Martín Caparrós se mide con Echeverría, poeta nacional y trágico

Su nueva novela va tras los pasos del origen de la literatura argentina; ?cree que el autor de El matadero fue el primer antiperonista de la historia
Pablo Gianera
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23 de octubre de 2016  

A principios de 1850, un aviso en un diario uruguayo informa que Esteban Echeverría pone en venta su biblioteca. Hay tomos de Voltaire, de Rousseau, pero también de Milton y Plutarco. El rosismo lo obligó a exiliarse; está en Montevideo y pasa hambre. Por eso pone literalmente en liquidación su herencia ilustrada. Sus perseguidores estarían contentos con la oferta. Ya escribió el poema La cautiva y también El matadero, el relato -el primer relato argentino- que, sin embargo, no juzgaba a la altura de sus rimas. Morirá pronto y no llegará a ver la caída de Rosas en la batalla de Caseros. El último libro de Martín Caparrós decide poner en ficción la vida de ese personaje clave de la Generación del '37, una formación intelectual en la que estaba también Marcos Sastre y Alberdi y que trató de crear, sobre el modelo europeo que leían en los libros de la época, una literatura nacional. Se llama simplemente Echeverría (Anagrama).

¿Cuántos libros de la literatura argentina tienen como título el nombre propio de otro escritor argentino? Evaristo Carriego, de Borges, Zelarayán, de Washington Cucurto, y acaso ningún otro. Caparrós tenía sus razones para elegirlo así. "Echeverría encabezó un grupo de jóvenes más o menos ilustrados de Buenos Aires, que era entonces una aldea, cuya idea era armar una identidad cultural distinta. Identidad cultural que el país no tenía y que necesitaba -contó en una entrevista para Conversaciones LA NACION-. En la pelea sobre cómo se constituía la identidad, eso que ahora llamaríamos el relato, Echeverría pertenecía a una de las facciones en las que estaban también Alberdi, Juan María Gutiérrez, intentaba estar Sarmiento, y también Mitre, que era muy joven. Eran claramente anti-rosistas, es decir, iban contra la política hegemónica, que era la que escribía el relato en ese momento. Y les fue mal. Echeverría se constituyó como el gran poeta del Plata en esos años treinta. Escribió los primeros libros que escribió un argentino. Inventó, porque tenía esa ambición ridícula, la «literatura nacional». El matadero funda esa literatura sin querer, porque él no quiso publicarlo. Estas son las ironías de los escritores que escriben y no saben bien qué es lo que escriben. Pero sí, tuvo la mala suerte de morir antes de Caseros y quedarse sin ver cómo sus amigos se quedaban con la patria."

Echeverría podría parecer una novela histórica si no fuera por algunos detalles. Detalles como cuando Caparrós observa que Echeverría fue el primer antiperonista de la historia argentina, un antiperonista que no necesitó de Perón para serlo. El anacronismo adopta una rara validez histórica. "Me pareció que tenía mucho más mérito ser antiperonista en 1830 que en 2010 o en 1950. Antes requería clarividencia y creo que Echeverría la tenía porque, entre otras cosas, porque podemos pensar que el peronismo no empezó en 1945 sino que fue una de las corrientes subterráneas que recorrieron toda la historia argentina. Ésa fue la segunda cosa que pensé cuando me reencontré con El matadero. Primero, que era una gran crónica. Segundo, ¡qué antiperonista que es!"

Pero la posición de Echeverría no era general. Alberdi, sin ir más lejos, publicaba en esos años la revista La Moda que tenía como lema el rosista "Viva la Federación". " Echeverría es una novela, pero basada en el poco material que encontré, y trató ser fiel a la esencia de los personajes. Y creo que a Echeverría Alberdi le caía mal porque hacía cosas como dirigir una revista financiada por el edecán de Rosas, es decir, alguien del riñón del poder."

Si es cierto que Echeverría fue el primer antiperonista, entonces habría que concluir que eso que en los últimos años empezamos a llamar "la grieta" se remonta a la primera mitad del siglo XIX. "Bueno, entramos, salimos, entramos, salimos. Tampoco hay que caer en esta tendencia argentina de creer que lo pasó en 1840 ocurrió del mismo modo en 1950 y el 2010 -concede Caparrós con alguna reserva-. Yo estudié historia en París y trataba de explicarles a mis compañeros y a algún profesor cómo era posible que aquí se pudiera hablar de una línea política fuerte San Martín-Rosas-Perón, como si allá se pudiera decir Robespierre-Thiers-Jean Jaurès. A nadie le cabía que eso definiera una línea política en la Francia de 1977. Pero al mismo tiempo, cuando uno lee lo que pasaba en la Argentina en esos años, como intenté hacerlo en esta novela, una de las cosas que más impresionan es volver a creer que la Argentina es un país-calesita: damos vueltas, a veces nos sacamos la sortija, pero seguimos en el mismo lugar."

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