Todo pasa
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Todo pasa. Y cada vida es a la vez inmensa y efímera, imprescindible y pequeña. Un tal Calderón de la Barca decía que la existencia es “una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño: que toda la vida es sueño,y los sueños, sueños son”. Días atrás, en Buenos Aires, la Compañía de Teatro Clásico de España presentó La vida es sueño, con dirección del británico Declan Donnellan. Certezas de lo humano, escritas en el siglo XVII y convertidas en carne, voz y sudor por actores contemporáneos: nuestro paso por este mundo es demasiado fugaz como para perder el tiempo en veleidades. La vida es el aire fresco que se respira una mañana mientras se hace alguna compra o se prepara el sustento. Y todo es tan fugaz como la escena que aquí vemos, una mañana tranquila en Kosovo, el mismo lugar que hace una eternidad, los años noventa, era sinónimo de pura destrucción.
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