Un problema político
Raquel San Martín
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<b> El sentimiento de inseguridad <br></br> Por Gabriel Kessler <br></br></b>
El sentido común suele tener referencias reales, pero también crea prejuicios que, cuando se instalan en la discusión pública con fuerza de verdad, pueden causar efectos poco deseables. La "inseguridad" es un ejemplo. Etiqueta mediática, problema político, objeto de análisis científico y noción del lenguaje cotidiano, la "inseguridad" superpone dos hechos: la ocurrencia de delitos con el miedo a sufrirlos. Las ciencias sociales han demostrado que el delito y el sentimiento de inseguridad son fenómenos separables, que el miedo puede aumentar aunque disminuya el delito, y que las políticas que solucionan uno no siempre mitigan el otro. En El sentimiento de inseguridad , Gabriel Kessler -una de las voces más sólidas y respetadas en el estudio de la cuestión- toma la dimensión del miedo al delito como objeto, para desentrañar su lógica propia y desnaturalizar prejuicios.
La base del libro son investigaciones realizadas desde 2004: entrevistas, encuestas, análisis de archivos y de foros on-line sobre el tema, en distintos sectores de la ciudad de Buenos Aires y el conurbano, y en ciudades del interior. Kessler caracteriza el sentimiento de inseguridad como "una amenaza a la integridad física, más que a los bienes, que parecería poder abatirse sobre cualquiera". Ese rasgo de aleatoriedad e imprevisibilidad lo deslocaliza: ya no hay zonas seguras e inseguras, mientras que los portadores del peligro se multiplican. A los jóvenes de sectores populares -fuertemente estigmatizados-, se suman los "patovicas", el poder político, la policía o los cartoneros, según el lugar social desde donde se mire. A partir de allí, las páginas contestan ideas sobre el miedo al delito: no es inesperado ni repentino -Kessler traza su genealogía desde los años 70-; no sólo incluye distintos grados de miedo, sino sentimientos como la ira, la impotencia, la nostalgia; y se proyecta en las prácticas cotidianas de prevención y protección de hogares, bienes y personas.
El libro demuestra cómo influyen el lugar de residencia, el género, la edad en el sentimiento de temor. Un interés especial recorre las páginas: determinar hasta qué punto el sentimiento de inseguridad creciente puede generar apoyo a políticas punitivas. Kessler demuestra que no es una tendencia extendida, pero que sí hay anuencia para "un discurso que reconozca las causas estructurales del delito y, al mismo tiempo, pugne por ir inclinando el fiel de la balanza hacia un incremento paulatino de medidas de corte punitivo".
El temor, finalmente, es un problema político. Alerta Kessler: "La extensión de la sospecha y de la presunción de peligrosidad es un riesgo profundo y subrepticio en nuestra sociedad".
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