A Herrera, el destino le dejará terminar el trabajo

Tras dirigir el partido suspendido por graves incidentes en la Copa Libertadores, el sorteo lo mandó al River-Boca del domingo; otra prueba para un árbitro bien conceptuado
Andrés Prestileo
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9 de septiembre de 2015  

Ciento veintidós días después, Darío Herrera dispondrá de la revancha que quizás estaba esperando. No porque aquella noche del 14 de mayo en la Bombonera su trabajo haya sido técnicamente deficitario; sí porque los gravísimos incidentes de ese Boca-River por los octavos de final de la Copa Libertadores no le permitieron acabar la tarea en el que era su primer superclásico y también su debut en el mayor torneo continental. Aquella vez, la posterior artillería de cuestionamientos le reservó esquirlas que apuntaron al tiempo que se tomó para suspender el partido; su descargo –la historia es sobradamente conocida– fue que "se esperó un tiempo prudencial para ver si se recuperaban los jugadores" de River afectados por el gas pimienta arrojado por el "Panadero" en el entretiempo. Además, como también lo explicó, esa decisión era competencia exclusiva de la Conmebol.

El destino llenó ayer ese vacío en la carrera de este árbitro neuquino de 30 años: en el sorteo, la bolilla número 5, asignada a Fernando Rapallini, que competía con él para hacerse cargo del partido del domingo a las 18.15 en el Monumental, cayó a las 16.12 en el casillero de Nueva Chicago vs. Argentinos. Golpe del azar que mandaba a Herrera derechito a su segundo superclásico.

La altísima sensibilidad que envuelve al fútbol y específicamente a un Boca-River condicionan todo lo que pase a partir de ahora. Herrera, que lógicamente lo sabe, tiene decidido no hacer consideraciones públicas al menos hasta después del domingo. Elige dedicar este tiempo exclusivamente a prepararse. Hoy, de hecho, el director de Formación Arbitral, Miguel Scime, mantendrá una reunión en Ezeiza con todos los jueces designados para la fecha de los clásicos. "La idea –explicó Scime en TyC Sports– es fortalecerlos, darles un empujoncito. Ninguna recomendación en especial, pero recordarles las habituales, para que el lunes o martes que viene nos sintamos satisfechos de haber cumplido con nuestra misión. Estamos capacitados para dirigir 15 clásicos".

¿Qué fue de la vida profesional de Herrera desde aquella noche? Los registros muestran que a partir de la fecha siguiente del torneo de Primera –la 13ª– siempre fue requerido, salvo en la 20ª. Su foja durante todo el certamen revela que dirigió 21 encuentros (es el que más trabajo tuvo, junto con Diego Abal), en los que siete veces ganaron los locales, cinco los visitantes y hubo nueve empates; que concedió cuatro penales (a San Lorenzo, Estudiantes, Quilmes y Huracán) y que expulsó a ocho jugadores, en estos dos casos siempre a los equipos visitantes. Atravesó, al menos, un par de situaciones complicadas. En la primera, Colón se consideró comprensiblemente perjudicado por un par de errores suyos en la caída 3-1 con River en Núñez –un choque de Saviola al arquero Broun que contribuyó en el gol del 1-1 y no convalidar un tanto legítimo de Benegas–; en la otra, Aquino, de Independiente, se sintió desprotegido por su falta de sanción ante una infracción de Damonte, de Estudiantes, que le fisuró el peroné izquierdo ("Me dijo que me lesioné solo", reclamó después el volante Rojo).

Pero Herrera es un árbitro cuya capacidad goza de buena consideración en el fútbol en general y entre sus pares. De hecho, su actuación en aquel superclásico trunco había sido bien conceptuada, un mérito especial porque se trató de un partido jugado con una tensión difícil de soportar. En Andacollo, el pequeño pueblo del noroeste neuquino de no más de 2500 habitantes donde nació el 24 de febrero de 1985, jugó al fútbol durante su infancia, pero dejó el hábito cuando se mudó a Lincoln y eligió cursar Educación Física. Un amigo, Ariel Aravena, le sugirió dirigir un partido en las ligas inferiores de la ciudad; así empezó en el oficio de arbitrar fútbol, aunque el camino formal lo encaró por una sugerencia de Gustavo Bassi, reclutador del Sadra. Pasó por el Argentino B y la primera B Nacional, y debutó en la categoría mayor el 13 de agosto de 2012, en un 0-0 entre Atlético de Rafaela y Arsenal. En el sitio web de la AFA se permite mostrar algo de lo que piensa y le gusta. Por ejemplo, que un jugador al que admira es Román Martínez; que entre los más correctos está Sebastián Saja, o que tiene muy buena consideración de sus colegas "pero si debo elegir un par, Pitana y Loustau". Y que lo más gracioso que le gritaron alguna vez en una cancha fue "¡Leticio, cobrá bien!": por entonces él no era conocido en Lincoln, pero sí su esposa, Leticia.

Fuera de cómo le vaya el domingo, al menos cabe esperar que Herrera no tenga que toparse con algo parecido a lo que le tocó en su traumático primer superclásico. Si así fuera, ahora sí podrá decidir qué hacer, sin esperar órdenes superiores. Días después de aquella noche infame, para explorar su eventual reacción se le planteó esa escena imaginaria. "¿Qué haría en ese caso? Realmente no lo sé. Espero que nunca me vuelva a pasar".

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