Mensajes de esperanza en galletas, enviados en la pandemia por un artista muerto que sigue creando
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"Es solo cuestión de tiempo", decía la frase escrita en carteles publicitarios ubicados en febrero en Madrid. La intervención urbana impulsada por ARCO, recreación de la realizada por Félix González-Torres en 1992 tras la muerte de su pareja como consecuencia del Sida -la misma enfermedad que acabaría con su propia vida cinco años después, antes de cumplir los cuarenta-, devino oscuro presagio mientras la pandemia del coronavirus llegaba a España.
Tres meses más tarde, en plena cuarentena global, otra obra del fallecido artista cubano realizada hace tres décadas también cobraba nuevos sentidos para traer esperanza al mundo, mediante mensajes de sabiduría ocultos en galletas de la fortuna ofrecidas al público en forma libre y gratuita.

"Tus esfuerzos serán exitosos", prometía uno de los papeles que se encontraron al quebrar la masa crocante, en una de las 1000 acciones en lugares públicos y privados de distintos continentes que conforman esta "muestra en vivo expansiva".
Fue impulsada por las dos galerías estadounidenses -Andrea Rosen y David Zwirner- que representan su legado junto con la Fundación Félix González-Torres, para demostrar "en este momento momento único en la historia" la "naturaleza flexible y siempre relevante" del artista cubano que llegó a representar a Estados Unidos, en forma póstuma, en la Bienal de Venecia.

Ahora, casi un cuarto de siglo después de su muerte, también llegó con sus pilas de galletas de la fortuna hasta lugares tan remotos como el Atelier Hermès en Seúl y un comedor comunitario en La Boca. Este último se contó entre los puntos de varios países incluidos en la propuesta, reunidos en el sitio andrearosengallery.com, gracias a la idea de Sonia Becce, curadora de la retrospectiva de González-Torres exhibida en el Malba (2008) y en el MUAC de México (2010).

Al recibir la invitación desde Estados Unidos, Becce que convocó a su vez al artista Gabriel Chaile, habituado a asociarse con comedores de la Argentina en sus proyectos solidarios. Ambos actuaron como "facilitadores" de esta acción que tuvo su inauguración internacional el 25 de mayo, cuando se instalaron miles de galletas en distintas ciudades, y se renovará el domingo próximo con la reposición en esos mismos sitios. En La Boca, la primera tanda se agotó en un día.

"La obra de Félix se actualiza y se recontextualiza de acuerdo a las circunstancias. Esta es una demostración de que no siempre hay que mostrarlo en condiciones museables: en contextos menos artísticos, encuentra su potencia y la plenitud de sentido", dijo Becce a LA NACION, y contó emocionada que tanto Andrea Rosen como la Fundación Félix González-Torres anunciaron que realizarán donaciones al comedor. Agregó que la obra original -"Untitled" (Fortune Cookie Corner), de 1990- fue la primera de otras similares que el artista realizaría con caramelos, como las que se instalaron en el Malba.

"Como muchos de los trabajos de González-Torres, como sus piezas de caramelos o sus pilas de papel, Untitled (Fortune Cookie Corner) alude a la capacidad de inmortalidad a través de la regeneración, aumentada por la experiencia de la pérdida", explican los galeristas. Esta exposición, agregan, se relaciona también con "las nociones de audiencia y accesibilidad, así como nuestra comprensión del espacio público y privado".

"Pensé en esa frase de Freud: 'Nos preparamos para nuestros miedos más grandes con el objeto de debilitarlos'. Yo estaba perdiendo a Ross, de modo que quise perderlo todo para enfrentarme con ese miedo y quizás aprender algo de él. Así que quise perder también la obra, eso que era tan importante en mi vida. Quería aprender a dejarla ir", explica el propio González-Torres, citado en el catálogo de la muestra del Malba.

Dejar ir fue algo que debió aprender cuando era apenas un adolescente. Se fue de Cuba con su hermana en 1971, a los 14 años, para vivir tres meses en un internado en España; luego se mudó con sus tíos a Puerto Rico y más tarde a Estados Unidos, donde se radicó. No volvería a ver sus padres durante más de una década.

"Las cosas avanzarán hacia el lado luminoso", dice ahora otro de los mensajes revelados por su obra en un museo de arte contemporáneo de Estocolmo, que no fueron escritos por el artista sino colocados por fabricantes comerciales de galletas. En Los Ángeles, la pila fue colocada en la puerta de un garage particular junto a un gran cartel que decía "Black Lives Matter".

"Su obra también tiene una pertinencia increíble con el tema del racismo" dice Becce sobre su artista fetiche", que integró el grupo "artivista" Group Material y según ella hoy estaría "enrolado en cada protesta" tras la muerte de George Floyd a manos de la policía.
En este contexto, también, parece cobrar un nuevo sentido su frase del cartel publicitario, "Es solo cuestión de tiempo". "Esa obra la hizo en un grave momento del HIV, en el que la policía perseguía a los gays en Nueva York -recuerda la curadora-. Quiere decir, entre otras cosas: 'Va a llegar el momento en que tendrán que convivir con nosotros'".





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