de 15 de una sobrina nieta. Allí vive otra parte importante de los míos, repartidos entre Montevideo y Minas (en el sudeste del país). Nos vemos una o dos veces por año, y a veces menos. Pero el smartphone nos permite una comunicación tal que, cuando estamos juntos físicamente, la cercanía se siente como si no estuviéramos tan lejos. Lo mismo nos pasa con nuestra familia al otro lado del Atlántico, en España. Tenemos un grupo de WhatsApp al que llamamos “Entre orillas”, donde confluimos todos. Allí nos encontramos casi a diario, lo que acorta las distancias a una mera cuestión física. La IA podría decir que nos separan entre 200 y 300 kilómetros de los uruguayos, y 10.000 kilómetros de los españoles. La vida dice otra cosa.








