Suspendido
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Clava la punta del calzado de goma en el suelo ya gastado de tanto recibir patadas. Hace fuerza con su robusta anatomía y se impulsa hacia atrás. Luego levanta los pies y suelta: se deja caer en un balanceo que cobra velocidad. Dibuja una “U” en el aire y su larga barba blanca se despeina con el viento. Esto podría estar sucediendo en su interior mientras que, en el mundo externo, su cuerpo permanece quieto. Suspendido. Encastrado entre las cadenas de la hamaca, en un asiento en el que apenas entra, el hombre lee (posiblemente salmos) ajeno al chico que se divierte a su lado. Concentrado, serio, rígido. Como si, contenido en su ortodoxia, no tuviera ningún interés de salir a jugar. Sin embargo, el cómodo banco de plaza detrás suyo, delata la contradicción: está vacío. Estaba disponible.
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