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CIPOLLETTI.- Historia repetida la de Jorge Locomotora Castro. Venció otra vez al norteamericano John David Jackson, como aquella vez en 1994 cuando era campeón de los medianos. También fue fiel con su desinterés por entrenarse como profesional y eso se vio sobre el ring del Casino Golden Valley. Siempre igual lo de Castro. Se apoyó en su guapeza para soportar otra paliza permitida por su pésimo estado físico. Ganó por fuerte, porque cada vez que pegó hizo tambalear a un rival que casi es un boxeador retirado, pues en esta fue su segunda pelea en más de un año. Derribó en dos ocasiones a Jackson, pero no definió por cansancio. Y recibió demasiados golpes. Muchos, realmente.
La estadística marcará el triunfo -reflejado en La Nación en su segunda edición de ayer- por 95-93, 99-98 y 96-94. Números que servirán de poco, porque no hacen más que avalar los pasos en falso de Castro, cuya idea de llegar hasta los pesados puede ser una realidad si sigue engordando.
"Ya estaba programada la pelea y los promotores gastaron un dineral, así que vine como pude; espero que la próxima vez esté en buen estado físico", dijo Castro apenas terminó un combate reprobado por el público. "Pasó lo que tenía que pasar: tuve que guapear para aguantar. Cuando metía una mano lo dejaba sentido, pero más no podía hacer", reconoció.
Con el ojo izquierdo muy inflamado, Castro agregó:"En el rincón le preguntaba a mi hermano -Marcelo- cómo estaba la herida y él me decía que no era muy grande. Pero yo sentía cómo se me hinchaba el ojo, por lo que tuve que hacer lo de siempre: poner h...". Alcanzó de nuevo con el temperamento. Con un rival superior todo hubiese sido diferente.
Claro que Castro eligió hace rato su camino y lo transitará como quiera. Lo suyo es casi sin retorno. Resulta peor intuir que Walter Crucce, el que supo ser una promesa, pueda meterse en el mismo sendero empujado por otros o por su propia voluntad. Infló su récord de 29 triunfos (25 KO) y dos derrotas con otra victoria frente a alguien que subió al ring por compromiso y sin posibilidades.
Apenas un round duró Gustavo Ibáñez, que abandonó después de dos caídas. De nada le sirve a Crucce esta clase de peleas. Quizás, estas reuniones le den algún dinero a Castro, pero a quien tiene mayores aspiraciones lo acerca demasiado al fracaso.


