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Expediente: primera fecha del campeonato Clausura, 23 de febrero de 1997. Comparecieron Banfield (1) y SanLorenzo (1). Elementos de juicio: a) el equipo de Patricio Hernández sabe que el promedio lo condena y entonces no pueda darse el lujo de regalar nada. Por eso se protegió atrás, mucho más cuando de salida nomás se encontró con el gol de Viqueira en la primera de las seis llegadas ofensivas de las que dispuso. b) el conjunto dirigido por Jorge Castelli lleva sobre sus espaldas la pesada carga de querer salir campeón después de un año, 1996, en el que la frustración de la Copa Libertadores dejó huellas muy profundas, tanto que se fueron un histórico, Veira, y un buen tipo sin concenso, Aimar. Por esa obligación que todos tienen en la cabeza, pese a todas las dificultades, atacó siempre, pero le faltaron dos cosas vitales en el fútbol: precisión y fortuna.
Dése a conocer y luego archívese, no si antes tener en cuenta estas consideraciones.
Recibir un gol en contra a los cincuenta segundos no es cosa de todos los días. En la primera jugada, tras un corner, un rechazo corto, y el derechazo de Viqueira a la red, ante un Passet tapado, lo obligaron a SanLorenzo a salir a buscar el partido con mayor urgencia de la que había previsto Entonces, a partir de la solvencia de Luiz Fernando (los buenos jugadores no necesitan ningún período de adaptación en niguna parte), del despliegue de Zapata (jugó igual que en River y en el seleccionado, como si siempre hubiese estado en SanLorenzo) y la calidad de Galetto (se lo notó recuperado como más liberado de presiones para la marca y más libre para jugar) el equipo visitante se convirtió en dueño absoluto del campo.
Ante un Banfield que disfrutó de su ventaja resignando muchos metros de terreno, el problema para SanLorenzo fue encontrar el camino más adecuado para llegar hasta el joven arquero Fernández.
Biaggio por la derecha y Abreu por la izquierda hicieron punta con sus estilos en los que predomina la fuerza. El uruguayo con su altura y su habilidad para cabecera siempre primero, el Pampa buscando el perfil para ganar siempre por afuera. Frente al embudo que planteó Banfield, los dos necesitaban un volante que llegase para auxiliarlos y abrirles los huecos necesarios para sacar partido de su despliegue físico.
En ese aspecto, ni Silas (muy lento) ni Gorosito (evidentemente no muy repuesto de la fiebre que lo acompañó hasta ayer por la mañna), lograron éxito en su gestión. Demasiado traslado del balón, demasiada dependencia del pelotazo fueron demorando la llegada del ansiado gol.
Banfield fue tesón y lucha. En cada pelota, ý especialmente en los últimos metros de la cancha. El contraataque, que podía haber desahogado tanto despliegue defensivo, pudo concretarse solamente en un par de gestiones de Arce y de Pelletti, pero sin ningún riesgo para Passet.
La angustia por el resultado se le terminó a San Lorenzo cuando Abreu, con zurdazo fuerte y alto, convirtió el foul que le cometió Viqueira, y que Oliveto juzgó como penal, en el ansiado y merecido empate.
Todo estaba como al principio. Pero el equipo de Castelli siguió buscando como si estuviese perdiendo y ese fue su mayor mérito. Aún con errores se plantó siempre como potencial ganador.
Curiosamente la mejor jugada (Silas-Gorosito-Almandoz-Abreu) que el delantero uruguayo terminó en gol con un soberbio cabezazo al ángulo derecho fue anulada por el árbitro con el argumento de que antes de que Almandoz enviase el centro él había dado por finalizado el primer tiempo (ver recuadro aparte). Las protestas, como suele suceder, no tuvieron mayor eco. Para afirmar sus pretensiones, San Lorenzo debió remantar una nueva adversidad.
Esa circunstancia le puso una cuota extra de interés al partido. Se esperó la segunda etapa para comprobar hasta dónde la decisión de Oliveto había hecho mella en el espíritu de los jugadores visitantes. Como un guiño del destino otra vez Viquiera, esta vez con un cabezazo muy fuerte, obligó a Passet a la única atajada exigente. También, como en el comienzo, iban pocos segundos de juego, pero SanLorenzo no se inquietó.
Abreu, siempre presente en el área tuvo el gol a su disposicón, pero falló el remate pese a haber apuntado y elegido el lugar donde ubicarlo. La pelota salió apenas desviada.
Como si hubiera sido el último aviso, Banfield se despertó de su letargo defensivo. La entrada de Lemma (el ex volante de Lanús), le dio más velocidad y equilibrio en el medio campo y hasta hubo un par de llegadas claras, una de ellas cortada por Ruggeri que toda la tribuna de Banfield protestó por entender que lo había echo con la mano en el área. Oliveto, que había anulado un gol y no había cobrado otro penal de Berza a Zapata, pensó que no era tiempo de mayores dificultades y dijo claramente: siga, siga.
En realidad el que siguió jugando fue SanLorenzo que volvió a desperdiciar dos jugadas claras de gol a dos metros de Fernández, mbién ayudó a que Banfield lograse su objetivo para desilusión de San Lorenzo.
Ahora sí, archívese definitivamente. Fue empate a contramano de la justicia.
Ocurrió a los 47 minutos del primer tiempo. En ese momento, el cabezazo de Sebastián Abreu, limpio, impecable, se metía por el ángulo derecho del arco de Banfield. Los jugadores y la hinchada de SanLorenzo festejaban, pero Luis Oliveto, el árbitro de encargó de desilusionarlos a todos. Es que según el árbitro ya había hecho sonar el silbato dando por finalizado el primer tiempo antes de que Alamdndoz enviase el centro al área.
Ruggeri y Passet llevaron la voz cantante en la protesta, pero el fallo fue inamovible. Sin haber marcado el centro del campo para explicar que la etapa había ocnluído, el juez encendió la polémica.
Luego, cuando el partido finalizó, Oliveto declaró: "Algunos jugadores de San Lorenzo no se dieron cuenta, pero yo hice sonar el silbato antes de que Almandoz enviase el centro. Cuando Abreu cabeceó para mí la etapa había concluido. Lamentablemente, San Lorenzo tiró 114.000 centros y justo que me acababa de sacar el silbato de la boca luego de hacerlo sonar decretando el final, vino ese centro maldito y justo lo embocaron. Era una jugada en la que varios jugadores de SanLorenzo estaban cerca de mí y ellos seguro que escucharon el silbato. Yo no observé que venía la pelota porque en ese momento estaba tocando el pito, por eso digo que para mí cuando cabeceó Abreu ya todo estaba anulado".
Además de esa acción que se discutirá por largo tiempo (no existen muchos antecedentes en el fútbol local y se recuerda un fallo similar en el partido Brasil v. Suecia por el Mundial 78 cuando se le anuló a los brasileños un gol olímpico de Zico), Oliveto aclaró otra jugada polémica: el penal de Berza a Zapata también en el primer tiempo: "Puede haber existido un roce común en cualquier partido, pero de ninguna manera fue penal y tampoco me pareció lógico amonestar a Zapata porque creo que no quiso fingir".
Por su parte los jugadores sde SanLorenzo no ocultaron su fastidido por el gol anulado. Oscar Ruggeri expesó: "Creo que Luis (por Oliveto) es un tipo honesto, pero yo el silbato yo no lo oí y para mí era un gol legítimo. Resultó una jugada clave que nos impidió ganar el partido. El me dijo que lo terminó cuando la pelota estaba en el aire. Yo creo que entonces debió haberlo hecho cuando la pelota la tenía Silas en el medio de la cancha. En otro partido ese gol era válido, estoy seguro".
Fernando Miele, más cauto que de costumbre, afirmó: "Creo en la honestidad de Oliveto, aunque su decisión nos perjudicó. Hay que cambiar el reglamento, porque no se puede terminar una etapa cuando la pelota está en el aire. Los árbitros deberán mantener un criterio. No puede ser que unos dirijan de una manera y otros de otra. Yo me acuerdo de la suspicacia que se creo cuando en el 95, Oliveto le cobró tres penales seguidos a Gimnasia en contra de Argentinos Juniors, cuando se definía el campeonato Clausura. Pero insisto en que no creo en la deshonestidad, si en los errores que deben corregirse".aen contraso reveer el Angelucci erró dos penales En el partido de reserva, en el que San Lorenzo, puntero e invicto del certámen, se impuso por 3 a 0, en el segundo tiempo se produjo un hecho por demás curioso. Ante la sanción de un penal y con el encuentro prácticamente definido, el técnico Roberto Mariani dispuso que el tiro estuviese a cargo del arquero venezolano Gilberto Angelucci.
La hinchada de San Lorenzo aplaudió la decisión y le dio ánimo al guardavallas. Pero su tiro, débil fue interceptado por el arquero de Banfield, Alvaro Vázquez.
La cosa no terminó allí, porque un par de minutos después SanLorenzo tuvo otro penal en su favor. Los ojos se `posaron otra vez en Angelucci (no fue suplente de Passet porque se superaba el cupo de extranjeros) que dudó en volver a patear. Mariani le dio el sí, pero otra vez no tuvo suerte y su tiro salió muy desviado. El venezolano juró que no pateará nunca más.


