Réquiem para un sueño: la colonización del descanso
No hace tanto tiempo, digamos dos décadas atrás, pasaban cosas que hoy pueden parecer extrañas. La transmisión televisiva, por ejemplo, se cortaba antes de la medianoche y no se reiniciaba hasta la mañana siguiente. Los domingos, sin excepción, era el día del descanso: salvo las farmacias de turno y algunos quioscos, los negocios estaban cerrados. Para algunos, que todo eso pertenezca a un pasado en apariencia remoto es señal de que el progreso existe. Al igual que la aparición de Internet, los teléfonos celulares y las redes sociales. ¿Se me permitirá no estar de acuerdo? El que seguro no piensa de esta manera es el ensayista estadounidense Jonathan Crary, de quien se acaba de publicar en la Argentina su último libro, 24/7. El capitalismo tardío y el fin del sueño. La tesis de Crary es la siguiente: en un mundo en el que incluso el deseo sexual y la amistad han sido reducidos a mercancía, el próximo territorio a conquistar por el capital es el del sueño. ¿El sueño? Sí, esas horas durante las que el cuerpo y el cerebro descansan, y que permanecen fuera del sistema de extracción de valor económico.
"En su profunda inutilidad y en su pasividad intrínseca, con las incalculables pérdidas que ocasiona en el tiempo de producción, circulación y consumo, el sueño siempre chocará con las exigencias de un universo 24/7. La enorme porción de nuestra vida que pasamos durmiendo [?] subsiste como una de las grandes afrentas humanas a la voracidad del capitalismo contemporáneo", escribe Crary. Su ensayo comienza narrando cómo el Departamento de Defensa de los Estados Unidos se ha dedicado a estudiar el comportamiento del gorrión de corona banca, ave que durante sus migraciones de norte a sur del continente americano logra permanecer hasta siete días despierta, sin manifestar déficit alguno de energía o atención. "El propósito inicial era la creación de un soldado insomne [...] Como ha demostrado la historia, las innovaciones relacionadas con la guerra se asimilan de modo inevitable a una esfera social más amplia, y el soldado insomne será el precursor del trabajador o el consumidor insomne."
Para Crary, el paradigma de nuestro tiempo se reduce a una nueva temporalidad, la de 24/7, es decir, la de una disposición absoluta: en la actualidad, la barrera que separaba los tiempos del trabajo y del ocio ya no existe, y uno está disponible las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana, listo para estar alerta y consumir. El desarrollo de la tecnología aplicada a las comunicaciones es precisamente la herramienta para que esto suceda de la manera más efectiva.
¿Todo esto le suena acaso exagerado, levemente apocalíptico? Piense en ello la próxima vez que vaya a un recital y se encuentre filmando la experiencia para después compartirla en redes sociales. Cuando el amigo con el que está cenando se distrae leyendo mails en su teléfono. Cuando sus hijos respondan mensajes de texto mientras usted trata de ayudarlos a estudiar. O esta misma noche, cuando se acueste a dormir. Tal vez sean éstos los últimos tiempos en los que podamos gozar de un descanso propio, de un sueño gratuito, de un reposo no controlado por nadie más.
El autor es crítico literario y periodista
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