Poemas 3D. Joan Brossa, un creador que saltó de la página al espacio

Con la exposición "Poesía Brossa", regresa a Buenos Aires la obra de un referente ineludible de la vanguardia catalana; en simultáneo, en el Bellas Artes y en el CCK
Pablo Gianera
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8 de octubre de 2019  

Con sus poemas-objeto, en los años 80 Brossa fue del plano de los sueños a las cosas concretas
Con sus poemas-objeto, en los años 80 Brossa fue del plano de los sueños a las cosas concretas Crédito: MNBA

Es muy probable que cuando, en el prólogo a "Un golpe de dados nunca abolirá el azar", Stéphane Mallarmé habló de "la única novedad de un espaciamiento de la lectura" no pudiera calcular los efectos de una modesta proposición que todavía se resolvía en las dos dimensiones de la página. Los poemas visuales de Joan Brossa constituyen un caso extremo, radical hasta el desplante, de esas consecuencias: con él, el poema salta del plano al volumen, se vuelve objeto, liso y llano objeto no verbal, aunque imposible sin la palabra.

No es que Brossa, con más de medio siglo de "Un golpe de dados" bajo el brazo, no tuviera al empezar precursores ni pudiera reclamar para sí una genealogía que lo tuviera como último eslabón, la muerte de una estirpe gráfica. Larga sería la lista: los caligramas de Apollinaire, los divertimentos tipográficos de Christian Morgenstern y Man Ray, las clepsidras de Dylan Thomas, el concretismo de Décio Pignatari, todos los objetos que imaginó y catalogó el surrealismo (objetos encontrados, involuntarios, móviles). Con Nicanor Parra, a quien lo unía el marxismo de salón, la deuda no es de dirección única: no se sabe si los Artefactos de Parra fueron prefiguración o reflejo; más bien, parece que los dos poetas-artistas se imitaron mutuamente. En cualquier caso, muchos "poemas objeto" de Brossa -como las dos hojas secas unidas por un clip, de 1967- resisten cualquier taxidermia crítica.

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Por otro lado, esa estela genealógica tuvo en Brossa un despliegue episódico, cubre períodos diferentes. "Poesía Brossa", la muestra que inaugura hoy en el Museo Nacional de Bellas Artes en una nueva colaboración con el CCK, trae la exposición organizada por el Macba (Museo D'Art Contemporani de Barcelona). Los curadores Teresa Grandas y Pedro G. Romero explican de la siguiente manera esta doble articulación, que comparte también una perspectiva progresiva: "En el CCK, se presentan sus primeras indagaciones y las influencias que determinan la formación de un lenguaje propio, así como la deriva política de su obra y el uso del transformismo o del striptease como eje de lo político. En el Bellas Artes, se presenta una recapitulación visual sobre la producción poética brossiana en el trabajo de los años 80, que implosiona a partir de la triple exposición realizada entre 1988 y 1989 en las galerías Mosel & Tschechow de Múnich, Joan Prats de Barcelona y La Máquina Española de Madrid. Tras esta recapitulación, se optó por constelar la obra de Brossa en relación con artistas argentinos".

La entrada a la primera sala del Bellas Artes está presidida por El planeta de la virtud, una diseminación de escarabajos adheridos a la pared. Encontramos enseguida los poemas objeto de tres dimensiones (pensemos en Senyor, de 1975-1982, esa galera a cuerda) con los poemas en la página de dos dimensiones. En el techo, una letra "A" colosal deformada por las anfractuosidades de la superficie. La "A" es una matriz de la imaginación verbal y visual de Brossa, y a la vez una especie de emblema: es la letra de "A-rte", de "A-zar", de "Bross-A", de "Carnaval". La segunda sala está imantada por Novel-la (1965), una especie de autobiografía documental (acta de nacimiento, certificados médicos, constancias de reclutamiento) en la que el nombre propio de cada documento está en blanco. En esa misma sala donde se ve la instalación Intermedi (1991) -tres atriles de música con ametralladoras- está la confrontación con algunos artistas argentinos de la colección permanente del Bellas Artes que trabajaron (o lo hacen todavía) en la misma línea de Brossa: Edgardo Vigo, Roberto Jacoby, León Ferrari, Graciela Sacco, Juan Carlos Romero, Liliana Porter, Pablo Suárez y Marie Orensanz.

Crédito: MNBA

Ya en 1958, el compositor Luciano Berio había detectado que, del mismo modo que la música, "la poesía está hoy menos circunscripta en sus medios, menos caracterizada en sus procedimientos". La observación tiene un cumplimiento en los trabajos de Brossa. Según Andrés Duprat, director del museo, "la poesía visual de Brossa procede de sus experiencias con la escritura ensoñada al estilo surrealista. En ese estado de latencia entre la conciencia difusa y las pulsiones más primarias, tienen cabida paradojas, contradicciones, incoherencias y desmesuras, capaces de modificar nuestra percepción ordinaria del mundo". Algo de esa condición cercana a un signo que reconocemos como signo, pero no podemos comprender está también, por ejemplo, en Arruga tensada (1970), de Porter.

Cosas concretas

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No es la primera vez que los trabajos de Brossa se ven en Buenos Aires. En 2006, llegó al Centro Cultural Recoleta la muestra "Joan Brossa. Desde Barcelona al Nuevo Mundo". Para el catálogo de esa muestra el filósofo Pablo Oyarzún R. publicó un ensayo en el que llamaba la atención acerca del modo en que, para Platón, el escriba ( grammateus) y el pintor ( zographon) eran los obreros que, en una especie de diálogo completamente interior, colaboraban en el pensamiento. El fantasma de Ramón Gómez de la Serna está en el fondo de esa presunción, y también de la invención de Brossa. Cada greguería es un poema visual in nuce, no realizado pero posible. Por ejemplo: "Al lirio se le han soltado las mangas". O bien: "La guillotina fue la máquina de afeitar que inventó la Revolución Francesa". Hay aquí un punto de imaginación surrealista también: objetos en desuso, trastos viejos, bombines y paraguas que conquistan una segunda vida.

Quien curó a Brossa de ese onirismo fue João Cabral de Melo, fue él el que lo condujo del sueño a las cosas concretas, que podían no obstante ser contempladas como sueños. "La realidad que Brossa descubría de nuevo no era el goce ocioso de un objeto", escribió el brasileño.

Intermedi, tres atriles de música con ametralladoras, de Brossa, confronta con Roberto Jacoby en la pared
Intermedi, tres atriles de música con ametralladoras, de Brossa, confronta con Roberto Jacoby en la pared Crédito: MNBA

El hiato es aparente. En un caso (el objeto surrealista) y en el otro (el concreto "poema habitable") un arte incursiona sobre otro. Poco después de la observación de Berio, el filósofo Theodor W. Adorno constataba una progresiva disolución de los límites entre un arte y otro que decidió llamar Verfransungsprozess, es decir, un proceso de infracción artística. Son casos en los que un arte no logra distinguirse del otro, puesto que nadie sabía exactamente dónde empezaba cada arte y dónde la otra. No es casual que Brossa profesara una admiración sin reticencias por Richard Wagner y por el escapista italiano Leopoldo Fregoli. ¿Acaso fue Brossa algo distinto? ¿No era después de todo transformista y escapista, un hombre que perseguía la ilusoria unificación de la artes?

Brossa, su trabajo, fue desbordándose de la poesía a la instalación, la performance, el poema habitable, sin dejar de ser jamás poeta. No es raro, porque, como diría Mallarmé, que lo sabía casi todo, la Poesía (sí, en mayúsculas) es la "única fuente".

Para agendar

Poesía Brossa. Desde hoy hasta el 8 de diciembre, de martes a viernes, de 11 a 20, y sábados y domingos, de 10 a 20. En el Museo de Bellas Artes, Av. del Libertador 1473 (también hoy se inaugura la exposición de César Paternosto "La mirada excéntrica).

En el CCK (Sarmiento 151), desde mañana, de miércoles a domingos y feriados, de 13 a 20.

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