Series versus libros: el streaming cambia hábitos y conspira contra la lectura

Las industrias luchan por el tiempo de ocio de las audiencias; para algunos, las series en que se adaptan novelas son una oportunidad
Las industrias luchan por el tiempo de ocio de las audiencias; para algunos, las series en que se adaptan novelas son una oportunidad Fuente: LA NACION
Uriel Bederman
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25 de junio de 2018  

No es un fenómeno nuevo, pero sí la consolidación de un cambio en los hábitos de consumo cultural: el streaming va quitándoles tiempo de lectura a los lectores. Las industrias de los contenidos on demand y del libro pugnan por conquistar el tiempo de ocio de las audiencias. Editores y libreros creen en muchos casos que la oferta de las plataformas digitales, sobre todo la de series, roba tiempo de lectura. Sin embargo, hay quienes confían en que la cantidad creciente de novelas que son adaptadas a la ficción (de El tiempo entre costuras a El cuento de la criada) le dan al libro una visibilidad que puede convertirse en una oportunidad.

El enfrentamiento no es novedoso. Durante la última Feria del Libro de Bogotá, Mario Vargas Llosa manifestó su esperanza en que los libros sobrevivan a las nuevas plataformas digitales. "¿Queremos una sociedad donde las pantallas hayan derrotado al libro? Yo no la quiero", sentenció el Nobel.

Estudios de mercado confirman que la venta de libros va en picada, aunque no señalan que Netflix u otros servicios de streaming sean los culpables. Recientemente se divulgó en el país la Encuesta Nacional de Consumos Culturales 2017, a cargo del Sinca, suerte de Indec del sector cultural, donde se revela que solo cuatro de cada diez argentinos leyeron un libro en 2017, que de 2013 a esta parte el consumo per cápita cayó de 3 libros a 1,5 y que la cantidad de lectores tuvo una merma del 22% en este período. Una porción menor de los entrevistados culparon a los altos precios o la falta de tiempo, y la mitad adujeron falta de interés.

La consultora GfK hizo un relevamiento en Alemania, una plaza editorial históricamente fuerte, y dio cuenta de una caída en las ventas del sector en torno al 18% entre 2013 y 2018.

"La irrupción de las series ha ido generando efectos en aquellos que habían encontrado en el libro un lugar de formación, distracción y entretenimiento", sostiene Joan Subirats, comisionado de Cultura del Ayuntamiento de Barcelona, que a tiempo con su última visita a Buenos Aires, cuando se anunció que la ciudad catalana sería la invitada de honor en la próxima Feria del Libro, apuntó que el boom de las series y la capacidad de conexión permanente son factores que van en desmedro del hábito de la lectura. "La conexión causal entre descenso en el número de libros vendidos y el aumento en el seguimiento de las series no creo que pueda aún establecerse sin ningún género de dudas. Pero que ambos fenómenos están conectados es algo muy evidente. La capacidad del propio sector de edición de saber captar ese fenómeno y buscar efectos positivos no debería descartarse, como ha ocurrido en muchos casos en que un film basado en una novela ha catapultado la venta del libro original", advierte Subirats en diálogo con LA NACION.

Ignacio Iraola, director editorial de Planeta para el Cono Sur, observa que el mercado editorial argentino atraviesa tiempos complejos por la inflación, que impacta en los altos precios en librerías. "No creo que las series tengan que ver con la caída en la venta de libros, creo que en verdad reemplazan el consumo televisivo. El principal problema del mercado es la crisis del país. En todo caso, acá y en el mundo lo que se ha perdido es el comprador ocasional, no el que habitualmente compra libros", opina, y considera que el fenómeno de las series se retroalimenta con la industria editorial. Muestra de ello es el éxito que tiene el libro Cuando fuimos los peripatéticos (Planeta), basado en la serie Merlí, y anticipa Iraola que tienen en sus planes un libro sobre La casa de papel. En este contexto, Florencia Cambariere, directora literaria de Penguin Random House, aborda la confluencia: "Para los editores, lejos de ir en desmedro de la literatura, esta tendencia nos está abriendo canales de exposición y comercialización espectaculares para nuestros libros. Cada vez estamos vendiéndoles más contenido a las productoras. Esto está creciendo y no solo es un buen negocio en sí mismo, sino que nos permite un desarrollo exponencial de nuestros autores-marca", dice.

El reflejo a la hora de crear

Cabe indagar, en paralelo, si la tensión se replica en los procesos creativos. Dicho de otro modo, la visibilidad de las series, sus ritmos y estrategias de seducción, ¿influyen en las decisiones narrativas de los escritores? El español Javier Ruescas, referente del fenómeno booktuber, confía en que su manera de contar no se ve directamente influenciada por las series, aunque en términos más abarcadores dice que estas "se han convertido en fuentes de inspiración maravillosas porque cada vez se arriesgan más a contar otras historias y con formatos diferentes". El autor de Prohibido creer en historias de amor cuenta que su texto se encuentra en manos de una productora que convertirá el libro en una serie para televisión. Héctor Lozano, guionista de la ya mencionada Merlí, aporta: "Siempre digo que está todo escrito desde los griegos, Shakespeare, Molière, Dickens. Ser original ahora es casi imposible, lo importante es quitarse de encima la obsesión de querer ser el primero en hacer algo. A la vez, las plataformas buscan clientes, y por tanto repiten fórmulas de éxito sin arriesgar demasiado".

El escritor y periodista Sergio Olguín apunta que al examinar influencias no habría que hacer grandes distinciones entre lo que aportó a los escritores el cine. "Sí me parece que hay en las series formas de resolver una historia que se animan a contar determinadas cosas que hasta ese momento la literatura no lo había hecho. Creo que esto es una fuente de inspiración y de robo maravilloso", opina el autor de La fragilidad de los cuerpos, novela de su autoría que hizo pie en la pantalla chica en 2017. Y hace una consideración final: "Todo forma parte de una movida cultural, intelectual y creativa que evidentemente no se va detener en los próximos años. Y como expresión artística, eso influye en la literatura, que siempre ha sido una muy buena esponja para absorber lo que se está haciendo, ya sea en el arte, en el teatro, en el cine en su momento, en la televisión más vinculada con las telenovelas. Ahora, obviamente, también va a absorber de manera fecunda lo que ocurra en las series".

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