Piden el traslado del “Guernica” de Picasso al País Vasco y se desata una bronca política nacional
La polémica involucró a las máximas autoridades de España e Isabel Díaz Ayuso tildó la solicitud de “pueblerina”; la obra se encuentra en el Museo Reina Sofía de Madrid desde 1992 y los expertos desaconsejan moverlo por su delicado estado de conservación
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La petición del Gobierno vasco a Pedro Sánchez para que permita el traslado temporal del Guernica al País Vasco se ha convertido en un inesperado escenario de la batalla política nacional. La última en unirse al debate ha sido la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, que ayer se opuso al viaje del cuadro desde la capital a Bilbao con unas duras palabras: “Me parece que es cateto [un comportamiento pueblerino] y pienso que la cultura es universal”.
Han pasado casi dos semanas desde que el lehendakari, Imanol Pradales, aprovechara una reunión con el presidente del Gobierno para hacerle la solicitud formal del traslado del cuadro que alberga el Museo Reina Sofía de Madrid desde 1992. A excepción de los primeros días de la Semana Santa, los partidos políticos han abonado las últimas horas una polémica que tendrá, previsiblemente, una resolución este martes, cuando el PNV obligue al ministro de Cultura, Ernest Urtasun, a pronunciarse públicamente en el Senado. El senador Igotz López le lanzará esta pregunta: “¿Por qué se niega a estudiar las condiciones necesarias para materializar el traslado temporal del Guernica a Euskadi, tal y como ha planteado el Gobierno Vasco?”

El Gobierno vasco pretende así alargar una conversación que comenzó el 24 de marzo en el Ministerio de Cultura. Aquel día, Urtasun recibió de la consejera de Cultura y vicelehendakari, Ibone Bengoetxea, la propuesta de estudiar “nuevas condiciones de seguridad acordes a 2026” para mover la obra, explican fuentes del Gobierno vasco. Esto es, buscar “las tecnologías y los profesionales” para hacer “un análisis posibilista” del traslado. El equipo de Urtasun solicitó en aquel momento un nuevo informe al Reina Sofía, como ya se había hecho en las ocasiones en las que el Ejecutivo vasco había planteado la misma solicitud. Dos días después, el museo emitió un tajante estudio en el que desaconsejaba el traslado de las instalaciones donde se encuentra la pieza por las “inevitables” vibraciones que sufriría en el transporte, lo que podría ocasionar “nuevas grietas, levantamientos y pérdidas de la capa pictórica, así como desgarres”.
“En esa reunión la posición del ministerio quedó clara. Trabajamos para mejorar la accesibilidad de la cultura y por tanto vemos con buenos ojos la movilidad del arte. Pero como Ministerio de Cultura tenemos el deber de preservar el patrimonio, y los expertos siempre han desaconsejado mover el Guernica debido a su delicado estado de conservación, pues ya se encuentra muy dañado”, contestan desde el equipo de Urtasun, que consideraban el asunto zanjado tras aquel encuentro.
Desde el Gobierno vasco aseguran a El País que de la sede de Cultura no salieron con lo que denominan “una respuesta formal”. “No solicitamos un informe sobre la conservación del cuadro, sabemos cuál es el estado, sino un informe que analice bajo qué condiciones sería posible moverlo y trasladarlo temporalmente a Euskadi”, reiteran desde el Ejecutivo vasco. “Seguimos a la espera”, inciden.
Por eso los nacionalistas vascos han elegido la Cámara alta para redoblar la presión que ejercen contra el Gobierno desde el viernes 27 de marzo, cuando Pradales le pidió a Sánchez que permita que el cuadro viaje hasta el Museo Guggenheim de Bilbao, donde quieren que se exponga entre el 1° de octubre de 2026 y el 30 de junio de 2027, con motivo del 90º aniversario de la constitución del primer Gobierno vasco y del bombardeo de Gernika, acaecido el 26 de abril de 1937.
“Sería un gesto de memoria histórica y reparación simbólica hacia el pueblo vasco”, le dijo entonces el lehendakari al presidente. El pasado fin de semana, el gobernante vasco aprovechó el Aberri Eguna (día de la patria vasca) para preguntarle a Sánchez si iba a tener “la valentía política” de llevar el cuadro al País Vasco porque, consideran las fuentes consultadas en el Gobierno vasco, “la pelota está en su tejado”.
Aquel viernes, el presidente del Gobierno emplazó a Pradales a que hablara con Cultura y desde el ministerio son claros desde entonces: “No pondremos en riesgo un patrimonio tan importante como el Guernica, y así lo trasladamos a la vicelehendakari”.
Desde el PSOE vasco explican a El País que “no es oportuno abrir un nuevo capítulo en términos de agravios, reparación o perdón por parte del Gobierno de España”. Y añaden: “Hemos insistido en la responsabilidad de los que tomaron la decisión de bombardear Gernika, en la responsabilidad de la aviación nazi, de la aviación fascista italiana… y en la condición de agredido del pueblo de Gernika, del Gobierno de España y de la legalidad de la II República. El Gobierno de España ya ha hecho gestos de condena, de rechazo, de solidaridad con las víctimas, de reconocimiento de Gernika como lugar de memoria democrática en 2024… creemos que no hay ninguna asignatura pendiente en este sentido”.
Hasta Madrid
En mitad de este cruce de declaraciones, Díaz Ayuso aprovechó la inauguración de un centro de salud mental en Parla para cargar contra el Gobierno vasco. “Desde Madrid lo que queremos es que todos crezcamos juntos, lo que no tiene sentido es ir al origen de las cosas según nos convenga porque, entonces, llevamos toda la obra de Picasso a Málaga. Me parece que es cateto [pueblerino] y pienso que la cultura es universal. Además saben que esto no puede salir o, si sale, es poniendo en riesgo la integridad esa obra”, dijo la presidenta. Así, de paso, respondió a Aitor Esteban, del PNV, que valoró como “catetada” tomar “como una reivindicación nacional tomarse una caña en una terraza”.
El PP salió horas después a respaldar la posición de la presidenta madrileña, pero con un tono más moderado y posicionándose del lado de los técnicos del Reina Sofía. “Creemos que no tiene mucho sentido la polémica. Si los informes técnicos permitieran el traslado, no nos parecería mala idea, pero advierten sobre posibles daños, creemos que no debe ni plantearse la posibilidad de una cesión temporal. En todo caso, no compartimos en absoluto la idea de la cesión como un acto de reparación”, añadió el vicesecretario de Hacienda, Vivienda e Infraestructuras del PP, Juan Bravo.
El Gobierno vasco ha explicado a este diario que no van a responder a “este tipo de declaraciones políticas” que acabaron en un monográfico en la Asamblea de Madrid, a cientos de kilómetros del País Vasco, donde la oposición a Ayuso volvió a reprender a la presidenta. “No sabe de qué trata el cuadro”, dijo Manuela Bergerot, portavoz de Más Madrid en la Comunidad. “Está bien que se entretenga con X para no dar explicaciones de lo suyo, pero yo le recomiendo que con todo lo que tiene enfrente que empiece por hablar de algo de lo que tiene competencia”, añadió Mar Espinar, portavoz de los socialistas madrileños.
El Reina Sofía nunca ha accedido a estas pretensiones, ni siquiera en casos tan excepcionales como la petición que realizó en el año 2000 el MoMA de Nueva York. “El gran icono de nuestro museo debe permanecer sin excepciones al margen de la política de préstamos de la institución”, señala el informe de cuatro páginas del Reina Sofía sobre el “histórico de peticiones” recibidas.
El lienzo de tela de lino y yute (unas dimensiones en su origen de 349,4 por 776,6 centímetros) fue analizado en 1997 tras “sufrir más de 30 itinerancias” y otros tantos enrollamientos y se consideró entonces que “las condiciones óptimas para su conservación tenían que ser necesariamente estables, con un control estricto de las fluctuaciones climáticas, evitando todo tipo de vibraciones”. En el último informe hecho público por el Reina Sofía se llega, con otras palabras, a la misma conclusión: “La obra actualmente se mantiene en condiciones estables gracias a un riguroso control de las condiciones ambientales. Sin embargo, de cara a un posible traslado, su formato, naturaleza de los elementos que la componen y estado de conservación, junto con los numerosos daños sufridos a lo largo del tiempo, la hacen especialmente sensible a todo tipo de vibraciones que son inevitables en los transportes para obras de arte. Dichas vibraciones podrían generar nuevas grietas, levantamientos y pérdidas de la capa pictórica, así como desgarros en el soporte, por lo que se desaconseja rotundamente su traslado”, concluye el Departamento de Conservación-Restauración del Museo Reina Sofía.
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