Lucio Fontana: tajos millonarios y otros éxitos de un argentino que vuelve a casa

El artista con una de sus tempranas esculturas figurativas
El artista con una de sus tempranas esculturas figurativas Crédito: Gza. Macro
Una muestra en el Museo Municipal de Bellas Artes Juan B. Castagnino, de Rosario, recupera dibujos y esculturas de los años de formación de una figura clave en el arte del siglo XX
Elisabetta Piqué
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15 de julio de 2019  

ROMA.- Lucio Fontana (1899-1968), el artista que saltó a la fama por sus tajos en las telas, cuyas obras se venden hoy por millones, era argentino. Aunque es considerado italiano, nació en Rosario y vivió allí tres períodos de su vida que lo marcaron a fuego y que totalizan dos décadas de su no larga existencia de 69 años. Todo esto recordará Lucio Fontana. Los orígenes, una muestra que se inaugurará el domingo en el Museo Municipal de Bellas Artes Juan B. Castagnino, de Rosario, organizada por la Sociedad Dante Alighieri en el marco de su 83 Congreso Internacional.

"Decidimos hacer una muestra para homenajear al más italiano de los argentinos y al más argentino de los italianos", contó a LA NACION Alessandro Masi, secretario general de la Dante Alighieri y creador de una exhibición que, por primera vez, reconstruye los años menos conocidos de la carrera artística de Fontana, los de su formación, recreando un recorrido que refleja la profunda relación cultural entre Italia y la Argentina.

En la muestra podrá verse una selección de más de 60 dibujos, fechados entre finales de los años 30 y 50, algunos inéditos y jamás exhibidos al público, y un núcleo de esculturas juveniles de la colección permanente del Museo Castagnino.

"Además hay cuadernos de viaje, apuntes, dibujos, que hemos encontrado en el Archivo de la Universidad de Parma, al que la mujer de Fontana, Teresita, en 1981 hizo una donación. Y hay cosas inéditas porque nunca nadie reconstruyó el aspecto figurativo que está en el origen de la formación de Fontana. Todos se dedican a la parte por la cual se convirtió famoso a nivel internacional y nadie se espera una formación muy artesanal, de 'bottega', muy de escultor, de retratista que hacía capillas funerarias, que hacía monumentos comisionados por la municipalidad", reveló a LA NACION Valentina Spata, curadora de la muestra junto a Chiara Barbato.

"Fontana en su origen era tradicional, figurativo, como puede verse en la escultura Muchacho del Paraná, pero después rompió esta tradición y se ve en estos dibujos que él estaba buscando algo nuevo y cómo los famosos conceptos espaciales comenzaron a nacer en 1947", apuntó Masi.

La marca de estilo del hombre que conquistó la consagración del otro lado del Atlántico
La marca de estilo del hombre que conquistó la consagración del otro lado del Atlántico Fuente: Archivo

Al escarbar en los orígenes de Fontana, los organizadores de la muestra también descubrieron que el padre de Fontana, Luis o Luigi, también escultor, trabajó en la Dante Alighieri de Rosario e hizo que su hijo Lucio en 1925 realizara algunas ilustraciones para una revista publicada por este instituto.

¿Cómo llegó a nacer en Rosario el gran maestro? Según su biografía fue su padre, Luigi, que pertenecía a una familia de tradición artística, quien decidió viajar a la Argentina en 1891 no por motivos económicos, sino por su espíritu aventurero. Instalado en Rosario, en 1893 puso una empresa escultórica que comenzó a realizar importantes monumentos funerarios. El 19 de febrero de 1899 nació Lucio de su unión con la actriz rosarina Lucía Bottini. Esa relación no funcionó y en 1905 Luigi decidió llevarse al pequeño Lucio a Milán, donde se educó y aprendió el oficio en el taller paterno. Lucio abandonó sus estudios en plena Primera Guerra Mundial, para enrolarse como voluntario en el Ejército italiano. Fue dado de baja tras sufrir una herida en el frente de batalla y luego condecorado. "... Me dejó la guerra el amargo sabor de la tragedia y el deseo apremiante de volver a la tierra nativa", escribió años más tarde.

Y con ese sentimiento y tras la muerte de su querido hermanastro Delfo (su padre había vuelto a casarse y a tener otros hijos), Fontana en 1921 regresó a la Argentina, donde se quedó hasta 1927. En ese período, quizás en la búsqueda de su propia identidad, hizo diversos viajes por la llanura pampeana santafecina. Se integró a la firma de escultura comercial de su padre y se vinculó, por otro lado, con artistas locales y abrió un taller propio. En 1925, a los 26 años, ganó por concurso su primera obra autónoma: un grupo escultórico de bronce en homenaje a la educadora rosarina Juana Elena Blanco, emplazado en el cementerio El Salvador. A mediados de 1927, Fontana decidió volver a Milán no solo para obtener su diploma en la Academia de Bellas Artes de Brera, sino también entusiasmado por el futurismo y estimulado por las experiencias que habían vivido Antonio Berni, Emilio Pettoruti y otros artistas argentinos en Europa. Comenzó entonces su carrera de escultor y pasó luego a dedicarse a la cerámica, apoyado económicamente por su padre, aún activo en Rosario. En enero de 1940, por el insistente llamado de su padre ya anciano y la Segunda Guerra Mundial, regresó a la Argentina, donde se quedó siete años. En este período fue docente en le escuela preparatoria de Bellas Artes en Buenos Aires, hizo trabajos en Rosario, La Plata, Córdoba, Mar del Plata y Pergamino; estableció una fuerte amistad con sus colegas rosarinos, y participó en el concurso nacional para el proyecto del Monumento a la Bandera junto a dos arquitectos, obteniendo el segundo premio. Se conectó asimismo a la vanguardia rioplatense y en 1946 fundó en Buenos Aires junto a Jorge Romero Brest, Raúl Soldi y Jorge Larco la Academia Altamira. Terminada la Segunda Guerra Mundial y tras el fallecimiento de su padre, en 1947 regresó a Italia.

"Tuvimos a Leonardo y para mí, después, tuvimos a Lucio Fontana: se trata de dos grandes genios del arte italiano, más allá de que a Fontana lo compartimos al 50% con los argentinos. La innovación del concepto espacial de Fontana es revolucionaria, porque él hábilmente toma el futurismo, lo sintetiza, lo depura de todos los accidentes ideológicos y lo convierte en una forma absoluta del principio artístico, con una intuición genial", destacó Masi, lleno de entusiasmo. "Pocos saben que Fontana era argentino y esta muestra que organizamos en Rosario es justamente la ocasión para decirle justamente a los argentinos que compartimos un ítalo-argentino que es un Leonardo del siglo XX. ¿Quién fue más genial que él?"

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