
Para aprender español, nada mejor que salir y recorrer la calle
Para los extranjeros, salir del aula puede ser una ventaja a la hora de estudiar
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Un hombre vende choripanes en un puestito improvisado cerca de la Casa Rosada. Pocos metros más allá, enormes carteles disparan contra el Fondo Monetario y un cartonero sumerge el brazo en un tacho de basura. Hay ruido, mucho ruido, por una protesta frente al Banco Hipotecario, en Bartolomé Mitre y Reconquista. Aquí y allá, la policía observa, detrás de los vallados.
Se trata del paisaje urbano al que los porteños nos hemos acostumbrado. Paisaje, al fin, en el que no sólo vivimos sino en el que -de hecho- algunos aprenden: de tanto en tanto, allí funciona un aula atípica.
"¿Escuchan ese clang clang ? Son las cacerolas. Eso es lo que llamamos cacerolazos", dice en voz alta Carolina, profesora de español, a sus 12 alumnos extranjeros, mientras recorren la histórica Plaza de Mayo. El grupo está compuesto por personas de varios países: Estados Unidos, Gran Bretaña, Suecia, Brasil, Nueva Zelanda y Australia. No son simples turistas, claro. En realidad, son parte de una clase en movimiento.
Los precios competitivos que trajo la devaluación y los atractivos propios de la ciudad tientan a cada vez más extranjeros a elegir Buenos Aires para estudiar español.
"Antes trabajábamos más con personas que venían a instalarse en el país. Ahora, la Argentina se hizo interesante para dedicarse al turismo receptivo", explica Roberto Villarruel, director del Centro Universitario de Idiomas de la Facultad de Agronomía de la UBA, donde están aprovechando los cambios coyunturales para ofrecer más servicios educativos a los alumnos extranjeros.
"La situación económica contribuye a que vengan más turistas -agrega Villarruel-. Les intentamos dar contención y un seguimiento de sus estudios, así como la información antes de venir."
El centro de la Facultad de Agronomía de la UBA lleva a los estudiantes allí donde "pase algo", ya sean marchas y manifestaciones callejeras, o a museos, muestras, lugares históricos y bares. Los directivos creen que el método es doblemente beneficioso: salir del aula -dicen- mejora el aprendizaje y, a la vez, permite a los alumnos tener una mirada más completa de la vida porteña.
Como ven futuro en el sector, el centro editó un libro propio para enseñar el idioma -"Voces del Sur. Español de hoy"- que presentarán mañana, junto con un programa de español para extranjeros, en el pabellón de Agronegocios de la facultad.
Según el programa, los alumnos pagan 400 dólares por 60 horas mensuales y hasta 1300 o 2200 dólares -en un plan de inmersión que incluye viajes turísticos al interior del país-. Para los extranjeros que viven en el país o en el Mercosur, los precios se reducen hasta la mitad.
Allí donde haya acción
¿Por qué estudiar en la Argentina? "Hay buenos precios y la gente es sensible, abierta", sintetiza en un buen portuñol ,José Augusto Barbosa, de 20 años, que vive en San Pablo, Brasil. Aquí se quedará hasta febrero, cuando vuelva a su ciudad a continuar con sus estudios universitarios.
Mientras toma fotografías, Anders Nyman, psicólogo sueco y asesor de Unicef, agrega otra razón: dice que está "sorprendido de la calidad de la educación en la Argentina". Y agrega: "Es muy bueno este lugar".
Helena Adlercreutz, de 23 años, nacida en Suecia, dice que acá todo le resulta "demasiado" barato: "Este país es muy occidental, la ciudad es increíble. Hay pobreza, claro, pero uno puede encontrar de todo", agrega. En total, estará medio año en el país y parte del tiempo lo dedicará a su investigación sobre el "peronismo y clientelismo", para la universidad de Uppsala, donde estudia. Mientras, se las ingenia para obtener una visión más cercana a la situación del país. Y en español.


