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MAR DEL PLATA (De nuestros enviados).- Ya se palpitaba un clima así durante la semana, cuando los hinchas soportaron largas colas en el centro de la ciudad buscando su entrada. Pero una hora antes del comienzo del partido se tuvo la certeza de que este primer choque del año entre River y Boca estaba lejos de ser un típico encuentro de verano. Se superó el récord de venta con más de 31.000 localidades -la marca anterior era de poco más de 28.000- y en el estadio José María Minella el fervor que brotaba de ambas parcialidades contenía el mismo voltaje de un superclásico por los puntos. Sin concesiones.
La popular de Boca estuvo colmada una hora y media antes del arranque del partido, con un colorido espectacular destacado por las banderas, los estandartes y los globos azules y amarillos. También llamó la atención la gran cantidad de jóvenes con la cabeza teñida de amarillo, una moda adoptada por los jugadores xeneizes después de su exitoso viaje a Tokio.
A diferencia del partido jugado frente a Racing en esta ciudad, se notó claramente entre los simpatizantes del club de la Ribera la presencia de la barra brava, con las banderas que cada domingo exhibe en la Bombonera. Según los encargados de seguridad, llegaron a Mar del Plata cuatro ómnibus desde Buenos Aires.
Antes del comienzo hubo un espacio para que el DT Carlos Bianchi recibiera un reconocimiento de parte de las autoridades de la Municipalidad de Mar del Plata. El intendente Daniel Katz lo declaró Ciudadano Ilustre y los hinchas xeneizes tuvieron una excusa inmejorable para dedicarle una ovación a su entrenador.
Los de River ocuparon en un 90% la tribuna general del tablero electrónico, pero no se quedaron atrás a la hora de saltar y cantar por los hombres de Leonardo Astrada. El "Vamos, vamos los pibes", fue el estribillo que más se escuchó tratando de fortalecer el ánimo de los juveniles que eligió el entrenador de River para este superclásico.
Los de Núñez se distinguieron por mostrar algunas bengalas que despedían humo de color rojo, aunque esa pirotecnia generó el único incidente de consideración dentro del estadio: cuando Roberto Abbondanzieri se dirigía a ocupar el arco más cercano a los hinchas de River, alguien arrojó una bengala que en su trayecto rozó el rostro de uno de los chicos que alcanzan la pelota y le provocó una pequeña quemadura. El chico no necesitó atención y fue acompañado hacia otro sector por un compañero, mientras los bomberos se ocupaban de extinguir la llama rápidamente.


