Picasso en el Moderno: el lado B de un artista genial que pensaba en dibujos

Desde mañana el Mamba exhibe 74 piezas del artista español que demuestran que cualquier trozo de papel era, para él, territorio de creación y elucubración; las cinco obras que hay que ver
María Paula Zacharías
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17 de noviembre de 2016  

Retrato de Françoise (1947)
Retrato de Françoise (1947)

Picasso, uno de los grandes nombres de la historia del arte, era un hombre de una pasión desbordada por su quehacer, prolífico durante toda su vida. Sus miles de obras monumentales, sus pinturas, esculturas y murales más conocidos tienen su origen en los dibujos que continuamente el artista malagueño hacía sobre cualquier papel. Mediante el dibujo, pensaba. Y de su enorme caudal de experimentos surge la muestra que trae al país una selección de 74 piezas escogidas especialmente para ser exhibidas desde mañana en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires con el título Pablo Picasso: Más allá de la semejanza.

De ese laboratorio de ideas que son las líneas sobre papel, Picasso guardó bocetos, estudios y magníficas obras en sí mismas. Hay papeles amarillentos y quebrados. Pequeñas maravillas de color en pasteles y collages. Hay planos saturados de tinta y, también, sutiles. De cerca, se adivinan los titubeos en lápiz antes de que el boceto fuera pasado a tinta. Se perciben las horas en los manchones, los roces y los borrones. El pulso en la perfección de un trazo. En el dibujo se siente el tacto del artista; su respiración, atrapada entre el vidrio y el paspartú. Todo está ahí.

Quimera (1935)
Quimera (1935)

El Museo Nacional Picasso-París, que recoge su mayor legado, tiene unos 1600 dibujos. "Como parte de la sucesión de Picasso, los herederos donaron obras al Estado en lugar del pago de impuestos. Y para esa dación, un equipo de especialistas eligió las obras", explica Victoria Noorthoorn, directora del museo y curadora de la muestra junto con Emilia Philippot, de la casa francesa. "Llegamos a un conjunto que permite seguir el proceso mental de su creación artística a través del dibujo y mostrar cómo trabajaba desde él para imaginar sus grandes composiciones pictóricas y sus grandes proyectos. El dibujo era el territorio de elucubración", dice Noorthoorn.

Tres bañistas (1979)
Tres bañistas (1979)

Las que se muestran en El Moderno son obras creadas entre 1897 -a sus 16 años- y 1972, un año antes de su muerte. Ordenadas cronológicamente, permiten ver cómo sus investigaciones eran simultáneas y por múltiples vías, lo que contradice a veces las clasificaciones que la historia del arte intenta hacer para periodizar su devenir. El cubismo, por ejemplo, no es una etapa estanca que comienza y termina, sino que en el dibujo se extiende antes y después, como una forma de pensamiento a la que la mano va y vuelve. "El surrealismo empieza formalmente en 1924 con un manifiesto de Breton, aunque la palabra es inventada por Apollinaire a propósito del ballet Parade en 1917, pero en la muestra vemos un dibujo totalmente surrealista de 1914. Intentamos no volver en las categorías amordazantes que clasifican las obras, sino ver un artista que las trasciende y que tiene un fluir coherente y orgánico", señala Noorthoorn.

Hombre sentado con bastón y máscara (1900)
Hombre sentado con bastón y máscara (1900)

Hay dibujos realistas e intimistas de sus primeros años, como Hombre sentado con bastón y máscara, de 1900-1901, donde se ve la temprana influencia de Toulouse-Lautrec. Es el Picasso español, en Barcelona, naturalista y figurativo, mirando su entorno. Le sigue un momento introspectivo: "Empieza a centrar su mirada en el ser humano, que es a lo que se va a dedicar toda la vida", señala la curadora.

El cubismo es toda una investigación a partir de su encuentro con Braque. "Hemos logrado representar distintas facetas del cubismo. Al mismo tiempo realiza sus papiers collés", reconoce frente a Guitarrista, de 1912-1913, de una abstracción casi total. Un dibujo de 1907 tiene la misma paleta que Las señoritas de Avignon y es anterior al primero abstracto, aquel de Kandinsky de 1911 donde la historia puso su mojón. "Picasso, muy joven, es maduro, absorbiendo sus intereses sobre la historia del arte, en diálogo con su entorno y la vanguardia, con la que toma contacto en París", señala la curadora.

Están sus arlequines y retratos de 1920, donde vuelve a la figuración clásica, pero no tanto: "Son alargadas, con influencia de El Greco o de Ingres". En un mismo año hace dibujos realistas, cubistas y surrealistas. Tres bañistas, de 1920, es todo eso a la vez. Entonces investigaba la herencia grecorromana. Las figuras son colosales y aparecen manos desmesuradas: "Parece más una mirada interna, a diferencia de la externa del cubismo". Una cabeza flotando en el agua es totalmente surrealista. "Construye dibujos mentales, una presentación de las ideas", reflexiona Noorthoorn. Esa línea desfigurada, de cabezas chicas y extremidades grandes, como en Mujer sentada en un sillón, de 1926, no puede dejar de relacionarse con la brasileña Tarsila do Amaral. "¿Quién estará mirando a quién?", se pregunta Noorthoorn.

Guitarrista (1912)
Guitarrista (1912)

En La quimera, de 1935, se adelanta a Guernica: la animalidad de la guerra. Lo bestial está representado en felinos, minotauros y toros que atacan mujeres. Hay un dibujo del período de seis meses en los que Picasso abandona todas las disciplinas menos ésta, durante el franquismo. También están sus mujeres, como Retrato de Françoise, 1947, con ese rasgo tan picassiano, las dos visiones sobre un objeto superpuestas. Hay también retratos de su amante, Marie-Thérèse Walter, y de su hija Paloma. Todos dibujos que Picasso conservó. "Me divierto enormemente inventando cosas y me paso horas enteras dibujándolas, viendo y pensando qué hacen mis personajes. En el fondo, es una manera de escribir historias", creía el genio.

La cita con Berni, una coincidencianada casual

No es casualidad que la muestra de dibujos de Picasso coincida con la de los 400 dibujos encontrados de Antonio Berni. Dos grandes maestros trabajando en una misma disciplina. "Le dije al director del Museo Picasso, Laurent Le Bon, que para nosotros tenía sentido la muestra de Picasso si la podíamos ubicar en paralelo a la muestra de Berni, para mostrar en el año de nuestro 60 aniversario a un grande del arte argentino en diálogo con un grande de la historia universal. Dos grandes artistas, que entrarán en diálogo con otra gran artista contemporánea, Tracey Rose, sudafricana, referente del arte político de hoy", dice Noorthoorn.

Antonio Berni. Revelaciones sobre papel. 1922-1981 y Pablo Picasso, más allá de la semejanza, se pueden ver en el Mamba, Av. San Juan 350, de martes a viernes, de 11 a 19; sábados, domingos y feriados, de 11 a 20. Entrada: $ 20. Martes: gratis.

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