Maurizio Cattelan escucha confesiones y absuelve por teléfono, mientras vende suvenires de Juan Pablo II impactado por un meteorito
El provocador artista italiano, que pegó la millonaria banana con cinta a una pared, reúne material sonoro de “pecadores” para una futura obra; a los seleccionados les ofrecerá “la oportunidad de un milagro”
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Desde el Jueves Santo, cuando se conmemoró el 21° aniversario de la muerte del papa Juan Pablo II, el provocador artista italiano Maurizio Cattelan (Padua, 1960), de fama internacional por obras de arte conceptual como la estatua de Adolf Hitler de rodillas y orando (Él), la banana pegada con cinta adhesiva a una pared (Comediante) o el inodoro de oro de dieciocho quilates (América), reversionó una obra polémica para el catolicismo; La novena hora, de 1999, en la que una figura en tamaño real de Juan Pabo II aparecía impactada por un meteorito. Mientras tanto, reúne material sonoro de “pecadores” para una perfomance que dará a conocer el 23 de abril, Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor. “¡Pecadores, regocíjense, la absolución solo está a un buzón de voz de distancia!”, anuncia la voz detrás del enigmático número +1 601 666 7466.
El artista lanzó una nueva versión de La novena hora -título que hace referencia al momento de la muerte de Jesús, el Viernes Santo- que se expuso en el año 2000 en la muestra Apocalipsis: Belleza y horror en el arte contemporáneo en la Royal Academy de Londres, ahora bajo la forma de 666 copias en miniatura de la pieza, de 30 cm de largo y 12.5 cm de alto, comercializadas por la plataforma Avant Arte; cada suvenir papal se vende a 2200 euros. Cattelan dijo entonces que su intención no era escandalizar a la Iglesia católica sino expresar la vulnerabilidad los seres humanos.

En 2024, elegido como curador del pabellón del Vaticano para la Bienal de Venecia, situado en la cárcel de mujeres de Giudecca, estuvo al cuidado de la muestra Con mis ojos, en la que exhibió una gigantografía de dos pies desnudos y heridos, en una suerte de homenaje al papa Francisco, junto a obras de Sonia Gomes y Corita Kent, una videoinstalación de la actriz Zoe Saldaña y su marido, el director italiano Marco Perego, y fotografías cedidas por reclusas para una obra de Claire Tabouret, entre otras.
En un gesto acaso más vanguardista que los de Cattelan, en 2024 Francisco fue el primer papa en recorrer la Bienal de Venecia, cuando saludó en persona a ochenta presas que lo esperaban. “El hecho de que el papa Francisco viniera a ver la obra… es más que un comentario”, admitió Cattelan.
Y como parte de una performance que durará hasta mediados de mes, el artista abrió una línea telefónica en Estados Unidos y un chat de WhatsApp (+ 1 601 666 7466) para que personas de todo el mundo puedan confesarle sus pecados. “En un mundo de pecado, la absolución nunca estuvo tan cerca”, promociona el flyer donde se ve el rostro de Cattelan junto a un tubo telefónico retro de color negro.
Aquellos que Cattelan juzgue como los “más necesitados de absolución” serán seleccionados para participar en una transmisión en vivo el 23 de abril en la que el artista los “perdonará” y les ofrecerá “la oportunidad de un milagro”. Más que una ironía sacrílega, la performance parece ser una invitación a la introspección.
En diálogo con el diario británico The Guardian, Cattelan dijo que quería abrir una reflexión en sus espectadores. “El catolicismo es algo en lo que crecemos, incluso si tratamos de salirnos de él. Es fe, teatro, control, comodidad, todo en uno. No estoy tratando de defenderlo o atacarlo. Me interesan las imágenes que produce y la tensión que carga. Si alguien se siente ofendido, probablemente significa que esa imagen sigue viva”, sostuvo.
“Maurizio no está disponible ahora. Si quiere confesar sus pecados, pulse uno; pulse dos para adquirir su última obra”, escucharán quienes llamen al número (localizado en Misisipi) que, al igual que las copias en miniatura de La novena hora, contiene la cifra 666, que en la Biblia se designa como “la marca de la bestia” y representa la imperfección humana. “Me gusta trabajar con símbolos que la gente cree comprender y luego modificarlos ligeramente”, confesó Cattelan.






