Sacrificio
2 minutos de lectura'


Una de las actividades que más nos apasionan a los argentinos es la identificación del origen de nuestros problemas, la causa última, el nudo gordiano de la pobreza, la inflación, la corrupción, la crisis de infraestrcutura, y sigue la lista. Como los físicos del Consejo Europeo para la Investigación Nuclear, que buscan la partícula fundamental de todo lo que existe, cada argentino tiene su propia teoría sobre lo que nos pasa.
La Argentina es una nación inmensa y a la vez rica (quiero decir, no es un inmenso desierto), casi despoblada y con condiciones para prosperar sin límite (universidades públicas, una historia de emancipación ejemplar, libertad de expresión), y sin embargo nos va mal. Qué digo. Nos va cada vez peor.
Podría aportar mi propia teoría, que también la tengo, por supuesto. El asunto no está ahí. El asunto está en que la Argentina no tiene un problema originado en una causa. Nos gusta verlo así, porque es más fácil, porque es menos enajenante. Pero en realidad son muchos dilemas muy complejos que llevará generaciones resolver. Con suerte y si empezamos hoy, nuestros nietos tal vez vivan en una nación próspera. El primer paso es aceptar ese sacrificio con resignación heroica y trabajar para las generaciones por venir.








